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El canto que llegó a los tribunales

Alguna vez el poeta Homero Aridjis declamó: “Yo que nací en la montaña, lejos del mar y sus criaturas, quiero que me recuerden frente a la orilla parda donde la ballena gris venía a reproducirse en tumultuosos actos de amor”.

Las ballenas no solo habitan el océano, lo significan, lo embellecen y son auténticos pilares de sus ecosistemas. La poesía siempre me ha parecido una forma más honesta (y hermosa) de hablar del mar y sus gigantes, que la ciencia y sus datos. Sin embargo, hoy son esos datos, junto con argumentos jurídicos, los que podrían salvar a las ballenas.

En octubre de 2025, la ONG “Nuestro Futuro” llevó a tribunales una demanda inédita para proteger el hábitat de las ballenas del Golfo de California frente al megaproyecto energético Saguaro, impulsado por la empresa Mexico Pacific Land Holdings.

El proyecto contempla un gasoducto desde Texas hasta el Golfo de Cortés, donde se pretende instalar una planta de licuefacción, para exportar gas licuado hacia mercados asiáticos, lo que implicaría el tránsito constante de buques metaneros, conocidos popularmente entre los activistas como “mataballenas” ante los riesgos de colisión y ruido submarino.

Así, el número de expediente 1956/2025 del Juzgado Decimocuarto de Distrito en el Estado de Sonora parece un mero registro de control sobre un litigio más, pero lo que está en juego no es menor. Se trata del primer amparo que, bajo la premisa de reconocer a las ballenas como sujetos de derecho, busca evitar afectaciones a ecosistemas sensibles y comunidades locales, incluyendo las submarinas.

Hay pocas zonas oceánicas tan vulnerables. Jacques Cousteau, el famoso explorador marítimo de gorro rojo, nombró al Golfo de Cortés como el “acuario del mundo” y no es una metáfora exagerada. Una tercera parte de los mamíferos marinos del mundo están en este sitio, como el lobo marino de California, la vaquita marina, ballenas azules, grises y jorobadas.

Por ello es tan importante la sentencia dictada el 13 de marzo de 2026, donde el tribunal que conoce de la demanda de amparo ordenó detener el tránsito de buques de gas licuado por esa zona.

Y, si bien no es una resolución definitiva, permite conservar el ecosistema mientras se resuelve el juicio, antes de que el daño sea irreversible.

Así que, por ahora, las ballenas van ganando.

Este caso no es aislado. Ecuador sentó un precedente al permitir impugnaciones por afectaciones al río Vilcabamba; Nueva Zelanda reconoció personalidad jurídica al río Whanganui.

En Argentina, una jueza ordenó liberar de un zoológico a Sandra, una orangutana en cautiverio, y explicó su decisión con una frase que hace recordar por qué vale la pena ser abogado: “estudié leyes para defender a los inocentes, y no hay nada más inocente que un animal”.

Por ahora, en México, el litigio sigue. La empresa responsable del Proyecto Saguaro impugnó la admisión de la demanda y el recurso se tramita ante el Cuarto Tribunal Colegiado en Materias Penal y Administrativa de Sonora, donde tres magistrados tienen la última palabra sobre si el juicio de las ballenas puede continuar.

El canto de las ballenas ahora se convirtió en argumento judicial.

hecromg@gmail.com

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