Estado en vilo
Lo vimos todos. Durante un velorio una familia completa fue literalmente fusilada en el centro de San José de Gracia, Michoacán, el pueblo que don Luis González y González hizo famoso en “Pueblo en vilo”, la obra maestra de microhistoria en México. Nadie sabe a ciencia cierta cuántas personas murieron, pues los atacantes se llevaron los cadáveres y limpiaron la escena del crimen. Las autoridades tardaron tres horas en llegar. En un primer momento se habló de 10 muertos, luego de 17. No hay certeza. El único rastro es un “río de sangre” también videograbado por un vecino.
En una comunidad cercana a Puerto Escondido, Oaxaca, un comando entró a un restaurante y acribilló a entre ocho y nueve personas, entre ellos un ex comisionado de bienes comunales del ejido Santa María Colotepec. En Zacatecas asesinaron a 12 personas durante el fin de semana y cuatro jóvenes fueron “levantados” en la continuación del peor momento de la seguridad pública en el estado. Uno de los casos fue Fresnillo, en una pequeña comunidad llamada Beleña un comando entró a la localidad y acribilló a un grupo de mineros que descansaban en el campo de beisbol: dos murieron, seis están heridos.
En la Mañanera, sin embargo, se habla de otra cosa. De los medios que exageran, de los periodistas “que no están con nosotros” (qué bueno que existe La Jornada que es capaz de poner en duda la realidad para defender al gobierno). Se habla de la oposición y su derrota moral y hay incluso tiempo para reírse de ellos, para festejar las puntadas en redes sociales de los seguidores del presidente. Las explicaciones son las mismas, exactamente las mismas que se daban en sexenios anteriores: rencillas entre grupos de delincuencia organizada, de jefes de plaza, de control territorial. Nadie, del presidente para abajo, habla de las personas que velaban a un ser querido, del líder comunero, de los comensales en el restaurante, de los mineros muertos. Invisibilizar a las víctimas es otra forma de violencia. Es la prepotencia del Estado.
¿Dónde está la inteligencia militar y civil? ¿Cómo pueden desaparecer 10 o 17 cadáveres a plena luz del día al igual que desaparecieron 43 en Ayotzinapa hace seis años? ¿Cómo se explica la falta de reacción de las corporaciones policiacas municipales, estatales y federales en Michoacán? ¿A quién le importan los mineros y los líderes comunales? ¿Cuál es la estrategia de seguridad?
No es solo el pueblo de don Luis González el que está en vilo, suspendido en el aire, sin anclajes ni cimientos; todo el Estado mexicano parece estar en vilo a merced de lo que decidan los grupos de delincuencia organizada cada mañana.
diego.petersen@informador.com.mx