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La mesa nuestra de cada crisis

Lo que ocurre con el agua de Guadalajara, escasa en varias zonas y putrefacta también, es resultado de una sucesión de malos gobiernos, corruptos además, de los tres órdenes. Que ninguno se sienta excluido. La crisis está en uno de sus picos y los valles serán cada vez menos frecuentes si no desechamos a los gobiernos malos y corruptos. La gráfica que represente el problema de cantidad y calidad del agua será una cordillera de picos.

El mantra empresarial de que las crisis representan oportunidades tendríamos que hacerlo a un lado. Basta imaginar que les decimos a las familias que no pueden usar el agua que sale de sus grifos, a las que simplemente no les llega o a las que deben pagar agua cara para actividades elementales, como bañarse o lavarse los dientes; o que les decimos a los pequeños negocios a los que un día sin agua pone en riesgo de cerrar: no se desanimen, pongan buena cara, las crisis entrañan una oportunidad.

La respuesta a la crisis fueron dos marchas multitudinarias cuyas imágenes y crónicas tuvieron alcance internacional. Por un lado, mostraron la magnífica disposición de las personas a expresar colectivamente su enojo; por el otro, exhibieron la reacción de las autoridades, teñida de violencia: directa en la primera, indirecta en la segunda. No dejemos al margen las protestas cotidianas, de colonia en colonia.

A las marchas siguió la convocatoria del ciudadano Consejo Consultivo del Agua, junto con el Gobierno de Jalisco, a una reunión para poner en común dos vías de solución. El Consejo entregó propuestas para atender el problema en el corto, mediano y largo plazo, con un costo estimado para los próximos 20 años de 103 mil millones de pesos. Si dividimos esa cantidad para conocer la inversión anual, no luce inalcanzable: poco más de cinco mil millones. Consideremos que en 2026 el Gobierno de Jalisco dispondrá de 180 mil millones.

El plan del Consejo comprende reestructurar la gobernanza de la gestión del agua, reformar las instituciones y coordinarlas, además de modificar la cultura del agua: la dispendiamos, la contaminamos, la despreciamos (hasta que no la tenemos). El Gobierno de Jalisco expuso lo que, desde su visión y la de la Comisión Nacional del Agua, es menester hacer en el corto plazo (de seis meses a tres años) para remediar los padecimientos hidráulicos de la gente de Guadalajara, con una inversión aproximada de 25 mil millones de pesos.

Un rumbo quedó marcado y ahora, con la intervención del Gobierno de la República, también el financiamiento para lo urgente: Jalisco pondrá la mitad de los 25 mil millones y el administrador del dinero que se produce en los estados y municipios, el Gobierno federal, aportará el otro 50 por ciento.

En la reunión del martes anterior, el gobernador aportó un elemento, la voluntad democrática, que podría propiciar que los planes y las inversiones expuestos no se conviertan en la farsa tantas veces representada. Por lo pronto, ese elemento es discursivo, salvo que los hechos muestren que algo fundamental cambió.

Declaró Lemus: “Solo no puedo, necesito de las universidades, de los sindicatos, de los colegios, de los especialistas que tienen una gran experiencia, los necesito en la solución; y necesito de la sociedad, necesito que la ciudadanía entienda la magnitud del problema que tenemos”. Y pasó del yo, de sus necesidades personales como gobernante, al nosotros: “Sí, necesitamos tiempo, eh, necesitamos tiempo, la paciencia de la ciudadanía”.

En la emoción apurada de esas juntas en las que prima una cordialidad estéril, las universidades, los sindicatos, los colegios, las y los especialistas y la sociedad ahí representada podrían corear al unísono (como ha ocurrido cien veces o más): “Cuente con nosotros, Sr. Gobernador” (las mayúsculas son para tener presente el entreguismo que ha ocurrido cien veces o más).

Para evadirnos del destino que perfila la historia de la relación entre gobernantes y gobernados, corresponde cuestionar: ¿para qué exactamente nos necesita? En los anales está registrado que esa necesidad se sacia nomás con expresiones de apoyo timorato: en el gobernador —o en la Presidenta— reconocemos a nuestro guía y nada nos faltará, aunque termine por faltar todo, comenzando por la confianza. Hasta que convoquen a una mesa más en la que vuelva a quedar asentado, de dientes para afuera: estamos con usted, gobernador, Presidenta, como de dientes para afuera usted nos necesita.

Pablo Lemus tiene la ocasión de truncar la inercia de esa relación viciada. Podría especificar: necesito que las universidades y los especialistas digan públicamente, en plena libertad (perdón por el énfasis, es necesario), si lo que mi gobierno hará les parece correcto. Y, de paso, que con la misma publicidad y libertad supervisen cada paso que mi gobierno dé, cada peso que gaste y rindan cuentas a la población.

Podría especificar: necesito que los sindicatos reporten semana a semana, frente a las y los tapatíos, cómo sus agremiados sortean la escasez y la mala calidad del agua. Podría especificar: necesito que la sociedad opine si lo que haremos parece pertinente y que alce la voz cotidianamente si su circunstancia no mejora.

Podría también ampliar la lista de sus necesidades: necesita, gobernador, celebrar una reunión similar con quienes disienten, para que expongan los méritos de su disentimiento. Hacerlo podría evidenciar necesidades que desde su círculo no ha vislumbrado para responder a la crisis del agua.

Lo que todos necesitamos es reconocer lo que hemos venido siendo como sociedad mediante una imagen: si metemos en una exprimidora los dizque consensos políticos usados para salir al paso de la mala opinión pública, los disensos desestimados, ciertos artículos académicos, el arribismo de los partidos, la simulación de democracia, el periodismo vendido (a cualquiera de los bandos), el activismo resentido y el proceso electoral, no obtendremos una sola gota de agua, ni siquiera sucia.

Y después de apagar la exprimidora: gobernador, alcaldes, universidades, sindicatos, especialistas, sociedad civil de la de aquella mesa, ¿qué puede esperar la gente? ¿Para cuándo?

agustino20@gmail.com

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