- Despelote
Pues sí: “Primero la obligación, después la diversión”… En su versión mexicana -nadie lo ignora-, los términos de la ecuación pueden invertirse sin ningún problema. En el caso de las medidas que se han tomado a raíz de la pandemia del COVID-19, en casi todos los rincones del país se ha pasado del confinamiento inicial a la reanudación de determinadas actividades. Primero, gradualmente, las productivas. Después, de conformidad con el anuncio hecho ayer por las autoridades estatales, las recreativas… “con protocolos de sanidad y restricciones” (“según San Lucas”, permítase la salvedad).
-II-
El anuncio de que el lunes próximo reabrirán, a partir de ciertas pautas, teatros, cines, parques y canchas deportivas, equivale a dar otro paso hacia lo que se ha dado en llamar “la nueva normalidad”. En el caso de las salas de espectáculos, en los países que ya creyeron haber superado la primera fase de la crisis, se han impuesto estrictas normas profilácticas: cupos reducidos, uso obligatorio de cubre-bocas, distancias mayores a las ordinarias entre los asistentes, medidas de sanitización sistemática de los espacios… En teatros y conciertos se han implantado modalidades que permiten guardar la “sana distancia” incluso entre actores y músicos.
En Jalisco se ha dispuesto que las salas reduzcan sus aforos a un 25%, lo que se supone será un alivio tanto para los adictos a los espectáculos como para empresarios, artistas, músicos y trabajadores. En el caso de los espacios públicos -parques y canchas privadas (excluidas las unidades deportivas)-, surgen algunas dudas. Se plantea, por ejemplo, que los primeros podrán estar a un 50% de su aforo…
-III-
Aunque en algunas ciudades se han acordonado las plazas públicas y establecido vigilancia policiaca para evitar que la gente las use como los lugares de convivencia social que han sido siempre, porque de la convivencia al contagio sólo hay un paso, en Jalisco nunca, que se sepa, se ha determinado cuál es el aforo normal de un parque o una plaza pública. Tampoco se sabe si se dispone del personal suficiente para vigilar que las nuevas regulaciones se cumplan y las restricciones anunciadas se respeten, o si el cumplimiento de tales normas quedará a expensas de la “responsabilidad individual”: un concepto que suena muy bonito, que es un himno a la libertad bien entendida…, pero que probablemente no todos los ciudadanos (se rumora que hay algunos proclives a la anarquía y el despelote…) apliquen al pie de la letra.