Cultura

Celebran el legado de la danza

La sexta edición de Tammlé Dance Competition reunirá a jóvenes bailarines y especialistas nacionales e internacionales en un encuentro que impulsará la formación de nuevos talentos y reconocerá la trayectoria de la maestra Angélica Kleen con el galardón Sonia Salcedo

La sexta edición de Tammlé Dance Competition se llevará a cabo del 24 al 26 de julio en el Foro de Arte y Cultura con el objetivo de impulsar la formación de nuevos talentos mientras reconoce a quienes dedicaron su vida a construir el panorama de la danza en México.

En entrevista con EL INFORMADOR, Carlos Hernández, uno de los principales bailarines del Ballet de Jalisco, e Itzel González, maestra de danza, hija del coreógrafo Onésimo González y madre de Carlos, señalaron que el crecimiento de este encuentro también representa la continuidad de un legado familiar que ha atravesado generaciones. Ambos coinciden en que la danza ha sido una forma de transformar vidas.

“La danza me cambió la vida”, resume Carlos Hernández. “Me hizo sentirme un joven más seguro de mí mismo, me permitió conocer otros países y descubrir que podía construir mi vida alrededor de esto”.

Aunque creció rodeado de bailarines y de uno de los festivales de danza más importantes del Estado, reconoce que su historia no comenzó de manera natural. “Yo veía la danza, pero no me llamaba la atención. Era un niño muy físico, me gustaba correr, treparme a los árboles y estar en la calle”.

Fue hasta los 14 años, después de acercarse primero al circo, cuando tomó su primera clase de ballet clásico. Ahí encontró algo que no esperaba. “Resultó que tenía muchas posibilidades. Además, yo era un niño muy tímido y el ballet se convirtió en un lugar seguro donde podía desarrollarme”.

Los buenos resultados llegaron pronto. Las primeras competencias, los viajes internacionales y el contacto con escenarios de distintos países terminaron por confirmar su vocación. “Soy muy competitivo y el ballet también lo es. Esa combinación hizo que me comprometiera cada vez más. Después entendí que la danza no solo era una profesión, también era una herramienta para cambiar mi realidad”.

Ese proceso fue observado de cerca por Itzel González, quien, contrario a lo que muchos imaginarían, nunca impulsó a sus hijos para que siguieran la tradición familiar. “Nunca los metí a clases desde pequeños, porque quería que fuera una decisión de ellos. Quería que eligieran este camino por convicción”.

La historia comenzó con Paula, la hija mayor, quien terminó estudiando danza contemporánea y folclórica. Carlos llegó después, casi por casualidad, mientras acompañaba a su madre a un entrenamiento de circo.

“Se subió a una cuerda y ya no se quiso bajar. Ahí descubrimos que tenía condiciones físicas y, cuando decidió estudiar ballet, lo llevé a la academia de Doris Topete. Le dije que nunca había tomado una clase. Resultó que sí tenía las aptitudes”.

Aun así, Itzel admite que durante algún tiempo deseó que sus hijos eligieran otra profesión. “Uno sufre porque esta carrera no ofrece las mismas certezas que otros trabajos. Pero hoy puedo decir que los dos viven de la danza y nunca han tenido que dedicarse a otra cosa. Eso es una bendición”.

Ver el desarrollo de Carlos dentro del Ballet de Jalisco ha sido, asegura, una recompensa al esfuerzo de muchos años. “Empezó desde abajo, haciendo personajes pequeños, y verlo convertirse en uno de los principales bailarines del Estado es un orgullo enorme. Lo ha logrado porque trabaja todos los días y porque tiene una convicción muy fuerte”.

Esa convicción, explica, proviene también de la historia que comenzó con sus padres y que hoy continúa en nuevas generaciones. “Mi papá dedicó su vida a la danza y mi mamá hizo un trabajo enorme formando niños y jóvenes. A mí me toca regresar un poco de todo lo que este arte nos ha dado”.

Recuerda que, cuando inició su carrera, las condiciones eran muy distintas. “Nos tocó bailar en la calle, sobre concreto, donde hubiera oportunidad. Había que empezar así. Hoy las cosas han cambiado gracias al trabajo de muchas generaciones que fueron abriendo espacios”, comenta. 

Itzel González considera indispensable reconocer a quienes hicieron posible el desarrollo de la danza en México. “Es importante saber de dónde venimos. Muchas veces solo conocemos algunos nombres, pero detrás hay muchísimas personas que construyeron la danza en este país. Sus historias hay que contarlas porque pueden inspirar a los jóvenes”.

Con esa idea nació el reconocimiento Sonia Salcedo para maestros de danza, instaurado por Tammlé Dance Competition después de que Itzel González recibiera en 2024 el reconocimiento Sonia Salcedo por más de seis décadas de trayectoria. La primera galardonada fue Doris Topete y, en esta edición, la distinción será para la maestra Angélica Kleen, académica de Monterrey y una de las especialistas más reconocidas en la enseñanza de la danza.

El reconocimiento forma parte de una visión que Carlos Hernández también busca imprimir al concurso. “Hay muchos certámenes, pero nosotros queremos que Tammlé sea una plataforma de formación, no solamente un lugar donde los jóvenes obtengan una medalla”, concluye.

Jalisco, cuna de grandes bailarines

Carlos Hernández explica que Tammlé Dance Competition surgió durante la pandemia y, seis años después, ha encontrado una identidad propia. 

“Queremos que los maestros reciban retroalimentación, que los participantes tengan acceso a becas, que el público vea funciones de calidad y que los bailarines encuentren oportunidades reales para crecer”.

El certamen reúne a academias y talentos emergentes de distintas partes del país en categorías de danza clásica para participantes de seis a 23 años, además de una muestra coreográfica abierta. 

Las evaluaciones estarán a cargo de especialistas nacionales e internacionales y el programa incluye clases magistrales para fortalecer la preparación de los asistentes.

La proyección del encuentro también ha comenzado a cruzar fronteras. Sus transmisiones por YouTube han llegado a más de 35 países y este año lanzó por primera vez una convocatoria internacional. 

“Esperamos que poco a poco venga gente de todo el mundo. Queremos que Jalisco sea un punto de encuentro para la danza.”, afirma Carlos.

Hernández asegura que el Estado cuenta con una tradición suficiente para albergar un concurso de esa magnitud. “El ballet en México está muy centralizado. Existen concursos importantes en Ciudad de México y Córdoba, pero Jalisco también es cuna de grandes bailarines. Ya era momento de tener un proyecto de este nivel”, suma.

Su objetivo, dice, es abrir oportunidades para nuevas generaciones. Como ejemplo menciona el caso de un participante que, tras ganar en Tammlé, obtuvo una beca para continuar su formación en Londres.

“Ahora estamos buscando apoyos para que pueda viajar. Eso demuestra que la danza puede cambiar la vida de una persona y de toda su familia”, finaliza.

CT

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