Orden o colapso: la expansión voraz del agave azul
El costo ambiental del boom tequilero en Jalisco puede arrastrarnos hasta un punto de no retorno. El cultivo del agave azul que se usa para producir tequila ha tenido un aumento desmedido de 2019 a la fecha.
Las cifras dicen poco, pero las imágenes satelitales muestran los cambios de uso de suelo.
Por ejemplo, en la Ribera de Chapala, los cultivos del maíz, alfalfa y trigo, está siendo desplazado por el agave azul. Igual que en Atotonilco el Alto y ni qué decir de Amatitán y Tequila.
Maximiano Bautista, especialista en gestión ambiental, mapeó por medio de teledetección el cambio de uso de suelo de estas tres regiones entre 2019 y 2025, en donde se concentra la expansión del agave azul. El contraste es brutal (comparto las imágenes en @jnlomeli).
Bautista describe la expansión del agave azul como un monocultivo agroextractivista -igual que el aguacate y las berries- en donde se persigue la rentabilidad comercial inmediata y a toda costa.
Esto crea “zonas de sacrificio” ambiental, principalmente para beneficiar a corporaciones extranjeras y transnacionales.
La consecuencia más visible es la deforestación. De igual manera, si se cultiva en tierras agrícolas, el impacto del agave en la degradación del suelo, la biodiversidad y los ecosistemas tiene efectos negativos irreversibles.
Bautista me lo explicó así: el agave devasta la flora y fauna nativa, y desplaza la variedad de cultivos para convertirlos en “pisos de fábrica uniformes”. La falta de biodiversidad facilita la distribución de plagas.
El agave se siembra por lo general en laderas porque resiste poco a la humedad de las lluvias y eso permite el escurrimiento, pero a la larga erosiona el suelo de forma irrecuperable.
También amenaza a las abejas, un insecto vital para el equilibrio ecológico del planeta: “Cualquier apiario cerca de una plantación de agave está destinado a desaparecer”.
Los 125 municipios de Jalisco tienen la Denominación de Origen Tequila para la siembra de agave azul.
De acuerdo con el Consejo Regulador del Tequila (CRT), en la entidad hay alrededor de 375 mil hectáreas de agave, casi cuatro veces más que hace una década, y la industria tequilera crece en promedio un 18% anual.
En 2014 estaban registrados alrededor de 3 mil agricultores de agave; el año pasado, el CRT contabilizó más de 42 mil.
La expansión del paisaje agavero representa bonanza económica pero también una amenaza al capital natural de Jalisco.
La Semarnat y la Semadet deben dejar de ser omisas o cómplices e impulsar un crecimiento ordenado del agave que consolide zonas con potencial, pero no a costa de sacrificar la biodiversidad de nuestros bosques y tierras.
Estamos a tiempo, pues esta crisis es producto de decisiones económicas, políticas y culturales. Ante la invasión del agave azul sólo hay dos alternativas: orden o colapso.
jonathan.lomeli@informador.com.mx