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Emma e Ivanna: crecer nadando contra la corriente

Las hermanas tapatías Ruiz Chávez, de 13 y 16 años, han hecho de la natación su forma de vida y su camino hacia el alto rendimiento, con miras a competencias internacionales

Mientras muchos adolescentes pasan los fines de semana en fiestas, reuniones o viajes escolares, Emma e Ivanna Ruiz Chávez suelen comenzar sus días mirando el fondo azul de una alberca o el horizonte abierto del mar.

A sus 13 y 16 años, las hermanas tapatías han convertido la natación en una forma de vida, una disciplina que les exige madrugar, entrenar todos los días y renunciar a muchas actividades propias de su edad, pero que también les ha permitido representar a Jalisco, competir en distintos Estados del país y acercarse poco a poco a un sueño que comparten desde niñas: convertirse en deportistas de alto rendimiento.

Su historia con los sueños y con el agua comenzó de manera distinta para cada una. En el caso de Ivanna, una lesión en el brazo terminó acercándola a las albercas. “Yo me fracturé el codo cuando tenía como siete años y me dijeron que tenía que meterme a nadar como parte de la rehabilitación. Fue ahí cuando empezó a gustarme más la natación, ya de manera competitiva. Después me quedé en el equipo”.

Emma llegó al agua durante la pandemia. Hasta entonces practicaba futbol, pero la suspensión de actividades la llevó a probar el deporte que ya practicaba su hermana.

“Cuando llegó la pandemia cancelaron las clases y ya no hacía nada. La natación seguía abierta y como mi hermana ya iba, a mí me empezó a gustar. Mis papás me metieron y así fue como empecé”.

Lo que comenzó como una actividad recreativa terminó convirtiéndose en una rutina diaria marcada por el entrenamiento, los viajes y las competencias. Hoy ambas dedican buena parte de sus días a perfeccionar su técnica tanto en alberca como en aguas abiertas. Su agenda incluye dos horas de natación y una hora de preparación física casi todos los días de la semana. En periodos previos a competencias nacionales, las jornadas pueden extenderse con dobles sesiones de entrenamiento.

“Entrenamos normalmente dos horas de natación y una hora de preparación física, como pesas, cardio o bicicleta. Los sábados hacemos tres horas de entrenamiento, aunque ahorita, como nos estamos preparando para el Nacional, estamos haciendo doble sesión”, explica Ivanna.

Los resultados han comenzado a aparecer. Emma participó este año en el Campeonato Nacional realizado en Veracruz, donde compitió como la integrante más joven de su equipo frente a algunas de las mejores nadadoras del país.

Ivanna, por su parte, logró clasificarse a la Olimpiada Nacional tanto en alberca como en aguas abiertas, una de las competencias más importantes del deporte juvenil mexicano. Además, viene de conseguir un sexto lugar nacional en los 7.5 kilómetros de aguas abiertas, resultado que la colocó como la mejor representante jalisciense en esa distancia.

“Yo he competido tres veces en la Olimpiada Nacional. Este último año me fue muy bien. Quedé en sexto lugar nacional y fui la mejor de Jalisco en los 7.5 kilómetros. También compito en alberca, pero mi fuerte son las aguas abiertas”, dice la joven promesa.

La elección de esa modalidad no fue casual. Mientras muchos nadadores prefieren las pruebas cortas y explosivas, Ivanna encontró su fortaleza en la resistencia. “Creo que estoy más acostumbrada a mantener un ritmo constante durante mucho tiempo. Me cuesta más estar a máxima velocidad en pruebas cortas. Me gusta ir aumentando el ritmo poco a poco. Por eso me ha ido mejor en aguas abiertas y en pruebas como los mil 500 y los mil 800 metros”.

Las aguas abiertas ofrecen desafíos distintos a los de una alberca. La corriente, el oleaje, la orientación y las condiciones climáticas convierten cada competencia en una experiencia distinta. Las hermanas han nadado en escenarios como Matanchén, Bucerías y Puerto Morelos, donde las corrientes pueden modificar por completo una estrategia de carrera. También han compartido el agua con mantarrayas y cardúmenes de peces. “Antes yo le tenía miedo al mar, pero ya no”, cuenta Emma.

Emma (izquierda) e Ivanna (derecha) Ruiz Chávez posan desde la alberca donde entrenan. EL INFORMADOR/J. Acosta

Lo que cuesta cada brazada

Detrás de cada competencia existe una red de apoyo encabezada por su familia. Su madre, Shara Ivette Chávez, ha acompañado cada etapa del proceso, desde los primeros entrenamientos hasta los viajes nacionales. Ha visto cómo la natación transformó la rutina familiar y cómo, poco a poco, las metas deportivas comenzaron a ocupar un lugar central en la vida de sus hijas.

“Obviamente ellas han tenido que renunciar a ciertas cosas. Existe el viaje de generación, existen reuniones con amigos y muchas actividades que a veces coinciden con competencias o entrenamientos”, explica.

“Al final es una decisión de ellas y siempre hemos tratado de ponerlo sobre la mesa. Les decimos: ‘Esto es lo que implica este camino. Si quieren seguir adelante, las vamos a apoyar’. Pero también entendemos que hay cosas que se dejan de lado”.

La familia también ha enfrentado los momentos difíciles que acompañan cualquier carrera deportiva. Lesiones, enfermedades, competencias donde los resultados no llegan y sacrificios que pocas veces son visibles desde las gradas.

“También están los momentos complicados. Ivanna tuvo varicela el año pasado y dejó de entrenar tres semanas. No consiguió los tiempos que esperaba y fue una gran frustración. Entonces también nos toca acompañarlas en los logros y en las dificultades”.

Para Shara, uno de los principales desafíos aparece cuando los jóvenes atletas comienzan a competir a niveles más altos.

Los viajes, las inscripciones, la alimentación especializada, el equipo deportivo y la preparación complementaria representan gastos constantes que suelen recaer en las familias. La madre considera que muchas veces el sistema deportivo se enfoca en los atletas que ya alcanzaron resultados importantes, mientras que las etapas formativas quedan sostenidas por el esfuerzo familiar.

“Llega un momento en que la inversión económica es muy pesada. Existen apoyos cuando ya son seleccionados nacionales, pero durante todo el proceso para llegar ahí prácticamente no los hay”, dice.

“Me gustaría que existieran programas para nuevos talentos, semilleros deportivos o algún sistema que ayudara a impulsar a los jóvenes deportistas desde etapas tempranas”.

La reflexión surge desde la experiencia cotidiana. Durante los últimos años la familia ha financiado entrenamientos, viajes, hospedajes, competencias y procesos de especialización que han permitido a Emma e Ivanna competir contra algunas de las mejores nadadoras del país.

Para Shara, el talento existe en muchos rincones de México, pero no siempre encuentra las condiciones necesarias para desarrollarse. Por eso considera que respaldar a los deportistas desde edades tempranas puede marcar una diferencia decisiva en sus trayectorias. “A veces los apoyos llegan cuando el atleta ya está consolidado. El reto es ayudarlos antes, cuando todavía están construyendo ese camino”.

La constancia diaria es parte fundamental de la preparación que Ivanna (izquierda) y Emma (derecha) realizan. EL INFORMADOR/J. Acosta

De la alberca al financiamiento

Actualmente, las hermanas mantienen activa una campaña de recaudación en la plataforma GoFundMe, titulada “Rumbo a Campeonatos Nacionales Ivanna y Emma”, con el objetivo de financiar parte de su desarrollo deportivo y asegurar su participación en competencias nacionales.

Asimismo, Ivanna comparte sus progresos deportivos en sus redes sociales, en el perfil de @ivanna_swimmm.

Por su parte, Shara agradece que, gracias a la iniciativa de GoFundMe, hayan podido solventar los gastos como el pago de inscripciones a competencias y transporte a las mismas, trajes de baño especiales, equipo deportivo, entre tantos otros requeridos para ayudar a sus hijas y que las presiones económicas no sean un impedimento para alcanzar sus sueños.

Contra todo, la familia entera mantiene la mirada puesta en el futuro. “A ellas les gustaría llegar a un Centroamericano o a un Panamericano. Ahorita están compitiendo tanto en aguas abiertas como en alberca, así que eventualmente tendrán que decidir hacia dónde quieren enfocar más su carrera. Nosotros queremos apoyarlas hasta donde ellas quieran llegar. También nos gustaría que pudieran conseguir alguna beca deportiva en el extranjero o algún apoyo universitario más adelante. Ivanna ya ha participado en campamentos especializados en Estados Unidos y son experiencias que les permiten seguir creciendo”.

Apoya a Emma y a Ivanna en GoFundMe

Emma e Ivanna sueñan con representar a México en competencias internacionales. Hablan de campeonatos centroamericanos, panamericanos y, algún día, de unos Juegos Olímpicos para representar a Jalisco y a México.

Se lanzan al agua, se mueven en ella con una lógica distinta a la de la tierra firme, se entienden sin palabras en el idioma mutuo que construyeron bajo la superficie.

Por ahora, el siguiente objetivo se encuentra en los nacionales de este verano. Después vendrán nuevas marcas, nuevas madrugadas y nuevos kilómetros por recorrer.

Emma e Ivanna todavía son adolescentes. Su historia se construye desde la convicción, el esfuerzo, y todos esos logros cotidianos: los entrenamientos, un viaje largo para competir, una familia que acompaña y dos hermanas que aprendieron a encontrar en el agua un lugar donde imaginar el futuro.

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