La edad de piedra
La semana que está por terminar debe pasar a la historia como una de los periodos más violentos y peligrosos para el conjunto de la humanidad, tanto por las guerras en curso (Ucrania, Irán, Palestina, Líbano, Yemen) pero especialmente porque se estuvo a nada de escalar los conflictos hasta niveles de genocidio, extinción y terribles consecuencias para millones de seres humanos en una escalada en la que los gobernantes de Estados Unidos consideraron, incluso, la opción de usar bombas nucleares en su guerra contra Irán.
Lo más grotesco de esta situación ocurrió a inicio de la semana, cuando el presidente Donald Trump amenazó con volar todo Irán y desaparecer su civilización, sin importarle que estaría reconociendo la comisión de graves crímenes de guerra como el genocidio y la destrucción de infraestructuras civiles. El lunes declaró: “Podemos destruir el país en una noche, y esa noche puede ser mañana”, afirmó. Y después de dar de plazo hasta las 8 de la noche del martes (hora de Washington) para que Irán abriera el estrecho de Ormuz, el inquilino de la Casa Blanca declaró: “Esta noche morirá toda una civilización”.
Ese mismo día publicó uno de sus mensajes más violentos, soeces y vulgares que cualquier mandatario haya declarado en el mundo: “El martes será el Día de las Centrales Eléctricas y el Día de los Puentes, todo en uno, en Irán”, escribió poco después de las 8 a. m. “Abran el maldito Estrecho, locos bastardos, o vivirán en el Infierno - SOLO VEAN. Alabado sea Alá” (sic).
Esta declaración mereció una desaprobación casi unánime en el mundo e incluso dentro de su país. Por ejemplo, el senador Chris Murphy, demócrata por Connecticut, calificó los comentarios de Trump de “completamente desquiciados”. Varios, incluso, se preguntan si la salud mental de Donald Trump está bien o empieza a mostrar signos de deterioro.
Por ello, varios políticos demócratas y muchos más ciudadanos en las calles de Estados Unidos han pedido la destitución del actual inquilino de la Casa Blanca.
Por fortuna o por mero sentido común, el mismo martes Estados Unidos e Irán anunciaron una tregua de dos semanas y anunciaron el inicio de negociaciones para un alto al fuego en charlas que iniciarán este sábado en Islamabad, capital de Pakistán patrocinadas por el primer ministro de ese país.
Quizá no tenemos conciencia cabal de lo que pudo ocurrir esta semana si el presidente Trump hubiera cumplido con sus violentas amenazas. Si Trump hubiera destruido las “Centrales Eléctricas y el Día de los Puentes, todo en uno” o más aún, a usar bombas nucleares tácticas, como denunció el comunicador y antiguo seguidor de Trump, Tucker Carlson, la respuesta de Irán habría escalado el conflicto a niveles inimaginados pues al extender la guerra hacia los países del Golfo atacando tanto infraestructura petrolera, como infraestructura civil, y aumento el bloque sobre el estrecho de Ormuz y el estrecho del Mar Rojo, provocaría el colapso de los suministros de petróleo, gas, fertilizantes y helio para buena parte del mundo, ocasionando una crisis energética, económica y humanitaria sin precedentes.
Aunque este escenario se ha despejado por el momento, no se puede descartar en las próximas semanas debido la precaria tregua que se ha alcanzado en la guerra en Medio Oriente, especialmente por los violentos ataques que lanzó Israel sobre el sur del Líbano, justo un día después de anunciarse la tregua. En respuesta a estos ataques sobre el Líbano, Irán alertó sobre la violación a la tregua y continuó con el bloqueo del estrecho de Ormuz, lo que provocó nuevas amenazas de Trump. Así que el conflicto en Medio Oriente no se ha terminado, pero sí ha provocado cambios importantes en las relaciones geopolíticas mundiales, especialmente en el papel que Estados Unidos tiene en el mundo.
Para empezar, se fracturó aún más su relación con la Unión Europea y al desoír su pedido para que países europeos enviaran tropas para abrir el estrecho de Ormuz, Trump amenazó con salirse de la OTAN, la alianza militar atlántica promovida por Estados Unidos y que se convirtió en el eje de las relaciones políticas, económicas y militares entre estadounidenses y europeos. Si la reputación de Estados Unidos en el resto del mundo no era buena antes de la presidencia de Trump, ahora tras el comportamiento soez, vulgar y violento de Trump con sus amenazas de destrucción de una civilización milenaria, como lo es la persa, seguramente se ha deteriorado. Estados Unidos ha dejado de ser el referente de libertades, democracia y prosperidad bajo la economía capitalista, con la que se promovió como una opción ante opciones estatistas o comunistas. Estados Unidos ha dejado de ser el socio confiable que era para convertirse en un aliado inestable, voluble, grosero y violento.
Trump amenazó con llevar a Irán a la edad de piedra, pero la verdadera edad de piedra transcurre ya en Estados Unidos al permitir que un personaje de la calaña de Trump, esté en la presidencia utilizando un poder que rompe las reglas y leyes tanto en su país como en el resto del mundo.