Autorregulación a librazos
Pareciera que, como en Morena no tienen oposición, han decidido pelearse entre ellos. Es un acto de soberbia fenomenal, pues como hemos visto en muchos casos, la posibilidad de un pendulazo electoral es tan posible en México como en otros países, sin embargo, como la oposición es hoy invisible e intrascendente, los morenistas han perdido todo pudor.
Julio Scherer Ibarra dejó la consejería jurídica de la Presidencia de la República a la mitad del sexenio de López Obrador y muy poco después apareció un libro del periodista Hernán Gómez Bruera titulado “Traición en Palacio, el negocio de la justicia en la 4T”, en el que narra los presuntos negocios ilícitos que el consejero del presidente hacía al amparo de Palacio Nacional. La información en la que se basó el libro de Hernán provenía de fuentes muy cercanas al poder. López Obrador nunca lo defendió, pero tampoco desmintió el contenido, simplemente dejó correr la bola.
En estos días comenzó a circular un nuevo libro, firmado ahora por el propio Julio Scherer Ibarra y el periodista Jorge Fernández Menéndez, titulado “Ni venganza ni perdón, una amistad al filo del poder” en la que Scherer narra su experiencia en el Gobierno (la portada es una foto del autor abrazando a López Obrador, dando cuenta de la cercanía entre ambos) y denuncia los manejos corruptos del operador de medios del sexenio pasado y asesor de la actual Presidenta, Jesús Ramírez Cuevas, quien habría desviado miles de millones de pesos de un fondo para los trabajadores de la industria eléctrica, así como los usos personales e igualmente corruptos de la Fiscalía General de la República en manos de quien es hoy nuestro embajador en Reino Unido, Alejandro Gertz Manero. Hemos de entender que ellos son quienes filtraron la información sobre el ex consejero jurídico.
Si la mitad de lo que narran ambos libros fuera cierta, es suficiente para decir que el de López Obrador fue un Gobierno profundamente corrupto, igual o más que los anteriores de PAN y PRI, pero el poder no se inmuta ante ninguna denuncia de este tipo, por el contrario, sigue su camino entre el estercolero como si eso fuera lo normal o incluso lo esperado.
Cada vez que aparecen este tipo de libros de denuncia política, la pasividad del poder es tal que termina por dudarse que lo que ahí se narra es real, o si están hablando de otro país. Ninguno de ellos termina en una carpeta de investigación judicial o siquiera en un juicio político, se quedan como un ejercicio narrativo que nos permite a los ciudadanos asomarnos a las cloacas del poder y que sirve al poder como mecanismo de autorregulación.
Bien dice el dicho que nada pasa hasta que sucede; algún día estos libros servirán para hacer el retrato del poder en el sexenio de López Obrador.