2027: El Tablero de la Intermedia y la Consolidación del Mando Propio
México ha ingresado formalmente a la antesala del proceso electoral de 2027 bajo una asimetría operativa que redefine las reglas del poder. En este arranque de ciclo, el panorama no revela una competencia equilibrada, sino un escenario donde la principal variable de estabilidad es la capacidad del Ejecutivo para purgar las inercias del pasado reciente. Mientras tanto, las alternativas políticas se mantienen en un estado de parálisis estructural.
La oposición tradicional encara este periodo sin haber resuelto su crisis de identidad. Su narrativa permanece anclada en la reactividad, carente de una figura que logre aglutinar el descontento fuera de sus nichos tradicionales. No existe, hasta el momento, un proyecto que logre penetrar en el ánimo de las mayorías, lo que reduce su papel a una resistencia testimonial ante la narrativa oficialista.
Por su parte, la denominada “tercera vía” enfrenta una fractura interna que amenaza su viabilidad nacional. La colisión entre la dirigencia central y los liderazgos regionales que detentan el poder real evidencia una falta de cohesión estratégica. Esta desconexión proyecta la imagen de un movimiento atomizado, incapaz de presentar un frente sólido de cara a la renovación de gubernaturas y el Congreso.
En contraste, el dinamismo de Morena está marcado por una transición del mando simbólico al mando operativo. La victoria electoral de la Presidenta vino acompañada de “peajes” estratégicos diseñados por el ex presidente para cerrar las heridas de las primarias internas. Esta estrategia aseguró puestos altos en el gabinete y el grupo parlamentario a los perdedores de la carrera presidencial. No obstante, estos liderazgos heredados y padrinazgos políticos han resultado más incómodos de lo habitual para la nueva administración.
Figuras con agendas propias y trayectorias consolidadas —como Adán Augusto López, Ricardo Monreal o Alejandro Gertz Manero— han dado muestras de operar con directrices que, en ocasiones, divergen de la línea presidencial. Ante esto, la Presidenta ha ejecutado pasos decisivos para consolidar su propio proyecto. La reciente sustitución de figuras clave en la Fiscalía General de la República y en la coordinación del grupo parlamentario en el Senado empieza a significar el fin de una era de las prefecturas políticas impuestas.
Al desplazar estos liderazgos heredados, la Presidenta transita hacia una autoridad operativa total, eliminando las fricciones internas que solían servir como puntos de fuga para la oposición.
Hacia 2027, el país se dirige a una elección intermedia donde el oficialismo, ya purgado de agendas paralelas, enfrentará a un espectro político desarticulado que sigue sin encontrar su brújula.
@DelToroIsmael_