Polémica y día clave
Mientras en la Secretaría de Educación Pública aseguran que el ajuste al calendario escolar busca “optimizar procesos pedagógicos”, en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación ya tradujeron el mensaje al español político: “Que no hagan ruido durante el Mundial”. Dicen que la intención real sería despejar calles, aeropuertos y plazas públicas antes de que lleguen los turistas, cámaras internacionales y funcionarios sonrientes presumiendo estadios. Porque nada arruina más una postal mundialista que una megamarcha magisterial con lonas, casas de campaña y maestros bloqueando avenidas.
Lo curioso es que, en vez de enfriar el conflicto, el anuncio terminó sirviendo de gasolina para la protesta. Al parecer, alguien en el Gobierno federal olvidó que adelantar las vacaciones no siempre significa adelantar la paz.
Por lo pronto, Mario Delgado se reunirá hoy con secretarios de Educación de los Estados para confirmar si recortan el calendario o se queda igual. Nos cuentan que sí termina el 5 de junio, pero el nuevo ciclo escolar iniciará el 17 de agosto (en lugar del 31). ¿Será?
***
En algunos rincones de Guadalajara ya no distinguen entre una barda y un espectacular de vanidad política. Por eso, un grupo de vecinos decidió hacer lo que las autoridades electorales jamás concretan: clausurar las bardas adelantadas de quienes, casualmente, todavía no son candidatos, pero ya se promocionan como si estuvieran en plena campaña rumbo al 2027.
Afirman los enterados que varios aspirantes aman tanto al pueblo que no pueden esperar ni los tiempos legales para inundar colonias con sus nombres, colores y sonrisas patrocinadas.
Lo divertido es que todos juran que no es propaganda. Son “mensajes ciudadanos”, “expresiones espontáneas” o quizá poemas urbanos financiados por el espíritu santo electoral.
Muchos se preguntan dónde quedaron las sanciones del Instituto Electoral contra los partidos y suspirantes que se promocionan de forma ilegal.
***
En Jalisco hay instituciones tan eficientes que pueden extraviar un cadáver durante 10 años… dentro de sus propias instalaciones.
El caso de Juan Antonio Olmeda se dio a conocer recientemente y no sólo exhibe negligencia: retrata el colapso moral de un sistema forense que convirtió el dolor ajeno en trámite burocrático en las últimas tres administraciones estatales.
Mientras su madre recorría fiscalías, marchas, colectivos y fosas clandestinas, el cuerpo de su hijo descansaba en el Semefo, archivado entre papeles, indiferencia y sellos oficiales. ¿Qué tal?