Cultura

El corazón de Viena llegará al Teatro Degollado para clausurar el Festival de Mayo

Tanto Wildner como Zilberstein hablaron no solamente sobre el programa, sino sobre la relación emocional y cultural que une a Brahms y Strauss dentro de la tradición vienesa

El Festival Cultural de Mayo cerrará su edición número 29 mirando hacia Viena. El próximo concierto de clausura reunirá en el Teatro Degollado a la pianista Lilya Zilberstein y al director austriaco Johannes Wildner en un programa atravesado por la música de Johannes Brahms y Johann Strauss II. La noche comenzará con el Concierto para piano y orquesta No. 1 en Re menor, Op. 15, una de las piezas más complejas y emocionales del repertorio romántico alemán. Después llegará una segunda parte dedicada a Strauss y a los valses vieneses, entre ellos el "Vals del Emperador", "Annen-Polka" y la obertura de "Die Waldmeister".

Tanto Wildner como Zilberstein hablaron no solamente sobre el programa, sino sobre la relación emocional y cultural que une a Brahms y Strauss dentro de la tradición vienesa. “Debo decir que esta es, creo, la quinta vez que estoy aquí y me siento muy feliz de regresar”, comentó Zilberstein. La pianista, invitada habitual de salas y festivales internacionales en Europa, Asia y América, describió el Primer Concierto de Brahms como una obra donde el piano deja de funcionar como protagonista individual y entra en diálogo permanente con la orquesta.

“Siempre la siento como un diálogo con la orquesta y con los músicos. Aunque soy solista frente a una gran orquesta, siento esta música casi como música de cámara”, explicó.

La pieza ocupa un lugar particular dentro de la historia de Brahms. El compositor comenzó a trabajarla durante uno de los momentos más duros de su vida, tras el deterioro mental y la muerte de Robert Schumann, figura central en su formación artística. Originalmente concebida como una sonata para dos pianos y después como una sinfonía, la obra terminó convirtiéndose en concierto para piano y orquesta. Su estreno en Leipzig, en 1859, provocó rechazo entre parte del público, que respondió con silbidos.

Décadas después, el concierto terminaría consolidándose como una de las grandes obras maestras del romanticismo alemán. Para Zilberstein, buena parte de la fuerza de la pieza proviene de la intensidad emocional que atraviesa toda la partitura. “Es una obra gigantesca y necesitamos mucha fuerza para llegar hasta el final”, comentó. “Tiene muchísima emoción, muchísimos caracteres distintos y una enorme cantidad de alma. Todo nace desde el corazón”.

El director Johannes Wildner profundizó en la dimensión casi sinfónica del concierto. Formado como violinista y director dentro de la tradición austriaca, Wildner explicó que Brahms construyó una escritura pianística de enorme complejidad física y técnica.

“Dicen que Brahms tenía manos enormes y honestamente parece casi imposible de tocar”, señaló. “Para mí sigue siendo un milagro. Siempre existe una línea pequeña entre piano, flauta, violonchelo o cualquier otro instrumento. Cada músico de la orquesta siente que es importante, que debe formar parte de la línea del piano y dialogar con ella”.

La segunda mitad del concierto se desplazará hacia la Viena de Strauss, aunque Wildner insistió en que ambas partes del programa mantienen vínculos mucho más cercanos de lo que suele pensarse. “Brahms y Strauss fueron amigos muy cercanos”, recordó.

El director describió además la Viena del siglo XIX como una ciudad atravesada por influencias culturales provenientes de distintas regiones de Europa Central: tradiciones alemanas, húngaras, judías, italianas, eslavas y gitanas convivían dentro del Imperio Austrohúngaro y terminaron filtrándose hacia la música. “Strauss era una gran mezcla de culturas”, comentó.

Parte importante del programa vienés buscará precisamente reflejar esa diversidad cultural que atravesaba la música centroeuropea del siglo XIX. Wildner habló incluso sobre una anécdota donde Brahms intervino directamente en una partitura de Strauss, escribiendo líneas musicales adicionales sobre el manuscrito original. “Qué hermosa melodía. Ojalá la hubiera escrito yo”, recordó Wildner entre risas al citar a Brahms.

El director considera que el programa completo posee una carga emocional particular porque conecta distintas tradiciones musicales nacidas dentro de una misma ciudad. “Desde la primera nota de Brahms hasta la última de Strauss, todo está conectado”, afirmó. “La música es un gran punto de encuentro”.

El concierto marcará además el cierre de una edición importante para el Festival Cultural de Mayo, que el próximo año alcanzará tres décadas de existencia. Su director, Sergio Alejandro Matos, recordó que Zilberstein fue una de las primeras artistas internacionales invitadas por el festival durante sus años iniciales. "No pudo haber sido más afortunado cerrar este festival con dos artistas extraordinarios”, aseguró.

Wildner retomó esa idea y resumió el espíritu del programa con una imagen que atravesó toda la conversación: la posibilidad de traer la tradición vienesa al corazón cultural de Jalisco. “Estamos trayendo el corazón de Viena al corazón de Jalisco”, finalizó.

Así, entre Brahms, Strauss y valses nacidos junto al Danubio, el Teatro Degollado despedirá una edición más del Festival Cultural de Mayo con una noche atravesada por la memoria musical de Europa Central y su diálogo con Guadalajara. Un cierre de broche de oro que se prepara para lo que viene: tres décadas del Festival Cultural de Mayo en Jalisco.

MF

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