“Corcholatas”: ¿a qué juegan?
Si atendemos las campañas de Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard pareciera que están compitiendo por cosas distintas. Si vemos las campañas de Adán Augusto López y de Gerardo Fernández Noroña nada tienen en común. En el caso de Ricardo Monreal ni él sabe a qué juega. Si alguien ha visto la campaña de Manuel Velasco, por favor avise. Y, aunque bien sabemos que el objetivo es el mismo, claramente cada uno entiende de forma muy diferente el proceso de selección del candidato en Morena.
Visto desde fuera pareciera que el objetivo de Adán Augusto es que lo conozcan, nada más; el de Marcelo Ebrard es caer bien; el de Fernández Noroña es arrebatarle el tercer lugar a Adán y a Monreal y quedarse con el premio de consolación prometido: la coordinación de la Cámara de Diputados; el de Claudia es sólo parecerse al Presidente López Obrador.
O Sheinbaum sabe algo que nadie más sabe o nadie quiere decir -como que la encuesta será en realidad un arreglo político en el escritorio del Presidente, como sucedió hace seis años con la candidatura para la Ciudad de México- o sus asesores andan perdidos. La campaña de Claudia se ha dedicado a catequizar a los que van a misa, a esparcir (por no decir repetir) la palabra del señor, el señor de Palacio, por todos los rincones del país, repitiendo lo mismo a los mismos. El cálculo, que parece riesgoso, es que con los duros de Morena y un voto extra (el del Presidente) basta para sacar la candidatura.
En el otro extremo, Marcelo parece tener claro que de lo que se trata es de ganar una encuesta. A diferencia de las elecciones, en las encuestas no hay movilización ni estructura que valga, se trata sólo de tener la simpatía y el ánimo de la mayor parte de la población. En su lógica los duros de Morena son los menos, y a los que hay que conquistar es a todos los demás, que independientemente por quién vayan a votar, si la encuesta está bien hecha, también estarán representados en la muestra.
Mientras Claudia se dedica a hablar mal de la oposición y a repetir que todo problema es herencia del pasado, Marcelo habla de seguridad a futuro. Sin mencionar ni criticar al Presidente López Obrador, el ex canciller pone el dedo en la llaga del problema que, según las encuestas, es el más sensible para el país y en el que el propio Presidente sabe que ha quedado a deber.
Falta mucho trecho por andar; sin embargo, al corte del primer mes Marcelo parece tener mucho más claro que el resto de los contendientes a qué juega y cómo se juega el juego de las “corcholatas”.
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