El riesgo de Sheinbaum
De regreso a su rueda de prensa mañanera luego de su mensaje por la entrega de su Segundo Informe de Gobierno, la Presidenta Claudia Sheinbaum subió el tono, para reiterar ayer sus posicionamientos más controversiales del martes, y abrir fuego de nuevo contra Estados Unidos, en específico contra la agencia federal antidrogas del Departamento de Justicia, la DEA.
Así, insistió en su rechazo a los lujos y excentricidades de la clase política y gubernamental con las que abrió el martes su mensaje político, cuando aseguró que esos excesos se habían terminado en los Gobiernos de la 4T, pero que siguen exhibiendo sin recato altos funcionarios y líderes de su movimiento político. “El poder es humildad (…) los viajes lujosos y la vida lujosa no tienen que ver con la cuarta transformación (…) y quien incurran en ello serán juzgados por el pueblo”, recalcó.
La Presidenta remarcó también, con mucho mayor amplitud, su afirmación de antier de que en la 4T no hay “divisiones ni rompimientos”, y que quedó en entredicho también, por las ausencias que hubo el martes en Palacio Nacional, como la de Andrés Manuel López Beltrán, hijo de su antecesor y mentor político Andrés Manuel López Obrador; la del senador tabasqueño Adán Augusto López, ex secretario de Gobernación el sexenio pasado, y de Gerardo Fernández Noroña, entre otros, que se interpretaron como un claro distanciamiento de Sheinbaum con AMLO. Es “absolutamente absurdo” que la 4T esté dividida entre “claudistas y obradoristas”, o que haya disputas por las candidaturas morenistas de 2027, dijo, para asegurar después que López Obrador ha mantenido una postura de “absoluto respeto”, que nunca le ha llamado para manifestarle su desacuerdo en alguna decisión, y que quien asegura que su antecesor ejerce un maximato, está atrapado en visiones machistas.
Mientras AMLO respeta, la DEA divide. Ese fue el mensaje que dejó la Presidenta al acusar a esta agencia antidrogas estadounidense de utilizar tácticas de injerencia para dividir a su Gobierno y en especial a su Gabinete de Seguridad.
Fue un claro y tardío reclamo a las declaraciones del director de la DEA, Terrance Cole, quien mientras ha señalado que altos funcionarios mexicanos están bajo la mira de Estados Unidos por la protección y la complicidad que tienen con el crimen organizado, a su secretario de Seguridad Pública, Omar García Harfuch, lo elogiaron hace dos semanas en la reunión mundial de esta oficina antidrogas de EU, en Argentina. Fue cuando Cole dijo que Harfuch sí era un aliado de los Estados Unidos por su lucha contra los cárteles de la droga.
Se trata, dijo Sheinbaum, de una “estrategia histórica de intervención de la DEA (…) para debilitar a los gobiernos independientes que defendemos la soberanía (…) pero que se toparán con pared” por el patriotismo y coordinación de su Gabinete de Seguridad.
Así, pues, la Presidenta sigue apostando, con un alto riesgo, a gestionar la percepción popular positiva con la que aún cuenta, apelando a la polarización por una amenaza externa e insistiendo en su narrativa de defensa de la soberanía y unidad morenista, sin atreverse a dar el paso de romper con la impunidad de los que han faltado a los principios de honestidad en los que tanto insiste, que su Gobierno honra.