Cultura

El arte de crecer bailando

Más de 120 niños y jóvenes del Ballet Folclórico Infantil y Juvenil de la UdeG presentarán “La Fiesta del Fandango” en el Teatro Diana

Las mariposas en el estómago aparecen incluso antes de que se levante el telón. Hay niñas que revisan por última vez las flores del peinado, niños que acomodan sus sombreros y otros que repasan mentalmente los pasos que llevan meses ensayando. 

Algunos tienen apenas cinco años; otros comenzaron a bailar cuando eran pequeños y hoy son adolescentes que acumulan más de una década dentro del Ballet Folclórico Infantil y Juvenil de la Universidad de Guadalajara. 

Todos compartirán el mismo escenario el próximo 4 de julio, cuando “La Fiesta del Fandango” llegue al Teatro Diana con más de 120 artistas acompañados por conjunto de cuerdas, coro y mariachi en vivo.

La función, dirigida por David Jiménez, ofrecerá un recorrido por Guerrero y Jalisco, dos Estados cuya riqueza musical y dancística servirán de eje para una producción donde el color, los bordados, las máscaras, las tarimas y la música en vivo forman parte esencial de la experiencia..

“Desde hace muchos años me gusta rendir homenaje a un Estado completo. Este año escogimos Guerrero porque es muy bonito y muy variado. Y Jalisco casi nunca puede faltar porque somos representantes de nuestro Estado”, explica el director del Ballet Folclórico Infantil y Juvenil de la Universidad de Guadalajara en entrevista con EL INFORMADOR.

“Vamos a tener fandango guerrerense y ‘La Fiesta del Fandango’ de Jalisco, acompañados por el mariachi y el coro de la Universidad de Guadalajara”, comparte.

La agrupación forma parte de una estructura formativa que inicia desde los cuatro años y que se divide en varios niveles, desde principiantes hasta el grupo juvenil. Muchos alumnos han crecido dentro del ballet. “Hay niños que comenzaron con nosotros cuando tenían cuatro años y hoy tienen quince o dieciséis. Son los ‘veteranos’ de la danza, aunque sigan siendo menores de edad. Han pasado prácticamente toda su vida bailando”, comenta.

La presentación será también una muestra del trabajo que realizan los profesores con los más pequeños. Jiménez reconoce que trabajar con niños exige paciencia, imaginación y una enorme capacidad para adaptarse a la energía que caracteriza a esas edades.

“Son muy interactivos. Llegan y quieren platicarte todo lo que hicieron en la escuela, todo lo que les pasó en el día. Tienes que aprender a encauzar toda esa energía. Pero también son muy inteligentes. Mucha gente piensa que un grupo infantil solamente hace movimientos sencillos, pero los niños aprenden coreografías completas, hacen líneas, círculos, desplazamientos y bailan prácticamente igual que los adultos”, señala David Jiménez.

La formación, asegura, va mucho más allá de aprender pasos. “No nada más es el folclor. Hay que enseñarles la historia, la gastronomía, por qué se usan ciertos vestuarios, cómo se comporta la gente de determinada región y qué significado tienen las danzas. Si bailan Guerrero o Oaxaca, deben entender qué están representando. Queremos que valoren su cultura y conozcan la riqueza de México”.

La disciplina también forma parte de las enseñanzas que deja la danza. El director recuerda que varios padres de familia le han agradecido porque sus hijos mejoraron en otros ámbitos de su vida gracias a la constancia adquirida en el ballet. “Muchos papás me han dicho que gracias a la disciplina que aprendieron aquí sus hijos mejoraron en la escuela. Les enseñamos puntualidad, respeto, responsabilidad y trabajo en equipo. Son cosas que después aplican en cualquier profesión”.

A medida que se acerca la fecha de la función, la emoción comienza a sentirse entre los alumnos. “Todavía me dicen: ‘Maestro, tengo maripositas en el estómago’. Sienten nervios, miedo de equivocarse y esa emoción tan bonita que existe antes de salir al escenario. Pero en cuanto empieza la música, todo se transforma. Ahí aparece la seguridad y las ganas de compartir lo que han aprendido”.

Jiménez asegura que, pese a que algunos integrantes ya son adolescentes, en el escenario sigue descubriendo la esencia infantil que los caracteriza. “A veces pienso que ya están muy grandes, pero cuando los veo bailar me doy cuenta de que siguen siendo niños. Conservan esa alegría y esa ilusión. Eso es algo muy bonito”.

La producción contará con música en vivo, escenografías y vestuarios elaborados con piezas tradicionales y bordados artesanales. En el caso de Guerrero, algunas blusas fueron confeccionadas con trabajos de chaquira y prendas representativas de la región. También habrá danzas con máscaras y sones ejecutados sobre tarimas. 

“Es un espectáculo de primera. Mucha gente cree que verá solamente un grupo de niños, pero sale sorprendida. Tenemos mariachi, coro, conjunto de cuerdas y un gran trabajo detrás. Lo hacemos con mucho profesionalismo y con un enorme amor por la cultura mexicana”, afirma.

Detrás del escenario también están los padres de familia, quienes acompañan los ensayos, ayudan con los vestuarios y forman parte fundamental de cada presentación. 

“Ellos son los mayores fans. Son quienes hacen el esfuerzo para que sus hijos estén aquí. Pagan semestres, ayudan con los trajes, compran boletos y siempre están apoyando. Cuando termina una función, a quienes primero les doy las gracias es a ellos”.

Con “La Fiesta del Fandango”, el Ballet Folclórico Infantil y Juvenil de la Universidad de Guadalajara celebrará seis décadas de historia de una institución que ha formado generaciones enteras de bailarines. Pero, sobre todo, volverá a demostrar que la tradición mexicana sigue encontrando nuevas voces y nuevos pasos en quienes apenas comienzan a descubrir el escenario y, aun con mariposas en el estómago, salen a bailar con la emoción intacta.

Danza

Ballet Folclórico Infantil de la Universidad de Guadalajara presenta “La Fiesta del Fandango”, el 4 de julio a las 18:00 horas. 

CT

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