Cuidar
Pocos reparamos en esta casta anónima, pero es parte de los resortes invisibles de nuestra sociedad: las personas cuidadoras.
¿Quién es un cuidador o cuidadora? Toda persona que atiende, asiste, acompaña, vigila o apoya a otra para que esté bien y tenga lo indispensable.
Cuidan menores, adultos mayores, inválidos, enfermos crónicos o con problemas de salud mental.
Cuidan a cambio de nada. Sólo por ser un familiar cercano, principalmente. La mayoría son mujeres, pero también hay hombres. Asumen esa responsabilidad inevitable como un destino individual.
Me sorprendió este dato: en Jalisco, el 60% de la población se identificó como una persona cuidadora, según el Diagnóstico Estatal de Cuidados de Jalisco que realizó el DIF Jalisco.
Y en poco más de la mitad de los hogares de la Entidad hay al menos una persona cuidadora.
Este documento aporta una visión urgente que deberíamos interiorizar como sociedad: el cuidado de otros es también un problema público, comunitario y de mercado, no sólo un asunto doméstico o particular de la persona cuidadora.
Cuidar es un acto de abandono individual que consiste en renunciar a “hacer tus cosas” para dedicarle tiempo a la persona cuidada.
El diagnóstico referido indica que más del 90% de las y los cuidadores no reciben una remuneración y seis de cada diez lo realizan a tiempo completo, sin descanso.
Hasta hace unos años cuidar “era un asunto de mujeres”, por eso este tema puede resultar chocante para las generaciones más viejas. El diagnóstico indica la “marcada feminización” de estas tareas; un factor, además, que profundiza la brecha de desigualdad entre hombres y mujeres.
No obstante, cuidar y ser cuidado con dignidad es un derecho universal que debe garantizar el Estado.
Las personas cuidadoras encuestadas dijeron lo que podría ayudarlas: un apoyo económico directo; subsidio al transporte; centros de cuidado gratuitos; capacitación; terapia y acompañamiento emocional; reconocimiento legal y social, y acceso al descanso y a esparcimiento.
Desde hace un par de años Jalisco tiene una Ley del Sistema Integral de Cuidados. Ya contamos con el andamiaje jurídico. Falta lo más importante, hacerlo realidad.
El Estado debe transitar hacia un Sistema Integral de Cuidados que deje de ver esta labor como una carga heroica y feminizada, para asumirla como un derecho y un pilar del bienestar social.
Es momento de romper con la inercia que confina el cuidado al ámbito privado y doméstico. La verdadera justicia social exige convertir este acto de amor en una responsabilidad compartida, garantizando condiciones dignas para quienes cuidan.