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Ganó Noelia: murió

Noelia Castillo, de 25 años, ganó y le permitieron morir. El procedimiento médico para practicarle la eutanasia habría tomado 15 minutos, con el suministro de tres fármacos vía intravenosa: dos para sedarla, inducirle un sueño profundo y evitar que sintiera cualquier tipo de dolor, y un tercer medicamento, que le ocasionó un paro respiratorio que terminó con su vida este jueves, en un hospital de España... Pero ella comenzó a morir hace años.

La muerte de Noelia comenzó el día que fue agredida sexualmente, por su ex novio y otros sujetos. Tras sobrevivir a la violencia, la joven catalana se enfrentó a la depresión e intentó suicidarse arrojándose del quinto piso de un edificio en el 2022. Los daños fueron irreversibles y quedó parapléjica. Entonces, murió otro poco.

Noelia solicitó la eutanasia según la ley española y fue avalada para realizarse en agosto del 2024, tras ser valorada por especialistas médicos y legales, quienes diagnosticaron “una dependencia grave, dolor y sufrimiento crónico e imposibilitante”. Pero su padre se negó a dejarla morir y acudió a los tribunales, logrando que se suspendiera el procedimiento. Ese fue el inicio de un largo recorrido judicial para la joven: dos años y más de tres tribunales tomó para que finalmente le reconocieran su derecho a acceder a la prestación de ayuda para morir.

Unas horas antes de que le aplicaran la eutanasia, Noelia apareció en televisión: “No quiero ser ejemplo de nadie, simplemente es mi vida”, dijo en una entrevista hecha desde casa de su abuela. “Por fin lo he conseguido. A ver si ya puedo descansar”.

La catalana se convirtió en la paciente más joven en recibir la muerte asistida en España, marcando un precedente en la aplicación de la ley que la permite en ese país. Ella no tenía una enfermedad terminal, pero sí dolor y sufrimiento, tanto físico como emocional. Su caso conmocionó y reabrió el debate, no solo de poder elegir morir dignamente y los límites de la ley, sino del fallo de las instituciones públicas en garantizar una vida digna desde la infancia y la adolescencia segura.

“Puesto que la muerte es inevitable, la cuestión clave es la calidad de la vida que precede a la muerte”, planteó el médico Juan Gérvas en la Corte Constitucional de Ecuador, durante el juicio de Paola Roldán, quien tuvo una muerte asistida tras lograr despenalizar la eutanasia en ese país. “La eutanasia, al fijar fecha y hora para la muerte, permite una manera ‘humana’ de morir, facilita una despedida sensata de la familia, amigos y entorno, y asegura el cumplimiento de las últimas voluntades”.

Entonces, ¿el asunto no es tanto la eutanasia, sino la vida que hay antes de la muerte? Todos y todas tenemos algo inevitablemente en común: un día vamos a morir, pero ¿cómo?, ¿cómo serán esos últimos momentos de vida? Cuando fallece algún familiar, conocido o ser querido solemos desear “ojalá no haya sufrido, se haya ido en paz”. El deseo de cómo o cuándo morir se vuelve algo tan personal, donde lo que menos se desea es una agonía prolongada, dependencia ni dolor. El sufrimiento no es vida. Y el proceso para avalar la muerte asistida revictimiza.

Noelia comenzó a morir hace años y puso fin a su sufrimiento sin dolor, pudiendo despedirse. Su mamá, que no compartía su decisión, se mantuvo con ella hasta el final. La joven eligió morir en la habitación de un hospital, únicamente acompañada por el personal médico. 

La eutanasia es un antiguo dilema humano, con posturas a favor y en contra, en donde las creencias religiosas y las posturas morales o el cariño profesado están en juego. Usted, lector o lectora, ¿apoya o no la eutanasia?

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