Cultura

“Monotipias de Simón Cruz”: El arte de lo irrepetible

La monotipia llevó a Simón Cruz a experimentar con el error, la intuición y la identidad en una serie de piezas únicas que ahora llegan a Guacha Bato

La monotipia obliga a decidir con rapidez. Cada impresión es irrepetible y cada movimiento sobre la placa determina una imagen que no volverá a existir. Esa condición de obra única fue el punto de partida para la segunda residencia artística de Simón Cruz en el taller Guacha Bato —ubicado en la calle Contreras Medellín 357, Zona Centro, Guadalajara —, donde durante tres semanas produjo cerca de 40 piezas que ahora integran la exposición “Monotipias de Simón Cruz”.

Conocido por una obra poblada de personajes expresivos y escenas cargadas de simbolismo, Cruz encontró en esta técnica un terreno fértil para continuar explorando uno de los temas que atraviesa buena parte de su producción: la identidad y las múltiples voces que conviven dentro de una misma persona.

“Monotipias de Simón Cruz”. La muestra presenta obras hechas con grabado. EL INFORMADOR/J. Acosta

“En mi trabajo siempre hablo de la identidad del personaje que habita dentro de uno mismo, de esa complejidad que existe en el pensamiento. Es un tema que siempre ha estado presente en mi obra. Los personajes aparecen ahí porque intento comprender esa forma tan compleja que tenemos todos de pensar. También influye mucho esa necesidad constante que tengo por vivir con intensidad, esa urgencia por hacer las cosas”, explicó el artista, en presentación para medios en la que estuvo presente EL INFORMADOR.

Su trayectoria se ha desarrollado principalmente en la pintura, esta es apenas la segunda ocasión en que trabaja con monotipia. El proceso comenzó hace un par de años, cuando fue invitado por Guacha Bato a realizar una primera residencia. Desde entonces, el grabado se convirtió en una herramienta que amplió las posibilidades de su lenguaje visual. “Yo no tenía conocimiento del proceso del grabado y aquí, de alguna manera, me fueron enseñando, guiando, hasta familiarizarme con una técnica que ha resultado muy generosa para mi trabajo y para mi labor como creador”.

La muestra está conformada por 40 piezas. EL INFORMADOR/J. Acosta

La muestra reúne piezas realizadas en apenas tres semanas de trabajo. Antes de llegar al resultado final hubo numerosas pruebas, errores y ajustes que permitieron al artista comprender las posibilidades del proceso. “Al principio incluso les decía que hice muchas ‘cochinadas’ antes de arrancar realmente. Necesitaba equivocarme para entender el proceso y descubrir cuál podía ser el resultado final. Creo que esa siempre es la dinámica del trabajo artístico: entender el oficio a partir del ensayo”, explicó.

Para Raquel Gutiérrez, editora de Guacha Bato, ese intercambio constituye uno de los mayores valores de las residencias artísticas. Aunque el taller acumula décadas de experiencia en técnicas de grabado, cada creador plantea problemas distintos y obliga al equipo a encontrar nuevas soluciones.

Las piezas contienen fragmentos de las experiencias del autor. EL INFORMADOR/J. Acosta

“La monotipia es una técnica de pieza única. Se caracteriza por ofrecer resultados inmediatos y una enorme libertad para el creador”, comentó. “Aquí la intervención del artista responde únicamente a su propia iconografía, a su lenguaje y a su proceso creativo. Con Simón ocurrió algo muy interesante porque la técnica se adaptó muy bien a su forma de trabajar. La monotipia y el artista encontraron un punto de entendimiento muy natural”.

Esa libertad también modifica la relación entre la obra y quien la observa. Cruz evita construir imágenes con una interpretación cerrada y prefiere que cada espectador complete el sentido desde su propia experiencia. “Nunca espero que el espectador encuentre exactamente lo mismo que yo. Creo que cada quien llega con su propia historia y termina construyendo una lectura distinta de la obra. A mí me interesa mucho esa posibilidad de que una imagen pueda abrir preguntas. No me gusta explicar demasiado lo que hago porque siento que, si lo hago, le quito libertad a quien está viendo el trabajo”, agregó.

Cada obra presenta emociones, pensamientos, miedos y alegrías del pintor. EL INFORMADOR/J. Acosta

El artista reconoce que, aunque los personajes no son autorretratos, todos contienen fragmentos de su propia experiencia. La lectura también ocupa un lugar central dentro de ese proceso creativo. Literatura, filosofía, historia y ensayo alimentan un imaginario que más tarde termina transformándose en imágenes.

“Hablan de emociones que conozco, de pensamientos, de miedos, de alegrías, de contradicciones. Creo que cualquier artista termina poniendo algo de sí mismo en lo que hace. No podría trabajar de otra manera”, cuenta. “A veces una imagen nace de una conversación; otras veces, de una frase que leí hace meses y que de pronto vuelve cuando estoy pintando. Creo que el trabajo del artista consiste también en mantenerse alimentando la imaginación todo el tiempo”, concluyó.

Raquel Guerrero, editora de Guacha Bato, y Simon Cruz durante la presentacion de la exposición. EL INFORMADOR/J. Acosta

Diálogo con el grabado

Después de tres semanas de residencia, Simón Cruz indicó que el aprendizaje rebasa las obras producidas y permanece en la convivencia cotidiana con quienes hicieron posible el proyecto. “Las obras son importantes, claro, pero también lo son las conversaciones, las personas que conoces, los errores que cometes durante el proceso y las soluciones que encuentras entre todos. Creo que eso es lo que realmente permanece”.

Por su parte, Raquel Gutiérrez compartió esa visión desde el otro lado del taller. “Cada artista deja algo en Guacha Bato. No solamente las obras. También deja formas distintas de pensar, de resolver problemas y de mirar una imagen. Todo eso termina formando parte de la historia del taller”.

La exposición “Monotipias de Simón Cruz” será inaugurada el próximo sábado 1 de agosto, a las 13:00 horas, en el taller Guacha Bato, donde permanecerá abierta para que el público conozca el resultado de esta segunda residencia artística y el diálogo que el pintor estableció con una de las técnicas más singulares del grabado contemporáneo.

Para Simón Cruz, esa historia continúa construyéndose a través del trabajo cotidiano y de una convicción sencilla que resume su manera de entender el arte y el paso del tiempo. “La gente se muere. Entonces, hay que vivir”, finalizó.

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