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- “¡Cá’a quén…!”

Atribuían a un tal “José Cruz” (probablemente muy conocido en su casa: tanto como habrán sido en las suyas los afamados “Juan Pitas” y “Perico de los Palotes”…) una de esas frases que, como ciertas cartas en los juegos de naipes, encajan como comodín para determinadas circunstancias:

–¡Cá’a quén…!

-II-

Aplica también, por supuesto –“como anillo al dedo”, diría el clásico— para las modalidades de la fase de la “nueva normalidad”, aun en la etapa más aguda de la pandemia del coronavirus, que hoy se inicia en Jalisco; una fase en que la premisa básica es que resulta impostergable, además de imperativo, buscar un punto de equilibrio entre la necesidad de reanudar gradualmente las actividades profesionales interrumpidas abruptamente desde mediados de marzo, por una parte, y, por la otra, la de reducir al mínimo el riesgo de acrecentar significativamente los contagios. Lo primero obedece a que, como se ha señalado, la mayor parte de la población “no aguanta más sin trabajar”, y a que el incremento de los casos que ameritan hospitalización registrado en los últimos diez días, está a punto de colapsar la capacidad de los nosocomios.

El incremento de los casos que ameritan hospitalización registrado en los últimos diez días, está a punto de colapsar la capacidad de los nosocomios.

Las autoridades civiles, de conformidad con las sanitarias, han establecido, como corresponde, pautas y protocolos: limitaciones a los giros que se reactivarán, para evitar hacinamientos y propiciar el saludable distanciamiento entre las personas; han sido reiterativas en recomendar que se apliquen escrupulosamente las medidas profilácticas complementarias…

Conscientes, sin embargo, de que el súbito repunte de los contagios fue la consecuencia (inevitable, lógica, previsible) del relajamiento de la disciplina que se tuvo cuando se encendieron las alarmas, y de que no es factible imponer reglas que las personas pueden burlar con la mano en la cintura en nombre del libertinaje –una noción mal entendida de la libertad—, las autoridades han apelado ahora a la “responsabilidad individual”: un concepto que endosa a la conciencia de cada uno la aplicación de las medidas conducentes a protegerse a sí mismo y a proteger a los demás, y exime a aquéllas del deber –materialmente impracticable, por lo demás— de vigilar y aun exigir la puntual observación de dichas medidas, e incluso sancionar a quienes así no lo hicieren.

El súbito repunte de los contagios fue la consecuencia (inevitable, lógica, previsible) del relajamiento de la disciplina que se tuvo cuando se encendieron las alarmas.

-III-

El tiempo y las circunstancias, pues, traen a cuento la sabia frase del tal José Cruz, de quien no se sabe que mereciera biografías o estatuas, ni, al menos, mármoles o bronces en que su creación más reconocida quedara grabada para la posteridad:

–¡Cá’a quén…!

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