Le regresaron el “piropo” a Trump
La declaración del viernes pasado del presidente Trump -durante la reunión con los ejecutivos de las compañías petroleras estadounidenses- fue una amenaza directa a Groenlandia: “Quiero llegar a un acuerdo, por las buenas. Pero si no logramos hacerlo de forma fácil, lo haremos por las malas”. Trump quiere el control directo de la isla -que ha formado parte del Reino de Dinamarca durante más de 300 años-, por cuestiones de “seguridad nacional”, pero en el fondo lo que intenta es “apoderarse” de la riqueza mineral y poner un alto a la actividad militar de Rusia y China en el Ártico.
Ayer por la mañana, el mensaje de Trump en su red social -Truth Social- no fue dirigido a Groenlandia, sino a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, a la que pertenece Dinamarca, al “ordenarles”, “¡OTAN: Díganle a Dinamarca que los saquen de aquí, AHORA MISMO! ¡Dos trineos tirados por perros no bastaron! ¡Solo Estados Unidos puede hacerlo!”
Donald Trump está necio con el anexo de Groenlandia, como lo estuvo por ir a Caracas a sacar a Nicolás Maduro del poder, y en este caso también está dispuesto a llegar hasta el uso de la fuerza militar para lograr su objetivo. Lo riesgoso de este caso, es que el artículo 5 del tratado fundacional de la OTAN, establece que el ataque contra un aliado se considera un ataque contra todos, por lo que una intervención militar en territorio del reino de Dinamarca podría generar la obligación de cualquiera de los 32 miembros de la organización respondan utilizando los mismos recursos. Y dentro de esos miembros están el Reino Unido, Alemania, Francia, Turquía, etc. Las consecuencias serían gravísimas. Este artículo 5 de la OTAN solamente se ha invocado una vez en la historia, que fue tras el atentado de Al Qaeda en contra precisamente de Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, con el ataque a las Torres Gemelas en Nueva York y en donde todos los países de la organización hicieron un bloque de defensa, pero nunca se ha activado el protocolo cuando un aliado ataca a otro, por lo que no hay un precedente, y esta pudiera ser la primera ocasión.
Ayer en Washington el ministro de Asuntos Exteriores de Groenlandia, Lars Lokke Rasmussen, se reunió con el vicepresidente JD Vance y con el secretario de Estado Marco Rubio, pero solo se escucharon y lo único dijo Lokke es que “se mantiene un desacuerdo fundamental” en la propuesta estadounidense, que se “deberá trabajar juntos, pero respetando la soberanía del reino y el derecho de los groenlandeses a la autodeterminación”. Mientras que, desde Nuuk, capital de Groenlandia, Pipaluk Lynge, presidenta del comité de política exterior y seguridad del Parlamento, dijo “No vamos a vender nuestra alma. No somos estúpidos”.
La respuesta a Trump desde Groenlandia -regresándole el “piropo”- se puede interpretar de la misma manera como el mandatario ayer reaccionó en Detroit, mostrándole el dedo “medio” a un trabajador que le gritó “protector de pedófilos”, cuando visitaba la planta de Ford.
Usted, ¿qué opina?