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Los errores de Milito; Chivas perdió su pase a la final tras renunciar a su ideología

El técnico apostó por un planteamiento completamente distinto al que había consolidado durante la campaña y el costo terminó siendo demasiado alto

La derrota de Chivas en la vuelta de las semifinales dejó mucho más que un marcador adverso. Más allá del resultado, la sensación que quedó fue la de un equipo que, en el momento más importante del torneo, renunció a la identidad que lo había llevado hasta esa instancia. Gabriel Milito apostó por un planteamiento completamente distinto al que había consolidado durante la campaña y el costo terminó siendo demasiado alto.

A lo largo del torneo, Guadalajara encontró sus mejores versiones siendo un equipo agresivo, intenso y protagonista. La presión alta, la recuperación rápida y el juego en campo rival se convirtieron en las principales fortalezas del Rebaño. Sin embargo, en la final de vuelta ocurrió todo lo contrario. Desde el inicio, Chivas mostró una postura conservadora, replegada y más preocupada por resistir que por competir el partido desde la iniciativa.

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El equipo retrocedió varios metros, cedió la posesión y permitió que Cruz Azul se sintiera cómodo con el balón. La presión adelantada prácticamente desapareció y Guadalajara perdió rápidamente el control emocional y futbolístico del encuentro. La sensación era clara: Chivas salió a cuidar el resultado en lugar de buscar imponer condiciones.

Uno de los errores más evidentes estuvo en la alineación inicial. Más allá de las ausencias que arrastraba el plantel, Milito optó por colocar futbolistas en posiciones poco habituales, una decisión que terminó afectando directamente el funcionamiento defensivo del equipo.

El caso más claro fue el de Bryan González como central por izquierda. El lateral sufrió durante gran parte de la serie jugando en una zona que no domina y terminó involucrado en las dos anotaciones de Cruz Azul. En el primer gol, su rechace de cabeza dejó el balón a merced de Jeremy Márquez para el 0-1. Después, en la segunda anotación, no logró cerrar correctamente la marca sobre Agustín Palavecino, obligando a Diego Campillo a salir apresuradamente y provocando el desvío que terminó venciendo a Whalley.

La decisión no solo debilitó la defensa, también rompió la estructura colectiva de un equipo que durante el torneo había encontrado estabilidad precisamente respetando roles y automatismos.

En ofensiva, Chivas también perdió peso específico. El equipo nunca logró atacar con claridad y lució partido durante amplios lapsos del encuentro. La circulación fue lenta, las transiciones desaparecieron y los futbolistas ofensivos quedaron aislados.

En ese contexto, también llamó la atención la salida de Efraín Álvarez. Aunque el atacante no atravesaba su mejor momento en el cierre del campeonato, seguía siendo uno de los pocos jugadores capaces de generar peligro con disparos de media distancia, especialmente ante un Kevin Mier que venía mostrando ciertas dudas bajo los tres palos. Chivas renunció demasiado pronto a una de sus pocas herramientas ofensivas.

Otro punto que generó cuestionamientos fueron los cambios realizados al inicio del segundo tiempo. Milito movió piezas demasiado temprano y terminó alterando el funcionamiento del equipo cuando todavía existía margen para corregir sin desordenar la estructura.

Las modificaciones provocaron que Guadalajara perdiera equilibrio en el mediocampo y cediera todavía más terreno. En lugar de recuperar el control del partido, los cambios transmitieron la sensación de ser una reacción impulsada por el temor a recibir otro gol. El equipo dejó de conectar líneas, perdió capacidad de salida y prácticamente entregó la pelota.

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Desde el banquillo tampoco apareció una reacción clara. Durante gran parte del complemento, el equipo rojiblanco no encontró variantes ofensivas ni respuestas emocionales para cambiar el rumbo del partido. La desesperación comenzó a imponerse y el funcionamiento colectivo terminó desapareciendo por completo.

Cuando el equipo intentó ser protagonista durante el torneo, encontró sus mejores momentos futbolísticos; cuando decidió especular y protegerse, perdió fortaleza y personalidad.

En el partido decisivo, Chivas dejó de parecerse al equipo que había construido su camino hasta la pelea por el campeonato. Esa es la crítica más fuerte hacia Gabriel Milito: el Rebaño perdió más por abandonar su identidad que por las virtudes de Cruz Azul. En un juego donde el miedo a equivocarse pesó más que la ambición de ganar, Chivas terminó traicionando la esencia que lo había hecho competitivo.

SV

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