Jalisco

Entre tijeras, navajas y memorias: los barberos desafían a la modernidad

Las peluquerías tradicionales perviven en Guadalajara en medio de salones de belleza y “barber shops”

Huele a alcohol, a navajas recién afiladas y a loción clásica. A espuma de afeitar y a revistas que resisten el paso del tiempo sobre una mesa baja. La silla reclinable, marcada por cicatrices invisibles, guarda historias ajenas. Una vieja radio, escondida detrás de los muebles, deja escapar “Abrázame muy fuerte” de Juan Gabriel, mientras la pintura de la pared se descarapela con dignidad. Frente al espejo, el barbero suspira y conduce la máquina con pericia entre la barba del cliente. En medio del auge de salones de belleza, estudios estéticos y modernas “barber shops”, las peluquerías tradicionales de la ciudad sobreviven, fieles a la vieja usanza.

En Jalisco existen miles de negocios dedicados al cuidado personal, pero las peluquerías de barrio -las de antaño- enfrentan un entorno cada vez más competitivo. Aun así, lejos de rendirse, quienes las sostienen apuestan por la tradición, el servicio cercano y una clientela fiel que sigue cruzando la puerta para sentarse en una silla centenaria y pedir “el corte de siempre”.

Una de esas historias es la de Barbería Reyes, un negocio de cuatro generaciones que nació en 1925 en El Refugio, Acatic, y llegó a Tlaquepaque en 1950. Hoy, bajo la dirección de Eduardo Reyes, la barbería conserva intacto el ritual clásico: jabón, toalla caliente, toalla fría y técnica manual. “Somos de la vieja escuela”, dice con una sonrisa. La herencia familiar, transmitida desde el abuelo hasta hijos y sobrinos, ha permitido que el negocio no solo sobreviva, sino que cuente con dos sucursales en la ciudad. Para Reyes, el secreto está en el arraigo y en entender la barbería como un espacio social donde se comparten alegrías, fracasos y confidencias.

Otro referente es Shampoo Salón, fundado por Jesús Aquino, quien llegó a Guadalajara en 1977. Por sus sillas pasaron artistas, modelos y ganadoras de certámenes de belleza, pero su sello distintivo siempre fue el compromiso social. Aquino impulsó servicios comunitarios, academias dentro del reclusorio femenil y donó equipo completo para un salón que aún funciona. “No solo era cortar cabello, era enseñar un oficio que pudiera cambiar vidas”, recuerda. Hoy, trabaja junto a sus hijos, manteniendo viva una tradición familiar que inició a principios del siglo pasado.

En el Centro de Guadalajara, Peluquería Fénix suma 77 años como testigo silencioso de la transformación urbana. Don Jorge Villegas defiende el corte artesanal, hecho a tijera y navaja, sin máquinas. Su clientela, mayoritariamente adulta, valora el detalle y la atención personalizada. “El servicio es lo que nos mantiene”, afirma.

En la colonia Del Fresno, la Peluquería Chava conserva más de seis décadas de historia. Don Salvador Sosa, de 83 años, sigue atendiendo con firmeza, convencido de que el precio justo y el trato cercano son su mayor fortaleza frente a la competencia moderna. “Aquí viene gente trabajadora”, dice.

Entre tijeras, espejos y memorias, estas barberías resisten. No compiten con la modernidad: la observan pasar, seguras de que el tiempo también sabe reconocer lo auténtico.

Barbería Reyes. Fundada en 1925, conserva técnicas tradicionales y una herencia familiar que atraviesa cuatro generaciones. EL INFORMADOR/J. Acosta

La Barbería Reyes, una peluquería de cuatro generaciones en la ciudad

En la pequeña localidad de El Refugio, en el municipio de Acatic, Barbería Reyes nació como un negocio familiar: primero con el abuelo, después con el tío y con el padre, Manuel Reyes, hasta que fue heredada a Eduardo Reyes, dueño actual de la peluquería. Al llegar a la ciudad se instalaron en Tlaquepaque en 1950, en uno de los portales de El Parián, sobre la calle Herrera y Cairo. Don Eduardo levanta la vista y hace un recuento de los años: han mantenido la tradición y la esencia con la que concibió su abuelo la barbería. “La vieja escuela”, y suelta una tímida risa.

“Es una barbería antigua, llevando a cabo todo el procedimiento que se hacía en las barberías antiguas. Tiene mucho que ver la técnica y la forma de cortar el cabello, en un principio. Seguimos utilizando nuestra jabonera con lo que es el jabón, la toalla caliente, después una toalla fría. O sea, se lleva a cabo un procedimiento que siempre ha sido de todo el tiempo en la barbería”.

En 1982, cuando don Manuel se retira del oficio, don Eduardo y su hermano Sergio se hacen cargo de la peluquería. “Ha pasado de generación en generación”, comenta, pues ahora su hijo, Carlos Eduardo Reyes, y sus primos dirigen el negocio a su lado. Incluso comparte el secreto para que una barbería que inició en 1925 en un pequeño municipio de Jalisco haya sobrevivido tantos años y que, por si fuera poco, presuma dos sucursales en la ciudad: una sobre la calle Zaragoza #60, en la colonia Centro, en Tlaquepaque, y otra en Manuel Acuña #2811-A, en la colonia Circunvalación Vallarta, en Guadalajara.

“Nosotros mostramos interés en seguir haciendo algo que nos gusta, independientemente de que hubiéramos estudiado una carrera profesional. Hemos seguido trabajando en lo que es la barbería gracias a que nos sentimos motivados por la misma familia […]. Yo empecé desde que era niño; a los siete años empecé a ir a la barbería con mi papá. Yo era el chícharo, como le decían a quien bolea los zapatos, hace los mandados, limpia el lugar. Es como empiezas a involucrarte en la barbería”.

Pese a las nuevas tendencias en el corte de cabello, don Eduardo tiene claro que son los clientes quienes le han permitido celebrar más de 100 años de historia. Desde los 80’s hasta los años 2000 vivieron tiempos “difíciles”; sin embargo, la clientela que prefiere el servicio de Barbería Reyes ha hecho que la peluquería siga vigente entre tantas estéticas y barber shops, refiere.

Por lo pronto, aunque la oferta es cada vez mayor, don Eduardo confía en que la esencia y la tradición de una barbería siempre serán atractivas para quienes disfrutan de un servicio de antaño. “Hacemos que una barbería sea un centro social, donde llegas a conocer la problemática de los clientes, sus éxitos y sus fracasos. Sabes tanto de las historias de nuestros clientes que esa es parte de la esencia de una barbería”, concluye.

Shampoo Salón. Con casi cinco décadas de trayectoria, combina el oficio de la peluquería con un compromiso social sostenido. EL INFORMADOR/J. Acosta

Shampoo Salón conserva un profundo sentido social

Cerca de cumplir cinco décadas dedicadas al oficio que más le apasiona, don Jesús Aquino recuerda que, originario de Chihuahua, llegó a Guadalajara en 1977 con una comitiva de políticos encabezada por el exgobernador Flavio Romero de Velasco. Su primer salón se ubicó en avenida Vallarta y, desde entonces, creció su reconocimiento en la ciudad. Por su peluquería pasaron artistas, ganadoras de Miss Jalisco y modelos de L’Oréal, aunque siempre mantuvo un marcado compromiso social.

Una de las experiencias que más atesora fue brindar servicios de corte de cabello y belleza a internas del Reclusorio femenil de Puente Grande. Relata que, cuando el salón contaba con 15 empleados, realizaron servicio social para instituciones públicas y privadas como el DIF, el Reclusorio femenil y el Hospicio Cabañas. Los eventos se organizaban de manera anual y las utilidades se destinaban a apoyar a esas instituciones, además de enseñar el oficio a las personas beneficiadas para ofrecerles una alternativa de desarrollo.

En los centros de detención femeniles, añade, se establecieron academias en tres ocasiones. Actualmente, el Reclusorio femenil cuenta con un salón de belleza equipado con lavabos, sillas y espejos donados por él. Don Jesús también recuerda su participación en eventos deportivos y educativos con estilistas internacionales, así como su trabajo con las señoritas Jalisco.

Peluquería Fénix. Ubicada en el Centro de Guadalajara, ha sido testigo de los cambios urbanos durante 77 años de actividad. EL INFORMADOR/J. Acosta

Peluquería Fénix es testigo de los cambios

Don Jorge Villegas mantiene su barbería impoluta: no hay cabellos en el piso, las sillas giratorias miran a los espejos y las navajas y tijeras esperan en su lugar. Se precia de conservar la tradición y de realizar los cortes manualmente, sin máquinas. Peluquería Fénix, ubicada en Prisciliano Sánchez #175, en el Centro de Guadalajara, tiene 77 años de historia. Ha sido testigo de los cambios en la imagen urbana del primer cuadro, pero el negocio se mantiene en pie y se distingue por su fachada con espirales rojo y azul, protegida por un gran ventanal.

Relata que la peluquería inició en el Hotel Fénix, sobre Ramón Corona, donde permaneció 53 años antes de trasladarse a su ubicación actual. Desde su experiencia, el Centro ha vivido una transformación profunda, marcada por obras viales y la salida de juzgados y comercios importantes.

De pocas palabras, don Jorge espera clientes mientras observa un Centro inusualmente vacío. Su clientela está integrada principalmente por trabajadores, servidores públicos y turistas que valoran la barbería tradicional. Asegura que el servicio al cliente es clave para competir con estéticas modernas.

Su estilo manual, a tijera y navaja, atrae a personas de entre 30 y 80 años. Confía en que la peluquería seguirá abierta y que siempre habrá espacio para el trabajo artesanal. Dos clientes lo esperan para continuar la jornada.

Peluquería Chava. En la colonia Del Fresno, don Chava mantiene viva la tradición del corte clásico con precios accesibles y trato cercano. EL INFORMADOR/J. Acosta

Peluquería Chava tiene un sabor a tradición

Una vieja radio reproduce Abrázame muy fuerte, de Juan Gabriel, mientras las sillas giratorias, marcadas por el uso, dan cuenta de más de 60 años de historia de la Peluquería Chava. Las revistas apiladas decoran el espacio y otras, más recientes, acompañan la sala de espera. Don Salvador Sosa barre la banqueta y, de vez en cuando, arroja migajas a las palomas. La música invade la barbería mientras recuerda que dejó su empleo en Bimbo a los 20 años para abrir su negocio en la colonia Del Fresno, en Guadalajara.

Aprendió el oficio desde los 12 años. Primero trabajó frente a una tienda Elektra durante 37 años; luego se trasladó a la calle Durazno, donde permaneció 13 años, y desde hace otro tanto atiende en Primavera #2051. Reconoce que el negocio se ha vuelto más competido por la proliferación de estéticas y por el cambio en las dinámicas familiares.

A sus 83 años, aún se siente con ánimo para trabajar. Mantiene precios accesibles: el corte no supera los 100 pesos y el rasurado cuesta 50 más. Considera que lo esencial es la calidad y la atención a los clientes habituales.

Don Chava asegura que seguirá atendiendo su peluquería mientras pueda. Una de sus hijas le apoya por las tardes. Por ahora, afirma, lo importante es seguir trabajando.
 

Síguenos en
Sigue navegando