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Trump, ¿genio o loco?

Las actitudes y dichos del presidente estadounidense Donald Trump durante la última semana tienen al mundo de cabeza y con una duda flotando en el aire: ¿Estamos frente a un genio de la política, capaz de llevar al mundo a donde él quiere para luego negociar o frente a un hombre que ha perdido la razón y la cordura?

El mensaje al primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Støre, fue tan, pero tan delirante que muchos medios retrasaron su publicación pensando que se trataba de una noticia falsa o de una broma de esas que están de moda en internet. Pero no, el presidente Trump lo escribió y difundió él mismo. Cito:

“Estimado Jonas: Considerando que su país decidió no otorgarme el Premio Nobel de la Paz por haber detenido ocho guerras y más, ya no me siento obligado a pensar únicamente en la paz, aunque siempre será predominante, sino que ahora puedo pensar en lo que es bueno y apropiado para los Estados Unidos de América”.

El mensaje, más allá de tener ese extraño tono de niño caprichoso, es absolutamente contradictorio. Como no me dieron el premio, ya no tengo compromiso con la paz y por lo tanto puedo pensar en lo que es bueno para Estados Unidos, asumiendo que la paz no es lo mejor para su país. Por cierto, eso no es lo que piensa la mayoría de los estadounidenses.

En la rueda de prensa por el primer aniversario de su segundo periodo en la presidencia fue histriónico, burlón y autoelogioso a más no poder, al grado de asegurar que Dios está muy orgulloso con los resultados de su gobierno.

Lo que siguió fue un discurso delirante en el Foro Económico de Davos, lleno de mentiras, contradicciones e insultos. Jamás presidente alguno había usado tantas veces la palabra estúpido. ¿Lo hizo para generar un ambiente que le fuera favorable para la negociación o simplemente estamos ante un ególatra que ya no tiene freno? Como estrategia no parece haber sido la mejor, pues a la negociación con la OTAN pudo haber llegado sin tener que exhibirse como lo hizo. La interpretación generalizada es que en esta ocasión lo vencieron.

Más patético aún resultó su famoso comité por la paz, no porque los países miembros de este nuevo “organismo” no merezcan respeto (Bielorrusia, Marruecos, Vietnam, Kazajstán, Hungría, Pakistán, Paraguay, Albania, Uzbekistán, Bahréin, Qatar, Kosovo, Egipto y Armenia) sino porque se parece más a una corte del “Rey del Bullying” que a un organismo internacional que pueda resolver conflicto alguno.

¿Dónde termina el genio y comienza el loco? ¿En qué momento el político audaz y disruptivo se convierte en una caricatura de su propio personaje? A poco más de diez meses de enfrentarse al espejo de la elección intermedia que definirá el futuro de su presidencia y de su memoria (que al parecer es lo que más le importa) Donald Trump ha decidido duplicar la apuesta y llevar al límite a Estados Unidos y al mundo. Todo o nada. Un gran monumento en Washington o un lugar en el basurero de la historia.

diego.petersen@informador.com.mx

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