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Salvaje, inhumana e “inadmisible” idea

La pena de muerte —que se aplica en 53 países—, cuya existencia y aplicación ya provocan controversia, entra ahora en una nueva etapa de polémica por los acontecimientos que están sucediendo en estos días en Estados Unidos, donde 27 de los 50 estados aceptan la pena capital.

Primero, el caso de Christa Pike, una reclusa de 50 años —acusada de secuestrar, torturar y asesinar a una compañera de escuela en 1995— que sobrevivió, de manera inédita, a dos dosis de inyección letal administradas el pasado 30 de septiembre en Tennessee, estuvo en terapia intensiva y ayer fue dada de alta. Y, segundo, la intención de transmitir en vivo la ejecución militar de Nidal Malik Hasan —condenado por asesinar en 2009 a 13 personas y herir a 32 durante un tiroteo en una base militar de Texas—, para “asegurarnos de que la gente pueda verla, de que sea pública, porque la gente necesita entender que este tipo de actos tiene consecuencias graves”, según dijo despreocupadamente Pete Hegseth, secretario de Defensa de Estados Unidos.

Estos casos recientes reavivan la controversia sobre el derecho a la vida, los derechos humanos y la eficacia de la justicia, como lo argumentan Amnistía Internacional (AI), la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y defensores de los derechos humanos, que consideran la pena capital cruel, inhumana y degradante, además de una vulneración del derecho a la vida.

En el caso de Christa Pike, hay pronunciamientos en el sentido de que, si sobrevive a la crisis que atraviesa, se le debería conmutar la condena para que pase el resto de su vida en prisión. Incluso, por el fallido intento de ejecutar a Pike, Gavin Newsom, gobernador de California, dijo estar considerando conmutar las condenas de 563 reclusos que aguardan su ejecución en el corredor de la muerte en ese estado. Mientras tanto, sobre el fusilamiento de Malik Hasan, hay una desaprobación casi generalizada de la intención de transmitirlo “en vivo y a todo color”.

El jueves, el vicepresidente JD Vance dijo que, en caso de que se transmita, “no lo vería”, pero dudó que se permita, al señalar: “No sé si eso realmente vaya a suceder”. Aunque sí comentó: “Espero que la gente no olvide que se trata de un individuo que asesinó brutalmente a muchas personas inocentes”. Por su parte, el viernes, el presidente Donald Trump dijo despóticamente: “Están tomando una determinación al respecto, pero será ejecutado. Realmente no me importa cómo se muera, siempre y cuando muera”. Y ayer, el Papa León XIV consideró “inadmisible” la ejecución, al conmemorarse el Día Mundial contra la Pena de Muerte.

Al margen de la controversia que genera el tema, lo que hay que condenar es la intención de Pete Hegseth, quien, con sus reformas y reestructuración, además de generar una severa crisis de liderazgo y fuertes tensiones dentro de las Fuerzas Armadas, ahora quiere “ensangrentar” las pantallas de televisión e “inundar” las redes sociales con una salvaje e inhumana transmisión “en vivo” de la pena capital mediante el fusilamiento.

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