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La inflación baja, pero no alcanza

La inflación de julio trajo una noticia que el gobierno naturalmente quieren celebrar: el Índice Nacional de Precios al Consumidor aumentó apenas 0.03% mensual y la tasa anual bajó a 3.12%. Después de los sobresaltos de los primeros meses del año, el número luce muy bien, porque acerca al Banco de México a lograr su meta de una inflación del 3%. El problema es que una inflación más baja no necesariamente nos habla de una economía más sana.

La desaceleración vino, en buena medida, de productos particularmente volátiles. Por ejemplo, bajaron el jitomate, el gas doméstico y los automóviles; mientras tanto, la cebolla subió casi 19% en un mes y las fondas, taquerías y loncherías siguieron encareciéndose.

Bueno que el componente subyacente —el que deja fuera los precios más inestables— haya subido solo un 0.23% mensual, por debajo del mismo mes de 2025. La inflación baja porque algunos precios dejaron de presionar, no porque de pronto haya mejorado la capacidad productiva, la competencia o el ingreso de los hogares.

Tan esta reducción en la inflación es temporal y las presiones inflacionarias no han desaparecido, que Banco de México mantuvo su tasa de referencia en 6.50%. Es una tasa mucho menor que la de hace un año, pero sigue siendo alta para quien busca financiar inventario, comprar maquinaria o ampliar un pequeño negocio. Banxico quiere evitar que recortar demasiado rápido reaviva la inflación; y, por otro lado, mantener el freno demasiado tiempo puede prolongar la debilidad de la actividad económica.

De igual modo, hay una tentación política de la presidenta en cada lectura favorable de inflación: convertirla en prueba de que todo en la economía funciona de maravilla. Los precios de algunos alimentos pueden bajar por la temporada, pero eso no alivia los problemas de los micro y pequeños negocios.

En Jalisco tampoco estamos como para celebrar demasiado. La economía estatal cayó 1.2% anual en el primer trimestre de 2026, mientras la manufactura retrocedió 3.4%, aun cuando las exportaciones electrónicas siguen creciendo. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) registró 77 mil personas ocupadas menos que un año antes. La tasa de informalidad llegó a 48.6% y las condiciones críticas de ocupación subieron de 22.0% a 27.6%.

Una persona puede no aparecer como desempleada y tener menos horas de trabajo de las que quisiera o un ingreso inestable.

El riesgo es seguirnos dividiendo en una economía que va a dos velocidades: por un lado, empresas integradas a las cadenas globales; por el otro, negocios y trabajadores que se van a la informalidad y recortan su inversión.

México necesita abrir espacios para el crecimiento. El gobierno debe trabajar para lograr una certidumbre regulatoria, contar con suficiente energía, agua, seguridad y financiamiento que ayuden a conectar a las pequeñas y medianas empresas con los sectores que sí exportan.

Bajar la inflación protege el bolsillo y es indispensable. Pero un país no prospera solo porque los precios suban más despacio cuando, al mismo tiempo, los trabajadores encuentran empleos más precarios y las empresas posponen inversiones.

El 3.12% de julio es una buena señal, no es el final de la historia. Si el conflicto entre Estados Unidos e Irán se mantiene, es muy probable que las presiones en precios se reanuden y no nos dure mucho el gusto.

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