El reniego del Piso 2 a la Reforma Judicial
La iniciativa presentada ayer por el Gobierno federal que propone modificar la reforma al Poder Judicial del 2024 es la prueba de que la Presidenta Claudia Sheinbaum nunca estuvo de acuerdo del todo con la precipitación de la reforma que se aprobó en fast-track en los últimos días del sexenio de Andrés Manuel López Obrador.
Y es que como Presidenta electa, y ya con la mayoría calificada lograda por Morena y sus aliados, por medio de todo tipo de presiones y chantajes políticos para lograr los votos que necesitaban de legisladores de otros partidos, no tuvo más que aceptar que esa reforma judicial sería una realidad y que debía respaldarla en todo momento en su discurso.
Así, su mentor político y antecesor, le dejó entre otros legados, todas las turbulencias políticas y económicas que le iban a generar las reformas del “Plan C” que López Obrador urgió aprobar en el último mes de su Gobierno, entre las que destacaba la reforma del Poder Judicial.
Por eso, en sus primeros meses de gobierno tuvo que asumir todo el desgaste de las prisas para la organización de la primera elección del Poder Judicial del 1 de junio del 2025.
También el costo de todas las críticas por esos primeros comicios para elegir a jueces, magistrados y ministros, que degeneró en toda una regresión electoral y democrática por la manipulación que se hizo desde las cúpulas de la 4T de las votaciones por la circulación de acordeones con los nombres por los que se debía votar para elegir a la nueva Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).
Esas ilegalidades quedaron reflejadas en el hecho de que cinco de once consejeras y consejeros del Instituto Nacional Electoral (INE) propusieron votar en contra de validar la elección por las irregularidades detectadas. Los famosos acordeones con los que se indujo abiertamente la intención del voto y fue la violación más grande a un proceso electoral libre, marcó para siempre a las y los nuevos ministros de la corte, que encabeza Hugo Aguilar, por el que votaron apenas poco más de seis millones de mexicanos.
Habrá que decir también, que los bochornosos episodios que han exhibido la falta de preparación y experiencia de los nuevos juzgadores, desde ministros hasta jueces, es otro lastre de la reforma judicial que también le reclaman a la Presidenta.
Son todos estos antecedentes los que claramente explican por qué la Presidenta mandó la iniciativa de reforma como reniego a la reforma que le heredó AMLO, en la que para empezar aplaza la elección de jueces y magistrados hasta el 4 de junio de 2028, para que no se empaten así con las elecciones locales y federales del próximo año, pero sobre todo para ganar tiempo antes de que ese nuevo frente se vuelva a abrir.