La guerra en casa
La peor masacre de la historia reciente en el país nos hizo dejar de voltear al conflicto bélico por la invasión de Rusia a Ucrania para regresar la mirada a la guerra que tenemos en casa por el enorme poder corruptor y de fuego de los cárteles del narco que cada día se disputan mayores territorios en México.
Fue nuevamente en el convulso estado vecino de Michoacán, donde ni la presencia de cientos de militares enviados para tratar de pacificar la zona de Aguililla inhibió a un grupo de sicarios para masacrar a 17 personas que sacaron de un funeral para literalmente ponerlos en el paredón y fusilarlos. Los asesinos irrumpieron en una comunidad del municipio de San José de Gracia a bordo de más de una veintena de camionetas que hizo que la policía municipal se replegara. Esa fue la orden del presidente municipal como lo hacen muchos otros en el país por que las milicias del crimen organizado superan siempre los estados de fuerza de las cada día más debilitadas corporaciones municipales. En un desplante de cinismo y burla al estado se dieron tiempo de lavar la banqueta y llevarse los cadáveres.
Semanas antes, en el municipio de Apatzingán, se utilizaron drones para atacar con explosivos y se colocaron minas que ya le estallaron a un campesino inocente, antes de que el Ejército sitiara el lugar. Escenarios y episodios de guerra como esa se han visto también en las últimas semanas en Sonora, Colima, Guanajuato y Zacatecas, que nos explican por qué México apareció como el cuarto país con el mayor índice de presencia del crimen organizado del mundo, por la infiltración delincuencial que han logrado los capos en las policías y estructuras de gobierno que han socavado y debilitado su combate.
Hay también miedo como pasa en los países en guerra. En Concepción de Buenos Aires, municipio de Jalisco aledaño a Michoacán, se pidió ayer a la población mantenerse en sus casas y no salir del municipio por los momentos “críticos y difíciles” luego de la balacera en tierras michoacanas ayer.
En México además se matan más periodistas que en los países en guerra.
Lo preocupante es que este panorama bélico no se ve desde la rueda de prensa mañanera. Ahí se ignora o no se quiere ver el monstruo del narco que carcome todos los días al país. Ayer López Obrador se limitó a pedir esperar a tener la información de lo sucedido porque no se habían encontrado los cuerpos para luego jactarse de ser uno de los presidentes más populares del mundo y que el Houston-gate en nada le ha restado el apoyo popular que, aseguró, es del 70 por ciento de la población según sus encuestas.
Desde esa vanagloria y autocontemplación elogiosa parece que ya olvidó lo que él mismo se planteó: que sin paz su tan cacareada cuarta transformación nunca será.
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