Cuentan sus amigos trientañeros que convivieron con él en la adolescencia y juventud en la zona de Puerta de Hierro, en Zapopan, que, a Diego Rivera Navarro, alcalde de Tequila detenido ayer, al igual que sus directores de Seguridad, Catastro y Obras Públicas, se le conocía como “El Charro” Rivera, por su afición a los caballos y los jaripeos. Su aprehensión ayer no les sorprendió mucho por lo que escuchaban de él últimamente.Semanas después de que en junio condené aquí que policías de Tequila violaron el derecho a la libertad de expresión, al encarcelar arbitrariamente a mi compañero camarógrafo de N+ Guadalajara, Jorge Alberto García Rodríguez, quien cubría un operativo de la Fiscalía General de la República (FGR) para investigar el cierre arbitrario del Museo de Tequila por parte del alcalde para darle otros usos, como si la finca fuera de su propiedad, y por sus afanes de querer cobrar multas a quien dijera palabras altisonantes en la calle, cuotas a turistas y altos impuestos a los productores de agave, un veterano colega al que tenía mucho de no ver, me llamó para invitarme a desayunar con el padre del alcalde, el también político de viejo cuño y empresario Humberto Rivera, cuyo salón de eventos por la Colonia Tabachines, ha sido sede de importantes reuniones de la cúpula de Morena, encabezadas por su dirigente nacional Luisa María Alcalde, y su secretario de organización, el vapuleado Andrés Manuel López Beltrán.Cuando tocamos el tema de su hijo, consideró que todo se debía a una campaña de desprestigio impulsada por los panistas del municipio, a los que les habían ganado la elección.Luego de la última crisis de Gobierno del ahora alcalde detenido por la clausura de la fábrica de tequila Cuervo 1800, la más importante en México y en el mundo, por supuestos adeudos del impuesto predial y licencias de construcción, y que debió reabrir luego de la intervención de la Secretaría de Gobernación y del gobierno estatal, en diciembre pasado, de la que también escribí, recibí una nueva invitación de mi colega y Humberto. Al desayuno se unió más tarde su hijo el alcalde, en el mismo restaurante cercano a la Avenida México.Me dijo tener la razón en el cobro de los impuestos a esa tequilera “que se creía dueña del municipio de Tequila” y que siempre había manipulado a la autoridad municipal, hasta su llegada cuando por primera vez se les cobró lo que se debía. Del caso del Museo, aseguró que estaba por resolverlo en el INAH y en la FGR, y que todo había sido magnificado por sus opositores. De las versiones de la infiltración delincuencial en su Gobierno, dijo que eran falsas y que su policía era la única de la región que no respondía al crimen organizado. Me dijo, para terminar, que, aunque los tequileros no lo veían con buenos ojos, sus trabajadores estaban con él, y como muestra me enseñó un video de una posada de Morena, a la que asistió en una cancha de futbol del municipio abarrotada de militantes, en donde rifaron un auto. Que empezando el año lanzaría un video demostrando con documentos cómo había tenido razón en el cobro de los impuestos a las tequileras.No tuvo tiempo para divulgarlo. Hoy Diego Rivera y tres de sus funcionarios están presos acusados por extorsión y nexos con el crimen organizado.