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El Silicon Valley mexicano se ahoga en agua sucia

Leer los reportajes de la prensa nacional sobre el agua en la ZMG, produce como ciudadano, algo parecido a la vergüenza. Los medios documentan racionamiento, protestas y contaminación. Y todo ocurre en la región que durante años se vendió, dentro y fuera del país, como el Silicon Valley mexicano: el lugar donde suceden las cosas importantes y con futuro. La realidad es triste, Jalisco no puede garantizar a sus habitantes agua limpia.

La magnitud del problema depende de a quién le preguntes. El gobierno estatal reconoció alrededor de 200 colonias afectadas. Pero datos obtenidos por transparencia y análisis académicos hablan de al menos 475 colonias con agua sucia o turbia desde enero, y la Comisión Estatal de Derechos Humanos ubicó en 650 colonias el área abastecida por la Planta Potabilizadora 1 de Miravalle: 251 en Tonalá, 171 en Tlaquepaque, 168 en Guadalajara y 65 en Zapopan. Un monitoreo ciudadano del IMDEC y el ITESO detectó bacterias de origen fecal en cerca de 10% de las muestras de Guadalajara y Tonalá, y plomo en la colonia El Fresno.

No es agua turbia: es agua contaminada con aguas negras en la llave de las casas de los tapatíos.

El gobierno intentó ignorar el problema. Los reportes comenzaron a inicios de 2026 y se acumularon durante más de nueve meses, mientras las autoridades minimizaban su alcance. Pero el problema no desapareció; se multiplicó, y llegó a la colonia Americana, a Santa Tere, al Centro y a otras zonas menos fáciles de ignorar. El lunes 5 de octubre, el hartazgo se convirtió en bloqueos: vecinos cerraron López Mateos en Las Fuentes, todos los carriles de Periférico y 8 de Julio, con el Macro Periférico detenido, y la avenida Colón con la Línea 1 del Tren Ligero suspendida por horas. Al día siguiente, el gobernador Pablo Lemus admitió que la ciudad vive una crisis de agua “como nunca antes”.

La bomba estalló.

Reconoció que durante años se dejó de invertir en la potabilización, atribuyó la contaminación a descargas irregulares en el canal de Las Pintas y decidió cerrar esa fuente: 2.5 metros cúbicos por segundo menos de agua y tandeos durante seis meses, con cortes de hasta dos o tres días por colonia, hasta que concluyan el desvío de La Calera y la ampliación de Miravalle. Es decir: después de meses de agua sucia, ahora habrá menos agua. La crisis pasó de la mala calidad a la escasez.

Los números de la inversión explican por qué. El Plan Hídrico que el gobierno entregó en julio partió de 3,500 millones de pesos del presupuesto estatal, apenas 1.9% de los 182,692 millones de pesos del presupuesto 2026, de los cuales 2,500 millones son para Miravalle y alrededor de mil para La Calera. La solución completa supera los 20 mil millones: solo el acueducto sustituto Chapala-Guadalajara ronda los 10,771 millones. Las obras de Miravalle no concluirían antes de marzo o abril de 2027. Mientras tanto, el SIAPA arrastra una cartera vencida superior a 18 mil millones de pesos.

Lo básico, lo que no se ve, se dejó para después.

Y el colapso encontró al SIAPA en su peor momento de credibilidad. El caso de la conductora Elizabeth Castro, que cobraba 73 mil pesos mensuales como “asesora técnica” sin acreditar estudios profesionales, y ella misma reconoció que no trabajaba ahí. Más de un año después, el caso sigue sin castigo: la Fiscalía Anticorrupción integró su carpeta, pero espera que el Poder Judicial le asigne fecha para la audiencia inicial, mientras Castro realiza aportaciones voluntarias al IPEJAL y busca “jubilarse” con una pensión equivalente a esos mismos 73 mil pesos, con cargo del erario.

Mientras tanto, las tarifas del agua subían 9.65%. Una institución que usa su nómina para pagar favores políticos pierde toda la confianza que pudo haber tenido de la ciudadanía.

Hace semanas advertíamos en esta columna que el boom exportador no basta sin infraestructura hídrica garantizada. Ningún inversionista serio se queda en una ciudad cuyo gobierno no puede ni asegurar agua limpia.

El domingo 11 de octubre, miles de personas, marcharon de La Minerva a Casa Jalisco para exigir agua limpia. La jornada terminó con vallas derribadas, gas lacrimógeno, chorros de agua a presión y enfrentamientos con la policía estatal. El gobierno reportó 39 detenidos y 28 policías lesionados, dos de ellos graves. Organizaciones civiles hablaron de más de 50 detenciones. Días antes el gobernador había asegurado a estudiantes del ITESO que la protesta no sería reprimida. Terminó con ciudadanos gaseados frente a su residencia oficial.

Al parecer, el gobierno estatal perdió el control en todos los frentes: la calidad del agua, el abasto con seis meses de tandeos, la credibilidad del SIAPA y ahora, el resultado de la marcha del domingo.

Israel Macías López. Economista, Profesor en la Universidad Panamericana en Guadalajara.

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