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La Cámara de Diputados aprobó una reforma a la Ley Federal del Trabajo para garantizar el “derecho a la desconexión digital” de las y los trabajadores.
Propone que los jefes ya no podrán contactar a sus empleados para cuestiones de trabajo fuera del turno laboral ni en sus vacaciones.
Todavía más: el tiempo dedicado fuera del horario de trabajo deberá pagarse como horas extra.
Para los que hacen home office, se debe garantizar que no sean molestados fuera del horario establecido.
La reducción de la jornada laboral está incompleta sin una reforma en materia de desconexión digital. Es el siguiente paso. Ya la aplican en Francia, España, Italia e India, entre otros.
Hay que aceptarlo. El WhatsApp es un grillete digital. Pocas cosas resultan más agobiantes que una notificación sin responder si es un asunto laboral. Cada segundo se convierte en un infierno. A eso hay que sumar las llamadas, los correos.
La hiperconexión para aspectos cotidianos y de trabajo se intensificó a partir de la pandemia. La virtualidad, escribí hace poco, es la bendición y la maldición de esta época para el trabajador.
La reforma plantea que una vez publicada en el Diario Oficial de la Federación —falta que la apruebe el Senado—, la Secretaría del Trabajo tiene 90 días para establecer los lineamientos para su aplicación.
El diputado emecista Miguel Ángel Sánchez, uno de los promoventes de la reforma, me aseguró que hay amplias posibilidades de que el Senado la apruebe en abril. El morenista Saúl Monreal impulsa el mismo tema desde la Cámara Alta. Así que hay condiciones.
El espíritu de la propuesta es que la regulación del derecho a la desconexión digital se acuerde entre trabajador y patrón.
Sobre todo porque puede haber excepciones. En ciertas profesiones parece difícil que se aplique.
Pienso en áreas de tecnología en donde los equipos de varios países colaboran desde distintos husos horarios. Quizás también para trabajadores de confianza en cargos directivos, altos mandos, médicos, personal de emergencia.
La reforma también plantea que en los lineamientos internos de cada empresa se acuerden excepciones a esta regla, sólo por causas de fuerza mayor o que supongan un grave perjuicio a la empresa o negocio.
Mucho que debatir.
Hubo un tiempo en que trabajo y vida personal estaban separados, pero la era digital y la virtualidad han borrado esa frontera. Uno trabaja antes de entrar al cine, después de la media noche, un domingo por la mañana o en medio de la comida.
¿Será posible recuperar ese equilibrio?