Aquí todo sigue igual
Un par de amigos que viven en el Oriente y en el Sur de Guadalajara me hicieron, curiosamente, el mismo comentario.
Ambos atestiguaron ayer sendas transacciones de venta de droga en la esquina de su casa: una práctica común en ciertas colonias, horarios y puntos de la ciudad.
Estos dos testimonios están lejos de ser representativos de lo que ocurre en la ciudad, pero ejemplifican cómo el narcomenudeo, una actividad del cártel local, continúa sin interrupción.
Cómo es posible, podría uno preguntar, si Nemesio Oseguera, alias El Mencho, líder del cártel, está muerto.
¿Ilógico? Para nada.
Este ejemplo pone en perspectiva, permítanme expresarlo así, la enorme irrelevancia de la eliminación de El Mencho frente a la relevancia de la estructura que lo sostenía y que continúa funcionando.
Para darnos una idea del tamaño y sofisticación del aparato criminal consideremos el número de ataques y bloqueos que padecimos en Jalisco el domingo.
El balance de daños, según datos de la Coordinación de Seguridad del Estado, asciende a 896 eventos: destacan 661 incendios de vehículos, seguidos de 130 comercios, 62 bancos y 23 gasolineras afectados por el fuego, además de 20 zanjas en diversos tramos carreteros.
¿Cuántos sicarios se necesitan para ejecutar estas acciones en unas cuantas horas? ¿Qué tipo de organización y sistema de comunicación es necesario?
Como mínimo, se necesita una fuerza operativa de, pongamos, unos dos mil “soldados”, bien comunicados y con instrucciones precisas además de vehículos y armas.
Sumemos que estos elementos tuvieron jefes que coordinaron sus acciones. Por lo que hay que añadirlos al estado de fuerza.
Esto nos da una idea de la dimensión del brazo armado del cártel.
Ahora, si esto lo trasladamos al área “comercial” del cártel relacionada con el narcomenudeo; al área financiera y de lavado de dinero; al área legal de constitución de empresas fachada…
Luego consideremos el área de relaciones públicas para hacer cabildeo y comunicación estratégica; el área de sobornos y nexos políticos; el área de diversificación y expansión del negocio en donde se impulsa la extorsión, el fraude, la ordeña de ductos de Pemex…
Hay que pensar en el cártel como un gran corporativo trasnacional que alguien comparaba, guardando las proporciones, con Amazon.
Esta estructura revela que la zozobra y la violencia sólo cesarán bajo dos escenarios: el relevo administrativo de un capo por otro -un nuevo “CEO” para un sistema funcional- o la desarticulación del cártel entendida como una red financiera y logística (la hidra de mil cabezas), y no solo como un objetivo militar.
Entonces podríamos hablar de una pacificación.
En este momento sólo tenemos lo mismo que durante toda la guerra contra el narco desde Calderón: balazos, no abrazos.