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¡Buena suerte!

A una gran mayoría de mexicanos nos gusta el futbol. El pasado Mundial así lo evidenció; el territorio nacional se pintó de verde y familias enteras portaron con orgullo la camiseta tricolor.

Como nunca antes -al margen de banderías políticas-, los mexicanos nos sentimos parte de algo: una identidad compartida. Dejamos atrás nuestros conflictos y marchamos al unísono, sin más distinción que el entusiasmo que nos invadió con la esperanza de llegar al quinto partido. No lo logramos; sin embargo, no hubo ese sentimiento de frustración que nos invade cada vez que nos quedamos en el camino. No hubo reclamos. Privó el buen ánimo, demostrando que los mexicanos podemos separar lo fundamental de lo incidental.

Ha comenzado una nueva etapa. Rafael Márquez es el encargado de conducir los destinos del equipo nacional. Por primera vez, parece que los dirigentes de la Federación Mexicana de Futbol se han puesto de acuerdo en un proyecto que se inició hace unos meses y al que ahora el nuevo entrenador deberá dar continuidad. En un país habituado a destruir el pasado, no deja de ser una novedad. Sin embargo, los pregoneros del desastre, aun antes de que Márquez se hiciera cargo de la responsabilidad, ya estaban poniendo en tela de juicio su capacidad. Tengo un gran respeto por algunos jugadores mexicanos que tuvieron el valor de cruzar el océano de la mediocridad y emigraron a Europa, en donde, sin duda, se practica el mejor espectáculo de este deporte. Hugo Sánchez, Andrés Guardado, Pavel Pardo, Javier Hernández, Marco Fabián y el propio Rafael son ejemplo de quienes se amarraron los zapatos de juego y se midieron con los mejores.

Algunos comentaristas deportivos, que en su vida han jugado ni canicas, hoy se vuelven la conciencia crítica y, desde su púlpito, califican en términos peyorativos un trabajo cuyo resultado veremos en pocos años. No se debe descalificar a nadie que haya atravesado el charco detrás de una ilusión. Márquez jugó en el Barcelona junto a jugadores paradigmáticos: Messi, Iniesta, Xavi, Ronaldinho y muchos más. Fue dirigido por Pep Guardiola, quien, para algunos críticos, es el mejor entrenador que ha dirigido al Barça. Márquez fue, además, entrenador del Barcelona Atlètic, equipo de fuerzas básicas en el que se forman los nuevos talentos de la institución.

¿De dónde ese afán destructivo que anida en una buena cantidad de mexicanos? ¿Será verdad que “hay quienes no pueden ver ojos en cara ajena”? Supongo que a mí, como a millones de paisanos, me gustaría que triunfaran quienes luchan por alcanzar el éxito. Independientemente de su actividad, detrás de innumerables mexicanos hay una historia de esfuerzos que merece ser recompensada. Márquez ha recorrido la milla y ahora, por méritos propios, encabeza un proyecto que deseamos tenga éxito. El mayor apoyo que pueden recibir nuestros representantes, ya sea en los deportes, en la ciencia o en el arte, es el genuino deseo de verlos triunfar y poner a México en alto con su trayectoria. Buena suerte a quienes, sin duda, nos harán sentir orgullosos de ser mexicanos.

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