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La oveja y el León

Que Donald Trump, particularmente desde que el Partido Republicano lo designó candidato a la presidencia de los Estados Unidos, ha tenido con respecto a México expresiones ofensivas y actitudes poco amistosas, es público y notorio. Que, transformado en presidente, haya acentuado el tono al insistir en construir un muro infranqueable a lo largo de los tres mil kilómetros de frontera y endosar a México la factura correspondiente, en que replanteará los términos del Tratado de Libre Comercio -vigente desde el 1º. de enero de 1994- en beneficio de los intereses económicos de su país y en detrimento de los de México, y más recientemente con la decisión de “militarizar” la frontera con su vecino incómodo, ha sido igualmente ostensible.

-II-

El anuncio de que Trump “militarizará” la frontera, generó reacciones… Del otro lado, sus simpatizantes aplaudieron a partir de su convicción de que la zona es bastante permeable al flujo de emigrantes ilegales, al tráfico de drogas -de las que México es uno de los mayores productores y exportadores… y Estados Unidos uno de los principales consumidores del mundo- de sur a norte y de armas de norte a sur, y a la operación de redes de trata de blancas. De éste lado, el Senado de la República tomó ayer una decisión insólita al emitir, por unanimidad, un pronunciamiento enérgico, en que “exige” al presidente norteamericano el respeto que éste ha regateado sistemáticamente a México, y en que plantea la pertinencia de “suspender la relación bilateral con Washington en los temas de migración y lucha contra la delincuencia organizada transnacional”, por considerar que “la forma en que el presidente Donald Trump se ha comportado, es, para el pueblo mexicano en su conjunto, inaceptable e intolerable”.

El asunto medular -“the question”, diría Hamlet- es si el señor (aunque su señorío, en la acepción de “elegancia, educación y comportamiento propios de un señor”, esté en veremos…), por el cargo que ostenta, tiene derecho a expresarse y a comportarse como lo hace.

-III-

La exigencia de “respeto al pueblo de México” y la demanda de “el trato que requiere la relación entre vecinos, socios y aliados” en ese desusado pronunciamiento del Senado, invita a recordar un añejo chascarrillo:

Un circo programaba un acto en que un león y una oveja alternaban en la misma jaula.

-¿Y cómo se llevan los dos animalitos? -quiso saber un curioso.

-Generalmente, bien -le informaron.

-¿Y cuando no…?

-Pues traemos  otra oveja.

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