Cultura

La casa del cura Hidalgo y el imperio de Maximiliano (segunda parte)

En un cuaderno en la Villa de Dolores quedaron plasmados los testimonios de gratitud a la figura del libertador, desde la perspectiva de los partidarios del Imperio como de los republicanos

En los años posteriores a la consumación de la Independencia, la casa del cura Hidalgo, en la villa de Dolores, estado de Guanajuato, era visitada por individuos que llegaban a lomo de caballo o en diligencias que, día y noche, hacían ahí una parada para que viajeros y recuas tomaran un descanso.

Tenemos noticia de las emociones que despertaba conocer la vivienda del párroco de Dolores a partir de la orden dada por el presidente Benito Juárez, el 6 de junio de 1863; de abrir un registro para que en él inscribieran su nombre las personas que visitaran esa casa y quisieran dejarle un testimonio de gratitud al cura Hidalgo. 

A diferencia de otros espacios y objetos -ciudades, parajes del campo, armamento, uniformes- conservados hasta la actualidad, pero que son mudos sobrevivientes de esa etapa histórica, ese registro de autógrafos, conocido como Álbum de Hidalgo, es un artefacto polifónico pues nos comunica la voz de testigos de la intervención francesa y de la lucha armada que enfrentó a partidarios del Imperio de Maximiliano y a defensores del gobierno republicano. 

De los autógrafos de estos últimos nos ocuparemos aquí. En la libreta de visitas a la casa de Hidalgo, los combatientes de la intervención francesa apuntaban su nombre, grado militar, cuerpo del ejército al que pertenecían y, en ocasiones, su lugar de origen. En 1863-1864, la guerra había ya cobrado una cuota de sangre entre esos individuos. El ingeniero topógrafo y teniente coronel, Francisco Beltrán, fue “herido en Puebla defendiendo la independencia nacional”. Por un trance semejante pasó Carlos Jufroi y Leyssur en la batalla de Barranca Seca. Francisco Picazo, oriundo de Tlaxcala, sufrió una mutilación “en defensa de la libertad que nos legó el inmortal padre de nuestra independencia”.

Algunos nombres de los que murieron en el campo de batalla quedaron registrados en el álbum gracias a sus compañeros sobrevivientes: Francisco López y Sierra confirmó que “Gabriel Arcos Arreola sucumbió el 23 de enero de 1863 combatiendo a los traidores en Tantoyuquita”. 

Los camaradas de Alberto López denunciaron que lo habían llevado preso a La Martinica. Otros desterrados a Francia, en los inicios de la guerra, denunciaron el forzado exilio a su regreso a México, como lo hizo Luis Lobato, que había sido “hecho prisionero en el fuerte de San Francisco en Puebla” y padeció tres años de destierro.

Un gran número de oficiales militares juraron pelear por la libertad de la patria o “en la demanda perecer”.

Los autógrafos de los altos mandos del ejército están acompañados de numerosas firmas de los soldados bajo sus órdenes. A todos los unía el deseo de “imitar las virtudes y el ejemplo del hombre-santo que selló con su sangre veneranda la libertad de la patria”.

Otras dedicatorias reclamaban a Hidalgo el abandono en que había dejado a sus “hijos”; pedían su auxilio y su intercesión ante el Ser Supremo para que los salvara de la desgracia, a la manera de los santos del catolicismo.

Imborrable como la memoria del Padre de la Patria, se aseguraba en el álbum, sería la infamia que recaería en los traidores. La exclamación “¡Mueran los traidores!” selló muchos autógrafos.

En los años de la guerra contra el Segundo Imperio se fortaleció la representación del cura Hidalgo liberal y republicano y su consagración como el más grande héroe nacional; al mismo tiempo se inició la reconstrucción de Benito Juárez como el segundo padre de la independencia de México.

Para saber

Esta entidad está compuesta por aspectos de índole multicultural que durante su proceso evolutivo ha forjado de manera distintiva su identidad. Sus habitantes como parte esencial de sus componentes producen la herencia cultural material e inmaterial, representada por su entorno natural, arquitectura, urbanismo y tradiciones, los cuales, se encuentran sujetos a un proceso constante de adaptación a los tiempos modernos.

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