Escala el precio del diésel
El alza del petróleo impulsa el costo de este combustible por encima de los 29 pesos, encareciendo el transporte, los alimentos y servicios
El tablero marca los 29.16 pesos por litro en una gasolinera de Periférico Norte y Pino Suárez, en Zapopan, mientras los operadores de transporte hacían cuentas antes de arrancar la jornada. Algunos clientes negaban con la cabeza; otros, resignados, cargaban lo indispensable. El diésel, una columna vertebral del transporte de mercancías y pasajeros, volvió a subir con fuerza.
El alza no es aislada. Tras un recorrido por la ciudad, en 24 estaciones el precio supera los 29 pesos por litro, por encima de los promedios estatal y nacional. Según datos oficiales, el máximo reportado días atrás rondaba los 28.89 pesos, mientras que el promedio en Jalisco se ubicaba en 28.39. Hoy, la realidad ya rebasó esas cifras.
La escalada tiene un origen claro: el petróleo internacional superó los 110 dólares por barril. Y cuando el crudo sube, el diésel -más vinculado a los procesos industriales y logísticos- suele resentirlo con mayor intensidad. A ello se suman las tensiones geopolíticas, particularmente en Medio Oriente, y los ajustes en la cadena global del suministro. Es una tormenta perfecta: menor certidumbre, mayor especulación y costos logísticos al alza.
El contraste es contundente. En diciembre, este combustible promediaba los 26.42 pesos por litro; es decir, hay un incremento de más de dos pesos en apenas tres meses. Para un transportista, ese margen no es menor: es la diferencia entre operar o perder.
“Lo puedes intentar amortiguar, pero no contener”, explica Antonio Sánchez Sierra, académico y especialista de la Universidad de Guadalajara. “El precio está atado al mercado internacional. Si sube el petróleo, sube todo lo demás”.
El Gobierno federal ha intentado frenar el golpe mediante estímulos fiscales. En términos prácticos, representan un subsidio de alrededor de 4.5 pesos por litro. Sin ese apoyo, el impacto sería mayor en el bolsillo de los consumidores y negocios.
Sin embargo, el efecto dominó ya comenzó. Comerciantes en mercados locales reportan incrementos en productos básicos como jitomate y limón, impulsados por el encarecimiento del transporte. En paralelo, transportistas advierten que sus márgenes se han reducido al mínimo. “Trabajamos casi para el combustible”, resume uno de ellos.
El transporte público tampoco escapa. Empresarios del sector estiman que, desde diciembre, las tarifas deberían subir al menos 60 centavos para compensar el aumento del diésel. Por ahora, absorben el golpe, pero advierten que no será sostenible.
El diésel es el motor de la economía real: mueve alimentos, materiales y personas. Cuando sube, todo aumenta.
La Presidenta Claudia Sheinbaum anunció que el Gobierno federal compensa el incremento en el precio con el objetivo de evitar presiones inflacionarias. La estrategia consiste en aplicar ajustes al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios, reduciendo la carga fiscal para contrarrestar el incremento internacional del petróleo. Explicó que este mecanismo ya está en operación y busca impedir que el encarecimiento del combustible impacte directamente en los precios al consumidor. Aunque descartó un acuerdo voluntario con gasolineros, como ocurrió con la Magna, advirtió que se vigilará que no haya incrementos excesivos. El propósito, subrayó, es que el subsidio beneficie a la población y no se traduzca en mayores ganancias para los distribuidores.
Transportistas resienten alza en diésel; piden ajustes urgentes
El encarecimiento del diésel comienza a sentirse con fuerza en las carreteras y calles de Jalisco. Transportistas de carga y empresarios del transporte público advierten que el aumento sostenido en el precio del combustible -impulsado por tensiones internacionales, particularmente en Medio Oriente- está mermando su viabilidad operativa.
En patios de maniobras y centrales camioneras, la conversación es la misma: el margen se estrecha. Jaime Camarena, representante de la Federación Mexicoamericana de Transportistas A.C. (Fematrac) en Jalisco, explica que el impacto es directo y acumulativo. “Sí nos afecta mucho el alto costo del combustible porque no tenemos una tarifa fija. Entre el diésel y las autopistas, prácticamente trabajamos sin ganancia”, señala.
El problema no se limita al sector. El transporte de mercancías depende en gran medida del diésel, por lo que su encarecimiento se traslada inevitablemente al precio final de los productos. “Esto va a pegar en la canasta básica. Todo sube y, al final, el consumidor es quien absorbe el golpe”, advierte Camarena.
En el transporte público, el panorama no es más alentador. Hugo Higareda, presidente de la Alianza de Camioneros de Jalisco, sostiene que las tarifas actuales ya no reflejan los costos reales de operación. “Por cada peso que sube el diésel, la tarifa debería aumentar 20 centavos. Desde diciembre, el ajuste necesario sería de al menos 60 centavos solo por combustible”, detalla.
Sin embargo, ese ajuste no se ha aplicado en su totalidad, lo que obliga a los concesionarios a absorber el incremento. La consecuencia es una operación cada vez más frágil. “¿Cómo sobreviven? Comiéndose el valor de su camión. Se deprecia la unidad, se reduce el mantenimiento y algunos caen en la informalidad para poder sostenerse”, reconoce.
El costo operativo no solo incluye combustible. A ello se suman refacciones, mantenimiento, salarios y obligaciones fiscales. En ese contexto, el aumento del diésel actúa como un factor detonante que desestabiliza toda la estructura financiera del sector.
A partir del 1 de abril, el transporte público en el Área Metropolitana de Guadalajara tendrá un ajuste tarifario, con un pasaje de 11 pesos. Aunque la medida busca aliviar la presión, los empresarios advierten que será insuficiente si los precios del combustible continúan al alza.
Además, el sector demanda mayor puntualidad en la entrega de subsidios gubernamentales, considerados clave para mantener liquidez. Sin flujo constante, advierten, la operación diaria se vuelve insostenible.
El diésel, motor silencioso de la economía, hoy también es su talón de Aquiles. Su encarecimiento no solo afecta a quienes conducen, sino a toda la cadena productiva que depende de él.
Voz del experto
Antonio Sánchez Sierra, académico de la Universidad de Guadalajara
Precios sin control
El precio del diésel ha registrado un incremento sostenido en los últimos meses. Tan solo en diciembre pasado, su costo promedio alcanzó los 26.42 pesos por litro, lo que representó un aumento de 74 centavos respecto al mismo mes de 2024. Sin embargo, la tendencia no se detuvo.
En semanas recientes, el combustible ha superado los 29 pesos por litro en diversas estaciones de la Zona Metropolitana de Guadalajara. Esto ocurre incluso cuando la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) reportaba un máximo nacional de 28.89 pesos por litro, mientras que datos de PETROIntelligence ubican el promedio en Jalisco en 28.39 pesos.
Ante este escenario, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, anunció el pasado 17 de marzo la aplicación de estímulos fiscales para mitigar el impacto en los precios y contener la inflación. En el caso del diésel, el apoyo alcanza el 61.8 % del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), lo que equivale a aproximadamente 4.5 pesos por litro durante la semana del 21 al 27 de marzo.
“Para compensar el incremento en el precio del petróleo a nivel internacional y de las gasolinas, siempre hay un ajuste mediante el IEPS”, explicó la mandataria.
No obstante, especialistas advierten que estas medidas tienen un alcance limitado frente a factores globales. Antonio Sánchez Sierra, académico de la Universidad de Guadalajara, considera que contener el precio del diésel es complejo, incluso con estímulos fiscales. “No lo puedes contener, salvo que el empresario decida absorber la pérdida de poder adquisitivo”, afirmó.
El experto subraya que el costo del combustible depende en gran medida de la dinámica internacional. “Está condicionado a la cadena de suministro y a lo que determine el mercado global”, señaló, al tiempo que destacó que conflictos geopolíticos, como las tensiones entre Estados Unidos e Irán, continúan presionando los precios del petróleo.
El impacto ya se refleja en la economía cotidiana. Comerciantes reportan incrementos en productos como el jitomate y el limón, mientras que transportistas advierten una reducción en sus márgenes de ganancia debido al encarecimiento del combustible.
“El empresario termina trasladando el aumento en sus costos al consumidor final. Es quien lo resiente directamente en su bolsillo”, concluyó el especialista.
Utilidades del diésel
- Transporte de carga: Principal combustible para camiones y tráileres que sostienen la logística nacional e internacional.
- Transporte público: Autobuses urbanos y foráneos dependen del diésel por su eficiencia y rendimiento.
- Maquinaria agrícola: Tractores, cosechadoras y sistemas de riego lo utilizan, impactando directamente en la producción de alimentos.
- Industria de la construcción: Excavadoras, grúas y maquinaria pesada operan con diésel, clave para obras de infraestructura.
- Generación eléctrica: Plantas de emergencia y zonas sin acceso a la red eléctrica usan diésel como fuente de energía.
- Sector minero: Equipos de extracción y transporte en minas dependen de la utilización cde este combustible.
- Transporte marítimo y ferroviario: Buques y trenes utilizan diésel para movilizar mercancías a gran escala.
- Respaldo energético empresarial: Hospitales, industrias y centros de datos lo emplean en plantas de respaldo.
- Industria manufacturera: Alimenta equipos y procesos en fábricas, influyendo en costos de producción.
- Impacto económico general: Su precio incide en inflación, costos logísticos y cadenas de suministro en múltiples sectores.
Detona afectaciones
El diésel es un insumo esencial para el transporte de carga. Sin este combustible, las unidades pesadas simplemente no podrían operar. En el sector logístico, su consumo representa hasta 40% de los costos operativos, lo que lo convierte en un factor determinante en la formación de precios. Por ello, cualquier incremento en su valor repercute de manera directa en el costo final de los productos que llegan al consumidor.
En las últimas semanas, el precio del diésel ha superado la barrera de los 29 pesos por litro en distintas estaciones de la Zona Metropolitana de Guadalajara. Este aumento ya comienza a reflejarse en los mercados locales, donde comerciantes reportan alzas en productos básicos, especialmente en frutas y verduras.
En recorridos por distintos puntos de abasto de la ciudad, vendedores coinciden en que el encarecimiento del transporte está presionando los precios. “El limón está entre 40 y 50 pesos el kilo; el jitomate también subió, aunque ahorita se ha estabilizado un poco. En frutas, como el mango, también hay variaciones, aunque ahí influye la temporada”, comenta Wills, comerciante del Mercado Corona.
Más allá de la estacionalidad, el factor logístico es clave. Los productos recorren largas distancias antes de llegar a los mercados, y cada tramo implica un costo adicional. “Todo es por el traslado. Te cobran más y eso se refleja en el precio. Todo tiene que ver con el incremento de los combustibles”, añade el comerciante.
José Guadalupe Delgado, vendedor en el Mercado Alcalde, señala que el sector ya está acostumbrado a la volatilidad, aunque reconoce que el contexto actual es más complejo. “Los precios suben y bajan, es parte del sistema en el que trabajamos, pero sí se han incrementado. Sobre todo en frutas y verduras, que son lo que vendemos diario”, explica.
Detalla que algunos productos han mostrado un comportamiento particularmente sensible. “El jitomate ya estaba caro, bajó un poco, pero otra vez va al alza. El limón también ha subido bastante”, apunta. Actualmente, el jitomate se comercializa entre 45 y 50 pesos por kilogramo, mientras que el limón alcanza precios de entre 50 y 60 pesos por kilo, dependiendo de la calidad y el origen.
En otros mercados, como el de Atemajac, en Zapopan, los comerciantes anticipan que la tendencia podría extenderse a más productos. Héctor, vendedor de frutas y verduras, advierte que artículos como el tomate verde, la papa e incluso el pollo podrían encarecerse en las próximas semanas. “Todo lo que se mueve en transporte se ve afectado. Si el diésel sube, todo sube”, resume.
El fenómeno no es aislado ni temporal. El diésel es el motor de la cadena de suministro: mueve alimentos, insumos y mercancías en todo el país. Cuando su precio aumenta, el impacto se propaga de manera escalonada, desde el productor hasta el consumidor final.
Por ahora, el incremento sostenido del combustible ya comienza a sentirse en el bolsillo de las familias. Y aunque factores como la temporada influyen en algunos productos, comerciantes coinciden en que el alza en el diésel se ha convertido en un componente central del encarecimiento.
Con precios que rebasan los 29 pesos por litro, el combustible no solo impulsa vehículos: también está empujando hacia arriba el costo de la vida cotidiana.
CT