Luna, lunera….
Han pasado más de sesenta años desde que el hombre pisó la Luna, sé que hay teorías que dicen que nunca lo pisó, pero no es el objeto de esta columna demostrar o desvirtuar esa afirmación.
En días pasados la humanidad pudo, después de tantos años acompañar a la tripulación de Artemis II a las inmediaciones de la Luna, un evento que nos hace cuestionarnos muchas cosas como seres humanos.
Sin duda, el cielo siempre ha llamado la atención de todas las generaciones, a lo largo de la historia se han escrito poemas, se han compuesto canciones y pintado cuadros en torno a la Luna.
Artemis II, será una línea de investigación en las Universidades tanto en el ámbito de la ingeniería, como en el de la empresarialidad, pero también en el político y por qué no decirlo en el jurídico. El que como seres humanos hayamos podido unir los conocimientos técnicos de agencias espaciales internacionales y la iniciativa privada para hacer realidad este proyecto, nos debe hacer sentir muy orgullosos. La inversión en tecnología espacial no se limita a llegar a la Luna o a Marte, a Júpiter o a Plutón… ese pobre planeta que nos quitaron y regresó a las maquetas del Sistema Solar; esos avances repercuten, por ejemplo, en los aparatos electrónicos que usamos día con día, en los avances tecnológicos en los diversos medios de transporte que tardarían en llegar sino fuera por una operación como Artemis II
Pero este evento, vuelve a traer al escenario público el Derecho Espacial Internacional, que si bien es cierto existe, el que cada vez las personas lleguemos más lejos en el terreno espacial, nos hace avanzar también en el ámbito jurídico y buscar ser cada vez más específicos en dichas normas y para ello es necesario ponernos de acuerdo, las Naciones Unidas tienen aquí un papel preponderante en los pasos que puedan darse al respecto.
Artemis II nos vino a recordar que el futuro se construye… y son necesarios tanto los conocimientos técnicos, como la madurez emocional, se imaginan pasar tantos días en un espacio tan pequeño, sin tener la capacidad de pasar por alto desacuerdos que sin duda se habrán dado en la convivencia diaria, ese control de las emociones es necesario para poder cooperar y poner al servicio del otro lo que solo cada uno es capaz de dar.
Seguramente seguiremos conociendo más de los tripulantes, de los expertos que participaron en las diferentes fases del proyecto, no tardaremos en ver varios documentales en todas las plataformas existentes, de lo que se hizo y no se hizo; pero lo que no podemos perder de vista es que Artemis II nos unió como seres humanos, la tripulación nos invitó desde el espacio a buscar los puntos de encuentro con los demás, esperemos que en un mundo cada vez más dividido este viaje a la Luna nos haga volver a repensar el concepto: Humanidad.