Ideas

La inescapable realidad

Dice Diego Petersen que “parafrasenado a John Lennon: la realidad es todo aquello que sucede mientras tú estás ocupado hablando de la mañanera”. Esta semana fue particularmente ejemplar al respecto.

Cerremos la primera quincena de noviembre sin darle más vuelo a la mañanera; sólo consignemos que en estos días el Presidente López Obrador rompió su propio récord de duración de una de esas sesiones, y que ha habido, como es habitual, denuestos de chile, mole y manteca. Dicho lo anterior, ¿qué fue de la realidad mientras girábamos en torno a la voz de Palacio?

Ni por dónde empezar. Desde una represión policiaca a balazos en Cancún en contra de quienes protestaban por la muerte de una mujer más, hasta un nuevo hallazgo de adolescentes descuartizados en la capital, pasando por el asesinato de un periodista en Guanajuato, de una alcalde en Veracruz y la censura disfrazada de cancelación de programa a una periodista en Canal Once.

Violencia contra mujeres, jóvenes y periodistas. Violencia del narco en algunos casos, pero violencia generalizada en otros. Violencia que desnuda la incapacidad institucional para prevenirla y para responder ante ella. Y, por si fuera poco, tras la violencia nos queda la obscenidad de toda clase de autoridades que no atinan a explicar los hechos pero que, en el colmo, inculpan a las víctimas de haber sido asesinadas, como en Veracruz y Guanajuato.

La pandemia interrumpió la marcha de las mujeres en demanda de justicia. Luego de las grandes manifestaciones feministas de marzo, el encierro obligado fue una salvación para los gobiernos, que pudieron desentenderse de los fundados reclamos de quienes ven que su género ve caer a 10 de las suyas cada día.

Encima, ya se sabe, el encierro se ha traducido en más violencia de género, que ya de por sí era cotidiana. Y esta semana en Cancún hemos tenido una de las combinaciones más grotescas: aparece una joven muerta, y la protesta que surgió de ese hallazgo es reprimida a balazos por policías municipales que nos muestran lo lejos que estamos de entender su dolor, su reclamo.

Y de Cancún vamos a Veracruz, donde el gobernador (es un decir) farfulla que la alcaldesa asesinada en las últimas horas tuvo parte de culpa en su trágico destino.

Más información surge de ese asesinato y más queda claro que el fracaso institucional es múltiple. La edil había solicitado apoyo, había denunciado amenazas, su esposo se hallaba desaparecido, la Policía Municipal estaba a la deriva, acusaciones de irregularidades administrativas por doquier… y ahora, una muerta más.

Claro: tras conocerse la noticia del asesinato, promesas del gobernador (es un decir) de que irá hasta las últimas bla-bla-bla, y que caerá bla-bla-bla… Total, ¿qué tanto es una alcaldesa más muerta en México, una muerta más en Veracruz? Exacto: muy poco.

Lo mismo se puede decir del asesinato de otro periodista. Éste, en Guanajuato. Por cubrir una nota. Por atreverse a ser oportuno. ¿Qué dijo la presidenta de Salamanca, cuyo nombre no vale la pena consignar, sobre ese asesinato? Que para qué andaba tan temprano en esos menesteres. Exacto: la culpa es del muerto, no de los asesinos. Y menos de gobiernos omisos y negligentes.

Cerremos con el hallazgo de otro adolescente muerto en la Ciudad de México cuyo cuerpo fue metido en una maleta. ¿Hace falta agregar algo para subrayar que sí, lo logramos, descendimos un nivel en el horror que creíamos que no podía ser más profundo?

Y por si hiciera falta decirlo, COVID-19 en una escalada sin freno a la vista.

Esa es la realidad. Hablemos de ella o no.

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