Amaury
Quienes estamos al pendiente del mundo del futbol mexicano (que sé que no somos
pocos), acabamos de ver un ejercicio de política que vale la pena retomar. Su protagonista se llama Amaury Vergara, presidente del grupo Omnilife - Chivas.
Hay quien piensa que la política y el futbol van por caminos separados. La verdad, yo creo que muchas veces caminan de la mano, porque después de todo tenemos tomadores de decisiones, grupos de interés, bases y otros ingredientes que claramente también vemos en temas políticos.
Resulta que hace algunos meses, los dueños de los equipos aceptaron una petición que hizo Javier Aguirre, técnico de la Selección Mexicana: concentrar a los jugadores de la Liga MX semanas antes del Mundial, es decir, de manera súper anticipada respecto al resto de las selecciones del mundo. Esto incluso en detrimento de los equipos, pues el trato implicaba que los jugadores convocados no podrían participar en la Liguilla ni en los juegos de vuelta de la Concachampions, tal como lo establece un comunicado de la Federación Mexicana de Futbol difundido meses atrás.
Pese a lo anterior, el martes surgió información que despertó las alertas del mundo futbolero: los seleccionados de Toluca, con los que se supone que no contaría, estaban entrenando con el equipo para disputar el juego de semifinal de vuelta de la Concachampions.
De manera inmediata, en redes sociales el objetivo de las críticas fue Amaury Vergara. La razón: los aficionados de Chivas le reclamaban que Toluca sí fuera a contar con sus jugadores, mientras que el Rebaño no podía usarlos en la Liguilla. Literalmente le dijeron de todo. Aunque claramente había una violación de un acuerdo por las otras partes, aquí la reputación que estaba en juego era la de Amaury Vergara.
Cuando parecía que el martes nos íbamos a dormir sin que el dueño del Rebaño metiera las manos, pasada la medianoche apareció un tuit que puso de cabeza al futbol mexicano. Decía textualmente: “Los acuerdos son válidos solamente cuando todas las partes los respetan. Le instruí a la Dirección Deportiva que nuestros jugadores se reporten mañana en las instalaciones del club”. La bomba explotó. La crisis cambió de lado. Lo que parecía una reputación perdida se convirtió en un personaje fortalecido.
Fue una jugada política precisa. Lo que haya pasado en esas horas de la tarde y de la noche, antes de que ese mensaje viera la luz, llevó a tomar una decisión que a todas luces iba a impactar al futbol mexicano. Jugada arriesgada, pero ganadora. Amaury Vergara terminó provocando que la FMF respetara en su totalidad el acuerdo que meses atrás habían pactado.
Cuando la FMF salió con su comunicado 8 horas después (en el tono más intimidante posible, por cierto), y cuando salió Javier Aguirre a dar una declaración 12 horas después, la reputación que ya estaba dañada era la de los directivos de la Federación. Porque los daños no se contienen cuando esperas a que pasen las horas para hablar; los daños se contienen cuando actúas oportunamente.
Amaury Vergara y su equipo dieron una clase sobre cómo se protege una reputación, que al final del día es el activo más importante que tenemos como personas. Además, marcaron un precedente importantísimo para que la FMF sepa que no pueden actuar como si las consecuencias no existieran. Si a eso le sumamos las decisiones que ha venido tomando en los últimos años, como la inversión fuerte y constante en las fuerzas básicas del equipo, estamos hablando de un personaje que, además de tener una reputación fortalecida, puede
hacerle mucho bien al futbol mexicano.
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