Una mirada radical sobre el cine: Darren Aronofsky marca la edición del FICG
Aronofsky dio una clase magistral ante un salón lleno, silencioso y expectante, repleto de fanáticos, estudiantes y otros directores entusiastas
La mirada de Darren Aronofsky es una de las más inquietantes del cine moderno. Su cine se orilla hacia esos rincones oscuros e incómodos del alma humana; las obsesiones, lo perturbador, cómo esos sueños que tanto anhelamos se van tergiversando poco a poco en pesadillas. Sus personajes ven poco a poco cómo sus mundos se van desmoronando, y es en esos límites y en esa angustia que explora lo inquietante, lo cruel, y lo inesperado que reside dentro de nosotros mismos.
El director estadounidense ha dado al acervo cinematográfico mundial películas que en determinado momento llegan a la vida de todo aquel a quien le guste el cine; "Réquiem por un sueño", "El Cisne Negro, “Madre!” y “La Ballena”, entre otras. Cine que pica las entrañas, que se padece tanto como se disfruta, y se queda enterrado como una espina tiempo después de haber sido vistas. Para hablar de su visión, de sus procesos y obsesiones, Aronofsky dio una clase magistral este martes durante el Festival Internacional del Cine en Guadalajara, ante un salón lleno, silencioso y expectante, repleto de fanáticos, estudiantes y otros directores entusiastas.
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Conversando con Gonzalo Lira, la presencia de Aronofsky se convirtió en uno de los momentos más esperados y comentados de la actual edición del encuentro cinematográfico. Su llegada a la ciudad no solo representó la visita de una figura consolidada del cine contemporáneo, sino también la oportunidad de escuchar a un creador cuya filmografía ha explorado con persistencia los límites emocionales, físicos y espirituales de sus personajes. La expectación en torno a su participación confirmó el peso simbólico de su trayectoria y la relevancia que su mirada mantiene dentro de la industria global.
El realizador compartió reflexiones sobre su proceso creativo, las dificultades de levantar proyectos independientes y la relación que mantiene con los actores y las historias que decide contar; abordó los retos que enfrentó en sus inicios y la forma en que las restricciones económicas, lejos de convertirse en un obstáculo insalvable, terminaron por definir el estilo visual que lo distingue.
El director recordó que su primera película nació de una necesidad práctica: encontrar una manera posible de filmar con recursos limitados. “Siempre he tenido muchos límites y fronteras. Cada vez que intentas hacer algo que no es ordinario, te enfrentas a realidades económicas que son duras. Entonces tienes que descubrir, dentro de esos límites estrechos, qué puedes hacer realmente y hasta dónde puedes llegar”, explicó. Esa experiencia temprana, añadió, moldeó su forma de entender el cine y le enseñó que la creatividad surge con mayor claridad cuando las condiciones obligan a tomar decisiones precisas.
Durante la charla, el realizador evocó el periodo posterior a su formación académica, cuando intentó producir un guion inspirado en el barrio donde creció, en Brooklyn. El proyecto resultó demasiado costoso y, tras varios intentos fallidos de financiamiento, se vio obligado a replantear su estrategia. Esa etapa, señaló, marcó un aprendizaje decisivo sobre la persistencia y la adaptación en un medio donde la incertidumbre es constante. “Siempre digo a los jóvenes que es muy raro que el primer guion se convierta en una película. El primer proyecto es un proceso de aprendizaje muy importante. Eres muy afortunado si logras hacerlo”, comentó.
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El reconocimiento internacional que alcanzó con sus primeras obras no fue inmediato. El director recordó que, incluso después de terminar su película debut y lograr su inclusión en un festival de prestigio, la obra seguía siendo considerada una propuesta extraña dentro del panorama cinematográfico. Sin embargo, el encuentro con el público resultó determinante para consolidar su carrera. En ese sentido, subrayó la importancia de los festivales como espacios de descubrimiento y formación para nuevos realizadores.
“Es la forma en que llegas por primera vez a una audiencia. Los festivales son especialmente importantes para los cineastas jóvenes o emergentes. Son una manera de encontrar público. Estoy muy agradecido por eso, y por eso siempre estoy dispuesto a asistir a festivales como este y conocer a la gente. Me inspira esa energía, porque me recuerda el inicio”, afirmó.
Más allá de los aspectos técnicos, la conversación giró en torno a la dimensión humana del trabajo cinematográfico, especialmente en la relación entre director y actor. El realizador compartió una anécdota sobre su primer encuentro con una intérprete de amplia trayectoria -Ellen Burstyn, protagonista de la película "Requiem for a Dream"-, episodio que, según relató, estuvo marcado por la intimidación y la inseguridad propias de un creador en formación.
“Nunca olvidaré la primera vez que trabajé con Ellen Burstyn. Estaba aterrorizado. Tenía una cámara en la mano y era incapaz de pedirle que posara para una fotografía. Estaba a punto de filmar cientos de miles de metros de película con ella, pero no me atreví a tomar una simple foto”, recordó. El cineasta destacó que la energía de los actores constituye uno de los motores principales del proceso creativo. Para él, la interpretación alcanza su mayor intensidad cuando el intérprete logra conectar con una dimensión emocional profunda, capaz de trascender la técnica y generar una experiencia auténtica frente a la cámara.
“Hubo momentos en los que sentí que estaba presenciando algo extraordinario. Hay momentos en los que un actor entra completamente en el estado creativo. Es como cuando vemos a un atleta en su mejor momento o a un músico en un concierto. Están conectados con algo más profundo que todos nosotros”, señaló.
Las batallas del cine
A lo largo de su trayectoria, Darren Aronosfky ha enfrentado múltiples desafíos financieros, incluso después de consolidar su reputación internacional. Relató que uno de los proyectos más difíciles de producir fue The Wrestler, una historia centrada en un luchador profesional en declive que requirió una inversión significativa y un respaldo creativo firme. “Fue muy duro escuchar que trabajar con ese actor reducía el valor de la película”, confesó. "Pensé en trabajar con otro actor, pero no tenía sentido hacerlo de otra manera. Un productor me dijo: ‘Lo vamos a resolver. Vamos a encontrar la manera de hacerla’ ”. No teníamos el dinero, pero decidimos hacerlo de todos modos. La película terminó ganando el Festival de Venecia y después se vendió en Toronto, lo que es el sueño de cualquier cineasta".
El director recordó también el proceso de selección del actor Brendan Fraser para protagonizar la película "The Whale", un proyecto que tardó años en concretarse. La elección, explicó, respondió a la necesidad de encontrar a un intérprete dispuesto a asumir un reto físico y emocional profundo.
La conversación abordó también la relación entre confianza y experiencia en la industria cinematográfica. Aronofsky reconoció que el respaldo institucional y financiero se vuelve más accesible con el paso del tiempo, cuando la trayectoria demuestra consistencia y capacidad de liderazgo. Sin embargo, señaló que el verdadero desafío consiste en construir credibilidad durante los primeros años de carrera.
“Lo más difícil cuando eres joven es generar confianza. Creo que empieza con la honestidad y la comunicación: explicar claramente por qué quieres hacer algo y cuáles son las limitaciones”, afirmó. El realizador enfatizó que la pasión por contar historias constituye el elemento fundamental para superar los obstáculos del oficio. La industria cinematográfica, explicó, implica enfrentarse a rechazos constantes y a procesos de negociación complejos, situaciones que ponen a prueba la determinación de los creadores.
“Vas a recibir cientos —o miles— de rechazos. Si no crees en lo que haces, es muy difícil continuar”, sostuvo.
La visita de Aronofsky al festival tapatío reafirmó la dimensión internacional del encuentro y su capacidad para convocar a figuras influyentes del cine contemporáneo. Su presencia generó un diálogo directo con estudiantes, cineastas y público especializado, consolidando un intercambio que trasciende la exhibición de películas y se convierte en una reflexión colectiva sobre el oficio cinematográfico.
En Guadalajara, el realizador compartió no solo su experiencia profesional, sino también una visión del cine entendida como un espacio de búsqueda constante, donde cada historia representa una oportunidad para explorar la complejidad de la condición humana.
JM