Cultura

La FIL ya tiene prólogo

El Premio Strega convierte a México en su única escala internacional antes de anunciar a su ganador y anticipa la apuesta cultural de Italia

Antes de que comiencen a levantarse los pabellones de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), antes de que las plazas de la ciudad se llenen de italiano y las conversaciones sobre literatura ocupen cafés, auditorios y museos, Italia llega al país de otra manera: con sus novelas. No con una delegación multitudinaria, sino con aquello que durante ocho décadas ha considerado lo mejor de su narrativa contemporánea.

México será este año la única escala internacional del Premio Strega antes de que el galardón encuentre a su nuevo ganador en Roma. No es una decisión cualquiera: en la práctica significa que los seis finalistas del premio literario más importante de Italia visitan el país antes incluso de conocerse el nombre del vencedor, convirtiéndose en el único lugar fuera de Italia donde el Strega hace una parada oficial dentro de la gira conmemorativa por sus ochenta años de existencia.

La visita también funciona como el primer gran anuncio cultural de lo que ocurrirá en diciembre, cuando Italia sea el País Invitado de Honor de la FIL Guadalajara 2026, una participación que irá mucho más allá de la literatura para extenderse hacia la música, las artes visuales, el cine y el pensamiento contemporáneo. En ese contexto, EL INFORMADOR conversó con el director del Instituto Italiano de Cultura en México, GianniVinciguerra, y tres de los finalistas del Premio Strega 2026: MatteoNucci, Elena Rui y MicheleMari, autores cuyas obras representan búsquedas literarias muy distintas entre sí, pero que comparten la intención de dialogar con el presente desde perspectivas profundamente personales.

La historia literaria de Italia

Hablar del Premio Strega significa recorrer buena parte de la literatura italiana del último siglo. Fundado en 1947 por María y GoffredoBellonci junto con el grupo de intelectuales conocido como los AmicidellaDomenica, el galardón nació con la intención de reconstruir la vida cultural italiana después de la Segunda Guerra Mundial. Con el paso de las décadas terminó convirtiéndose en el reconocimiento literario más importante del país y en una referencia para comprender la evolución de su narrativa contemporánea.

Por sus listas de ganadores han pasado algunos de los nombres fundamentales de la literatura italiana: Alberto Moravia, Umberto Eco, Dacia Maraini, Antonio Scurati y decenas de escritores que hoy forman parte del canon europeo. En su edición número ochenta, el premio reunió a seis finalistas elegidos entre más de una docena de obras, cuyos resultados se conocerán este 8 de julio en la Piazza del Campidoglio, en Roma.

Para Gianni Vinciguerra, presentar el Premio Strega en México antes de esa ceremonia posee un fuerte valor simbólico. “El Premio Strega tiene una trayectoria de 80 años. Por él han pasado los libros más importantes de Italia. Siendo la FIL Guadalajara una feria internacional del libro, estamos muy contentos de haber presentado al público mexicano el reconocimiento”, explica. “Es un premio dedicado a la narrativa, a los libros y al fomento de la lectura, y comparte los mismos valores de la FIL: impulsar la lectura, dar a conocer a los mejores autores y promover el diálogo entre escritores y lectores”.

“Ese es el sentido de presentar el Premio Strega en México: calentar motores rumbo a la FIL con un galardón de enorme importancia para Italia. Si revisamos la lista de autores premiados durante estos ochenta años encontramos a muchos escritores que hoy forman parte del canon de nuestra literatura”, agrega.

El director del Instituto Italiano de Cultura recuerda que el Strega nunca ha pretendido seguir modas editoriales pasajeras. Su prestigio proviene precisamente de haber privilegiado la calidad literaria. “Sus ganadores son escritores muy sólidos, voces centrales de nuestras letras; lo han ganado grandes firmas de nuestra literatura”, indica.

La antesala de una FIL italiana

La presencia del Premio Strega constituye el comienzo de una programación más amplia. Para Vinciguerra, la participación italiana en la FIL no pretende limitarse a la literatura. La intención consiste en ofrecer un retrato amplio de la creación artística contemporánea de su país. 

“Para nosotros representa la oportunidad de presentar al público mexicano varias vertientes de la creatividad italiana. La FIL no solamente es una feria del libro; también presenta música, cine, exposiciones y actividades escénicas. Alrededor de la FIL circula la cultura en todos sus sentidos”, dice. 

“Tendremos nuestro pabellón, por supuesto, y un programa literario fuerte. También estaremos presentes en FIL Pensamiento y FIL Poesía. Llegaremos con exposiciones que se instalarán en distintos museos de la ciudad. Habrá nueve noches musicales en el Foro FIL y también presencia en artes escénicas. La FIL nos dará la oportunidad de mostrar lo que actualmente se hace en Italia a nivel artístico, no solamente en literatura, sino también en artes plásticas y escénicas. Para nosotros es una gran ventana hacia México”, suma.

Sin duda, cuando Italia inaugure en diciembre su participación como País Invitado de Honor de la FIL Guadalajara, llegarán escritores, artistas, músicos, cineastas y pensadores. Pero ese diálogo ya comenzó con cuatro voces: Gianni Vinciguerra, quien ve la cultura como un puente entre dos países; Matteo Nucci, convencido de que Platón sigue explicando el presente; Elena Rui, para quien la lengua sigue siendo un hogar a la distancia; y Michele Mari, quien entiende la tradición como una materia viva.

Volver a Platón para entender el presente

Si hubo un autor que llevó la conversación hacia el terreno de las grandes preguntas, ese fue Matteo Nucci. Novelista, ensayista y uno de los principales divulgadores contemporáneos del pensamiento griego en Italia, Nucci ha dedicado buena parte de su obra a dialogar con los clásicos, convencido de que siguen siendo interlocutores del presente y no simples piezas de museo.

Su novela finalista, “Platone. Una storiad’amore”, vuelve sobre la figura del filósofo ateniense desde una perspectiva íntima, pero el verdadero interés del escritor no consiste en reconstruir el pasado, sino en utilizarlo para comprender el presente.

“Platón no hablaba solamente a sus amigos y a sus enemigos de hace dos mil cuatrocientos años. Habla al ser humano. Platón es eterno. Su búsqueda del sentido y del misterio del ser humano atraviesa todas las épocas. Eso es precisamente lo que intento contar en mi novela. Fue un hombre, claro, pero sus palabras siguen hablándonos a todos”, explica.

Para Nucci, basta observar las guerras contemporáneas para comprobar que las preguntas fundamentales apenas han cambiado. “Cuando pensamos en la guerra o en los horrores que son consecuencia de las acciones humanas, Platón continúa hablándonos con enorme claridad sobre lo que ocurre hoy”.

El Premio Strega representa para el autor mucho más que un reconocimiento editorial: es formar parte de la historia de la literatura italiana. “Es el galardón literario más importante de Italia. Ganarlo significa llegar a más lectores, vender más libros y alcanzar una enorme visibilidad. Todos los escritores soñamos con ganarlo”, afirma.

Aunque es la tercera vez que figura entre los finalistas, reconoce que la ilusión sigue intacta. “Ahora, naturalmente, me gustaría ganarlo”, dice.

La conversación deriva entonces hacia el presente y una época marcada por la velocidad: ¿qué pueden enseñarnos hoy los filósofos antiguos? La respuesta llega sin rodeos.

“Pueden enseñarnos precisamente que esa velocidad no sirve para nada. La rapidez se ha convertido en una especie de ilusión. Parece algo muy importante, pero en realidad todo aquello que verdaderamente vale requiere tiempo”, dice Nucci. “Los antiguos tenían un proverbio muy claro: las cosas bellas son difíciles. Todo aquello que tiene valor se conquista recorriendo un camino largo y muchas veces doloroso. Si dejamos de leer a quienes exploraron el misterio del alma humana con tanta profundidad, perderemos una parte enorme de nuestra historia y también una herramienta extraordinaria para comprender quiénes somos”.

Matteo Nucci, finalista del Premio Strega 2026, explora en su obra la vigencia del pensamiento clásico para comprender los dilemas del presente. CORTESÍA

La tradición no es una jaula

Si MatteoNucci dialoga con los filósofos antiguos y Elena Rui escribe desde la experiencia del desplazamiento, MicheleMari representa otra de las grandes vertientes de la literatura italiana contemporánea: la conversación permanente con la tradición. Escritor, filólogo, traductor y profesor de Literatura Italiana en la Universidad de Milán, Mari ha construido una obra donde conviven la imaginación, la crítica literaria y los clásicos.

Su primera reacción ante una pregunta sobre la nostalgia resulta reveladora. Para él, el pasado continúa siendo un territorio fértil. “No estoy seguro de que la nostalgia sea necesariamente algo negativo. Echo de menos, por ejemplo, que ya no existan poemas épicos como la ‘Ilíada’. Creo que es inevitable sentir nostalgia por esa tradición. La tradición nunca debe convertirse en un simple objeto de imitación. Debe ser interpretada, asimilada, convertirse casi en una segunda piel. También puede ser recreada, ironizada o transformada”.

Mari considera que la literatura contemporánea italiana atraviesa un momento especialmente abierto. “Los libros finalistas son muy diferentes entre sí. En conjunto muestran una literatura muy abierta a la experimentación, al mestizaje de géneros, a la invención lingüística y a la autoficción. Hace veinte o treinta años la literatura italiana estaba mucho más vinculada al realismo, a la introspección psicológica y al retrato de una generación. Hoy existen muchas más direcciones posibles.”

El propio Premio Strega refleja, según su perspectiva, esa diversidad. “Estoy profundamente honrado. Se trata del premio literario más importante de Italia y ofrece una enorme visibilidad a los libros. Ahora habrá que esperar el resultado porque, al final, sigue siendo un concurso que nos enfrenta unos a otros, un poco como ocurre con los personajes de mi novela”.

Una lengua que nunca abandona

Mientras MatteoNucci mira hacia Grecia para explicar el presente, Elena Rui escribe desde otro tipo de frontera: la del idioma. Nacida en Padua en 1980, vive desde hace dos décadas en Francia, donde ha enseñado italiano sin dejar de escribir en la lengua con la que creció. Su novela “Vedove di Camus” es una de las seis finalistas del Premio Strega 2026. Su experiencia plantea una pregunta que atraviesa buena parte de la literatura contemporánea: ¿desde dónde escribe un autor cuando vive lejos de su país?

“Vivo en Francia desde hace veinte años, aunque regreso constantemente a Italia para visitar a mi familia. Lo curioso es que empecé a escribir precisamente en Francia, pero siempre en italiano. Continúo escribiendo en italiano mientras vivo en otro país y eso resulta extraño.”

No se trata únicamente de una decisión práctica. La lengua literaria, explica, pertenece a un territorio mucho más profundo que el aprendizaje cotidiano de un idioma extranjero. “No sé hasta qué punto el francés ha influido en mi escritura. Tal vez sí, aunque no soy plenamente consciente de ello. A veces aparecen pequeños galicismos que después revisamos junto con mis editores”, indica. 

“Existe una pequeña frustración porque me gustaría ser traducida al francés. Vivo allí, escribo en italiano y, sin embargo, todavía no puedo escribir literatura en francés. La lengua en la que aprendemos durante la infancia es algo imposible de sustituir. Viví en Italia hasta los veinticinco años y esa lengua permanece dentro de mí. Cuando escribo, inevitablemente escribo en italiano”, agrega.

La nominación al Premio Strega también posee un significado especial porque Rui publica con una editorial independiente. “Estoy muy emocionada. Mi editorial es pequeña, independiente, y yo probablemente sea la autora menos conocida entre los finalistas. Para mí y para mi editorial, esta nominación representa una oportunidad enorme. No estoy nerviosa porque no vivo la literatura como una competencia. Para mí la competencia, simplemente, no existe”.

En un tiempo donde todo parece exigir rapidez, Rui encuentra una explicación para la persistencia de la novela. “Creo que los lectores necesitan establecer una relación profunda con los personajes. Los cuentos no permiten ese tiempo de convivencia. Cuando alguien comienza una novela desarrolla un vínculo con esos personajes y no quiere abandonarlos demasiado pronto”.

CT

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