Tecnología
Proponen adecuar desayunos escolares para combatir obesidad y sobrepeso infantil
Mientras no se regule el Programa de Desayunos Escolares, la regulación de la venta de alimentos en escuelas no será suficiente para combatir el sobrepeso y la obesidad infantil
HERMOSILLO, SONORA (16/NOV/2010).- Las reformas a la Ley General de Salud y los lineamientos oficiales para regular la venta de alimentos en las escuelas serán insuficientes para combatir la obesidad y sobrepeso infantil mientras no se regule el Programa de Desayunos Escolares (PDE), alertó la especialista en nutrición del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), María Isabel Grijalva Haro.
En entrevista, la investigadora señaló que para adecuar el PDE mexicano a las nuevas normas establecidas por las secretarías de Educación Pública y de Salud federales es necesario puntualizar las cantidades de alimento que deben consumir los niños, pues aunque se delimitan cuáles son los alimentos adecuados no aclaran cuánto se debe comer, y comer en exceso cualquiera de los alimentos sanos también es malo.
Otra observación a estos lineamientos es que ignora las necesidades nutrimentales locales; de modo que los menús de los programas estatales deben adecuarse a las necesidades regionales, ya que en algunas zonas, además de obesidad y sobre peso, los niños padecen desnutrición y/o deficiencia de micronutrientes, lo cual genera un problema doble.
Para modificar el PDE, la maestra propone considerar los resultados de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, en donde se detallan los problemas nutricionales del país región por región, los cuales pueden resolverse si se planifican acciones concretas a nivel municipal en las que se contemple la diversidad de alimentos que se produce localmente.
Ejemplificó con el caso de Sonora, estado donde no se acostumbra incluir vegetales en la dieta diaria, pues no es tradicional. “Ahorita se está impulsando el consumo de más vegetales y frutas, pero dadas las características áridas de la región, la mayor parte del tiempo los productos son caros; por ello es necesario diseñar un plan de estacionalidad de productos vegetales”.
Para ello, planteó que la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) realice un mapa estacionario de productos agrícolas: índice de productos que se cosechan por región y temporada, para que gobiernos y municipios sean capaces de desarrollar un programa específico que considere los insumos con los que cuentan, “de esa forma, quienes estamos en la alimentación podremos sugerirles las combinaciones posibles”.
Mencionó que para combatir la obesidad y sobrepeso infantil no es necesario eliminar la participación de la industria, por el contrario, habría que solicitarles que adecuen sus productos a las necesidades de alimentación actuales: “por ejemplo, a los microempresarios que atienden los programas del DIF, hay que pedirles reformulaciones de sus productos”, como en Sonora, donde se logró que desde hace 10 años las empresas surtan leche descremada a los niños como parte del PDE.
Apuntó que los científicos mexicanos están en posibilidades de ofrecer opciones de alimentación saludable ante la oferta de comida “chatarra” e incluso adecuar las existentes, como ya lo hizo el CIAD con dos de los productos que reparte el DIF sonorense: leche saborizada y los molletes.
En el caso de la leche, se le pidió a la empresa encargada de su elaboración que redujera el nivel de azúcar anualmente, de manera muy sutil, “hasta nada más dejarle un ligero sabor dulzón para que los niños no rechazaran el producto. Esto lo hicimos a través de una especificación técnica y un control de calidad; entonces, aunque sea una galleta o una leche, pueden ser adecuadas a las necesidades y con base a valores nutricionales específicos”.
En el caso de los molletes, habló sobre la participación de una empresa nacional que fabrica pan especial para el PDE estatal, “es de harina integral y bajo en grasa; nosotros le dimos el lineamiento de cómo fabricarlo, sí batallamos, al principio no querían hacerlo, pero si no corregían no entraban al PDE y claro que lo hicieron”.
Para la elaboración de los molletes, los especialistas del CIAD establecieron que los frijoles fueran sólo cocidos y que la verdura: tomate, cebolla y cilantro, estuviera desinfectada y se sirviera cruda.
Más allá de las escuelas
Para combatir la obesidad y el sobrepeso, además de regular la alimentación de los infantes en las escuelas, debe impulsarse la activación física, de lo contrario no habrá grandes resultados, afirmó la maestra Grijalva Haro, y agregó que si en un plantel educativo los niños no pueden hacer actividad física, ésta se debe promover fuera de las aulas y convertirse en un hábito.
Otro de los problemas a enfrentar es el descuido de la alimentación de los niños en sus hogares, lo que se acentúa principalmente en el medio urbano, en donde la crisis social ha propiciado que las madres dediquen poco tiempo a que los niños vayan desayunados a la escuela, por lo que normalmente adquieren algún producto en las tiendas escolares o en los comercios aledaños.
Esto implica la necesidad de desarrollar cursos y talleres de orientación alimentaria, preparación y combinación de alimentos, en los que se enseñe a los responsables de las escuelas a elaborar comida saludable; además de instruir a maestros, padres e infantes para elegir mejor lo que comen.
Lo importante es que los menores vayan dándose cuenta de qué tipo de alimentos son los saludables, pues alrededor de la escuela habrá quien venda productos que no los son, otro punto importante es concientizar a los padres para evitar que incluyan en las loncheras estos alimentos, los cuales son un problema para la salud de los niños, principalmente por las cantidades que consumen.
Otro factor que agrava el fenómeno de la obesidad y sobrepeso en los niños, comentó la investigadora, es la falta de fuentes de agua potable en las escuelas. la solución sería que todas gozaran de ella, para eliminar las bebidas azucaradas de las dietas; otra alternativa sería que los productores de éstas replanteen su oferta comercial.
Por último, la maestra en Ciencias concluyó que sólo se verán resultados positivos si sociedad, gobierno e industria trabajan unidos; y si los investigadores mexicanos encausan su trabajo al desarrollo de alternativas alimenticias saludables y de tratamientos contra la obesidad y sobrepeso. CON INFORMACIÓN DE LA AGENCIA CONACYT
En entrevista, la investigadora señaló que para adecuar el PDE mexicano a las nuevas normas establecidas por las secretarías de Educación Pública y de Salud federales es necesario puntualizar las cantidades de alimento que deben consumir los niños, pues aunque se delimitan cuáles son los alimentos adecuados no aclaran cuánto se debe comer, y comer en exceso cualquiera de los alimentos sanos también es malo.
Otra observación a estos lineamientos es que ignora las necesidades nutrimentales locales; de modo que los menús de los programas estatales deben adecuarse a las necesidades regionales, ya que en algunas zonas, además de obesidad y sobre peso, los niños padecen desnutrición y/o deficiencia de micronutrientes, lo cual genera un problema doble.
Para modificar el PDE, la maestra propone considerar los resultados de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, en donde se detallan los problemas nutricionales del país región por región, los cuales pueden resolverse si se planifican acciones concretas a nivel municipal en las que se contemple la diversidad de alimentos que se produce localmente.
Ejemplificó con el caso de Sonora, estado donde no se acostumbra incluir vegetales en la dieta diaria, pues no es tradicional. “Ahorita se está impulsando el consumo de más vegetales y frutas, pero dadas las características áridas de la región, la mayor parte del tiempo los productos son caros; por ello es necesario diseñar un plan de estacionalidad de productos vegetales”.
Para ello, planteó que la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) realice un mapa estacionario de productos agrícolas: índice de productos que se cosechan por región y temporada, para que gobiernos y municipios sean capaces de desarrollar un programa específico que considere los insumos con los que cuentan, “de esa forma, quienes estamos en la alimentación podremos sugerirles las combinaciones posibles”.
Mencionó que para combatir la obesidad y sobrepeso infantil no es necesario eliminar la participación de la industria, por el contrario, habría que solicitarles que adecuen sus productos a las necesidades de alimentación actuales: “por ejemplo, a los microempresarios que atienden los programas del DIF, hay que pedirles reformulaciones de sus productos”, como en Sonora, donde se logró que desde hace 10 años las empresas surtan leche descremada a los niños como parte del PDE.
Apuntó que los científicos mexicanos están en posibilidades de ofrecer opciones de alimentación saludable ante la oferta de comida “chatarra” e incluso adecuar las existentes, como ya lo hizo el CIAD con dos de los productos que reparte el DIF sonorense: leche saborizada y los molletes.
En el caso de la leche, se le pidió a la empresa encargada de su elaboración que redujera el nivel de azúcar anualmente, de manera muy sutil, “hasta nada más dejarle un ligero sabor dulzón para que los niños no rechazaran el producto. Esto lo hicimos a través de una especificación técnica y un control de calidad; entonces, aunque sea una galleta o una leche, pueden ser adecuadas a las necesidades y con base a valores nutricionales específicos”.
En el caso de los molletes, habló sobre la participación de una empresa nacional que fabrica pan especial para el PDE estatal, “es de harina integral y bajo en grasa; nosotros le dimos el lineamiento de cómo fabricarlo, sí batallamos, al principio no querían hacerlo, pero si no corregían no entraban al PDE y claro que lo hicieron”.
Para la elaboración de los molletes, los especialistas del CIAD establecieron que los frijoles fueran sólo cocidos y que la verdura: tomate, cebolla y cilantro, estuviera desinfectada y se sirviera cruda.
Más allá de las escuelas
Para combatir la obesidad y el sobrepeso, además de regular la alimentación de los infantes en las escuelas, debe impulsarse la activación física, de lo contrario no habrá grandes resultados, afirmó la maestra Grijalva Haro, y agregó que si en un plantel educativo los niños no pueden hacer actividad física, ésta se debe promover fuera de las aulas y convertirse en un hábito.
Otro de los problemas a enfrentar es el descuido de la alimentación de los niños en sus hogares, lo que se acentúa principalmente en el medio urbano, en donde la crisis social ha propiciado que las madres dediquen poco tiempo a que los niños vayan desayunados a la escuela, por lo que normalmente adquieren algún producto en las tiendas escolares o en los comercios aledaños.
Esto implica la necesidad de desarrollar cursos y talleres de orientación alimentaria, preparación y combinación de alimentos, en los que se enseñe a los responsables de las escuelas a elaborar comida saludable; además de instruir a maestros, padres e infantes para elegir mejor lo que comen.
Lo importante es que los menores vayan dándose cuenta de qué tipo de alimentos son los saludables, pues alrededor de la escuela habrá quien venda productos que no los son, otro punto importante es concientizar a los padres para evitar que incluyan en las loncheras estos alimentos, los cuales son un problema para la salud de los niños, principalmente por las cantidades que consumen.
Otro factor que agrava el fenómeno de la obesidad y sobrepeso en los niños, comentó la investigadora, es la falta de fuentes de agua potable en las escuelas. la solución sería que todas gozaran de ella, para eliminar las bebidas azucaradas de las dietas; otra alternativa sería que los productores de éstas replanteen su oferta comercial.
Por último, la maestra en Ciencias concluyó que sólo se verán resultados positivos si sociedad, gobierno e industria trabajan unidos; y si los investigadores mexicanos encausan su trabajo al desarrollo de alternativas alimenticias saludables y de tratamientos contra la obesidad y sobrepeso. CON INFORMACIÓN DE LA AGENCIA CONACYT