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Cementerios extraordinarios

Las formas del agua

Una forma del agua que en lo personal llama mucho mi atención, es lo que se denomina sedimento y de manera común “lodo”. Los ecólogos suelen clasificar las grandes zonas donde habitan organismos con características comunes como matrices ambientales y, en forma general, estamos familiarizados con la matriz suelo donde encontramos plantas y animales, con la matriz agua donde los peces son los característicos y con la matriz aire donde encontramos aves, insectos voladores y esporas de microorganismos. Pero también al sedimento acumulado en el fondo de lagos y mares se le reconoce como una matriz ambiental ya que contiene organismos característicos como almejas, lombrices, caracoles, y un sinfín de protozoarios microscópicos así como partículas de rocas y minerales.

LOCALIZACIÓN. Esporas fungales de 3 micras.

En general los sedimentos en un lago son el resultado del depósito de partículas suspendidas que provienen de ríos y escurrimientos de laderas. Cuando hay cambios en los usos del suelo y se modifica la cobertura vegetal queda el suelo desprotegido que es erosionado y arrastrado por el agua y el viento hacia los ríos, donde vemos correr el agua a velocidades perceptibles, con patrones turbulentos y con la capacidad de mantener el material suspendido (aguas turbias). Pero al desembocar en un lago profundo, el inmediato ensanchamiento genera la pérdida de velocidad y del patrón turbulento que mantenían en suspensión a las partículas. Éstas se depositan: primero las más pesadas y posteriormente, hacia el centro del lago, las más ligeras, en un arreglo de capas sobrepuestas o estratos como sucede en el Lago de Chapala en donde el promedio anual de deposición es de una capa de sólo dos milímetros de grosor. En la figura 1 se aprecia un fragmento de cilindro de sedimento obtenido del lago Chapala; se muestra una escala de profundidad en centímetros (cortesía del Dr. Pedro Zárate del Valle).

Los sedimentos no sólo se componen por capas de material inorgánico inerte, como partículas de rocas y minerales que han sido arrastradas por los ríos, sino también de materia orgánica y restos de organismos que una vez vivían y nadaban en el agua y que al morir también se han depositado. En consecuencia, se ha desarrollado una variedad de organismos especializados en el aprovechamiento de esta materia orgánica: algunos viviendo sobre la superficie del sedimento, otros enterrados y algunos en galerías, etcétera, pero que eventualmente al morir sus restos también formarán parte del sedimento.

Resulta entonces que los sedimentos son como cementerios extraordinarios, o archivos naturales que mediante el análisis cuidadoso realizado por especialistas, pueden dar cuenta de la cantidad y diversidad de especies que han habitado el lago a lo largo de miles de años. También los sedimentos registran las variaciones climáticas de tiempos prehistóricos por la abundancia o carencia, tanto de ciertos restos de organismos como de ciertos minerales en particular. En mis recorridos por el lago más grande de México encontré a un extraordinario investigador, inmerso en su disertación doctoral sobre geobiología para evaluar el impacto ecológico en la región de Chapala, durante la Colonia, por la introducción de más de 60 mil cabezas de ovinos y caprinos ; la base de su estudio consistía en la evaluación de ciertas esporas de hongos, del tipo “Sporormiella”, que crecen en las heces de estos animales, que fueron arrastradas para integrarse al sedimento del lago. En la figura 2 (cortesía de Jeffrey M. Bryant)  se aprecian esporas de hongo coprófilo. Este investigador se entrenó para la colecta de estratos de sedimento y para la localización e identificación de esporas fungales con diámetro aproximado de 3 micras. Su interés estaba en la profundidad de un metro que contiene estratos de hasta 500 años de antigüedad (recordemos que 1000 mm dividido por 2mm/año = 500 años).

Geoquímicamente resulta, por otro lado, que la caracterización de moléculas de contaminantes y su relación con la profundidad del estrato en el que se encuentran, también pueden dar noticia de la fecha en el pasado en  que se presentó tal o cual alteración. Esperemos que en un futuro algún joven investigador pueda encontrar evidencias estratigráficas sobre la efectividad de las acciones de conservación y restauración en nuestros ecosistemas.

*José Luis Zavala Aguirre es Profesor Investigador de la Escuela de Biología de la UAG.
 

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