Antonio Ramírez: el arte como protesta y trinchera en la vida
El pintor, grabador y muralista reivindica el arte como una forma de resistencia frente al capitalismo, la violencia y las injusticias sociales
El arte es una de las muchas maneras que tiene la vida para hacerse paso a través de las penumbras. Da luz y aire, brinda vida. Es mar y refugio, santuario y cueva. El arte, esa eclosión que brota en la composición de una canción hasta en el recorrido del pincel que da forma al óleo, esa metamorfosis que nace en la soledad de la escritura, en la mano que da corporeidad a una escultura. Pero el arte también es denuncia, política y protesta. Es grito y aullido, es multitud y calor, es golpe y ruido. El arte es trinchera.
Para Antonio Ramírez Chávez, el arte ha sido, al mismo tiempo, la denuncia y el respiro, la lucha y la vida, la protesta y la creación. Nacido en Ciudad de México en 1944, pero radicado en Guadalajara desde 1983 -y aunque en este punto y por costumbre es más tapatío que muchos, el maestro se dice “más chilango que nada”-, Antonio Ramírez ha dedicado su vida entera a distintas disciplinas artísticas; la pintura, el grabado, la escultura y el muralismo, entre muchas otras.
Expresiones vinculadas por un profundo sentimiento político, de protesta y de denuncia, y por la convicción rotunda de que el arte es una de las maneras que tiene la vida para protestar desde las barricadas del alma y de la inspiración.
En entrevista con EL INFORMADOR, Antonio Ramírez compartió sus primeras andanzas en el arte, su visión de sí mismo no como artista sino como “hacedor del arte”, sus procesos creativos con los cuales ha conformado uno de los acervos pictóricos y plásticos más interesantes de México, y las distintas inquietudes políticas -como su acercamiento al Ejército Zapatista de la Liberación Nacional-que han marcado su carrera para llevar la creación al terreno de la denuncia y la lucha social.
Primeros pasos y procesos creativos
El maestro Antonio Ramírez comenzó a pintar desde una edad muy temprana en la vida. Se mudó a Guadalajara, en 1983, debido a complicaciones familiares, y para darles una mejor vida a sus cuatro hijos adolescentes.
Su proceso creativo no responde a algo premeditado, sino a los milagros repentinos de la inconsciencia y la inspiración.
Admira a María Izquierdo, José Clemente Orozco, Juan Soriano y Francis Bacon, pero es Pablo Picasso -“mi guía” en palabras del maestro-, quien ocupa un lugar especial e indiscutible en su corazón.
“Pinto desde adolescente, desde casi niño”, comparte Antonio Ramírez. “Tenía unos parientes míos, primos, mayores que yo, que salían mucho al campo a hacer paisajes en óleo, y me les fui pegando. Me gustó mucho, y después de eso estudié en la escuela La Esmeralda, en México. Ahí empecé de manera formal, más disciplinada, aunque ya había pintado a través de estos parientes; he hecho muchas cosas, uno va cambiando... Trato de no voltear hacia atrás”.
“Mis procesos son diferentes en cada cuadro. Antes hacía mis bocetos, los trabajaba, y me ponía a trazar la tela, la madera, lo que fuera, y me ponía a pintar. Últimamente, trabajo haciendo bocetos muy indefinidos en los que prácticamente soy yo el que está entendiendo de qué se trata. No intento elaborarlos mucho, nada más me doy la idea. A veces, incluso, hago rayones por donde vayan saliendo, con los ojos cerrados. Y de algo que me gusta, algo que podría ser interesante, por ahí le doy. Me emociona, me gusta. No es que busque un tema determinado, sino que me salen de manera inconsciente. En ese sentido, soy un poco parecido a los surrealistas”.
El arte, una manera de respirar
Para Antonio Ramírez, el arte tiene las características de la respiración: es imprescindible para vivir; es parte necesaria de la vida, quien no respira no vive. En este punto en el que nos encontramos, tanto en Jalisco como en México y el resto del mundo, el maestro lamenta que para muchos de los que se dicen artistas, el arte ya no tenga que ver con esa raíz fundamental que le da sentido a todo.
“Veo que hoy el arte -en general-, en la gran mayoría, y lo siento, está muy cooptado por el comercio. Hay mucha mediocridad en el ambiente plástico. No deja de haber gente con un valor auténtico, jóvenes que no se dejan llevar por los cantos de sirena, pero la mayoría se conducen por lo que se vende. Picasso decía, en una ocasión, precisamente, que hay pintores que pintan para vender. Pero también hay pintores que venden para pintar. Y esos son mis artistas. Para mí el arte es una manera de respirar, como quien dice. No estoy seguro si soy un artista, pero sí sé que soy un pintor y un hacedor de grabado, cultura y escultura, con la pretensión de alcanzarme algún día a sentir como un verdadero artista. Porque mucha gente se dice artista y la verdad deja mucho que desear, no quiero estar yo en ese caso”, asegura el maestro.
Con más de cincuenta años de carrera, y con la incerteza de no sentirse muy seguro de ser un artista, Antonio Ramírez ha ganado reconocimientos como el Premio Nacional de Pintura de Aguascalientes, el Concurso Nacional de Pintura de Contenido Político y Social de la Universidad de Puebla; además, fue ganador del premio único de grabado en la IV Bienal de Pintura y Grabado Alfredo Zalce. Su obra ha estado expuesta en Nueva York, San Francisco y Brasil, y ha formado parte de lugares nuestros como el Instituto Cultural Cabañas, el Museo de las Artes (MUSA) de la Universidad de Guadalajara, el Congreso del Estado de Jalisco, el Ex Convento del Carmen y en la Biblioteca Iberoamericana.
Acercamiento a los zapatistas
Producto de sus inquietudes políticas, de sus afinidades con el movimiento zapatista, y de su convicción de que el arte es una herramienta de la vida para enfrentarse a un sistema que deja de lado al ser humano, el maestro ilustró un polémico libro titulado “Noches de fuego y desvelo”, escrito nada más y nada menos que por el mismo subcomandante Marcos.
No era la primera vez que Antonio Ramírez hacía uso de elementos zapatistas en sus obras -siendo los ejemplos más claros el mural de la Casa del Arte de Ciudad Guzmán y el que se encuentra también en el Congreso de Jalisco-, pero participar en el libro fue una manera más íntima de acercarse a un movimiento que hacía eco de sus propios desasosiegos.
“Noches de fuego y desvelo” es un libro que hice junto con un diseñador de México, Efraín Herrera, y el subcomandante Marcos. Es un libro erótico, político. Cuando ellos -los zapatistas- surgieron a la vida pública, los que ya teníamos un colectivo -yo formé uno que se llama Colectivo Callejero, en 1984-, dijimos: ‘esta gente piensa como nosotros’. Y nos unimos a sus voces, tratamos de ayudar en lo que podíamos desde nuestras posibilidades. Y así fue como empezamos en el zapatismo. El subcomandante Marcos es una persona muy relajada. Nuestro encuentro se dio de una manera muy natural: él se da o no se da. Él se comunicó con nosotros y se dio de una manera muy fácil. Es un tipo de mucha inteligencia y mucha cultura, muy sensible. Se interesó mucho en lo que pinto, no por los temas del zapatismo que yo pintaba, sino por la pintura en sí. Él es una persona muy culta”.
Con más de la mitad de su vida dedicada al hacer del arte, y a la denuncia y a la protesta desde sus obras, el maestro Antonio Ramírez Chávez, aun sabiendo que hay trincheras a las que se seguirá enfrentando con esa inspiración que le da guía y sentido, se siente satisfecho. Todavía queda mucho por hacer. “No hay una obra que me guste más que otra. Es el conjunto de mis trabajos lo que me hace sentir bien. Mi mayor orgullo es que no he abandonado la trinchera y sigo resistiendo”, finalizó.
Arte y política
Sin duda, una de las obras más importantes del artista es el mural titulado “Sueño y pesadilla del poder”, de 135 metros cuadrados, se encuentra en uno de los corredores principales de la Casa del Arte en CuSur de Ciudad Guzmán. Tanto este mural como el que se encuentra en el Congreso de Jalisco, titulado “Luz y tinieblas en nuestro andar”, fueron dedicados por el maestro a la lucha zapatista del sureste de México, movimiento con el que se identificó y encontró afinidades que se volvieron fundamentales en un periodo de su obra artística. Pues una de las características más importantes en la obra de Antonio Ramírez es el arte como un acto de protesta contra el sistema capitalista. Para un hacedor de arte como él, no hay herramienta más grande contra la lógica inclemente del monstruo.
“A algunos no nos queda de otra, más que el arte. Esa es nuestra herramienta. Otros lo hacen de otras maneras. El arte en general se da siempre antagónico al modo de producción capitalista, porque al arte produce vida, nos despierta sensaciones positivas, nos hace sentir humanos. El capitalismo solamente piensa en la máxima ganancia. Entonces el arte es una manera de enfrentarnos aunque sea una manera muy limitada. Lo más que puede uno hacer es pintar cuadros que denuncien las atrocidades, como Picasso cuando pintó “Guernica”, como protesta a la invasión que hicieron los fascistas que bombardearon la población de Guernica. Picasso pintó ese gran cuadro, hermosísimo, de gran garra, como una enorme protesta contra la muerte”.
“Es lo que queda, para uno que se dedica a esto. No hay mucho por dónde darle, sobre todo cuando nos marean con supuestas soluciones a la vida miserable que lleva la mayoría de la gente. En México han pasado muchas cosas terribles. Me tocó el 68 -no participé en las asambleas, pero sí en las marchas y en las movilizaciones-, y me tocó ver las represiones. Luego Aguas Blancas, Acteal, Ayotzinapa. Esto de los desaparecidos es una cosa terrible, y siento que el gobierno no está atendiendo lo suficiente. El arte le da unas barnizadas al capitalismo, al sistema, pero realmente no es una solución a la miseria y al desastre”.
CT