Tecnología
Miden contaminación con aves
Las especies empleadas en el proyecto fueron la Xcoquita (Turdus grayi) y la X’kau (Quiscalus mexicanus)
CIUDAD DE MÉXICO (27/JUL/2010).- El Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), Unidad Mérida realizó un diagnóstico del efecto de contaminantes en la población humana de la Península de Yucatán, pero lo peculiar del estudio fue el empleo de aves como grupo muestra.
De acuerdo con la titular de esta investigación, la doctora Almira Hoogesteyn Reul, del, el proceso de la contaminación puede estudiarse a través de la fauna, ya que este grupo es un indicador de lo que pasa en los seres humanos.
Las especies empleadas en el proyecto fueron la Xcoquita (Turdus grayi) y la X’kau (Quiscalus mexicanus), a estas aves se les realizó un examen clínico, con una muestra de sangre y pluma en las que se analizó la concentración de contaminantes.
La investigadora explicó que para el estudio se tomaron aves de dos ecosistemas, uno urbano, en el Parque Zoológico Centenario, y el otro de una reserva ecológica, un lugar menos contaminado.
Comparadas las dos poblaciones, los resultado indican que las aves de la ciudad tienen una incidencia tres veces mayor de ectoparásitos (un parásito que vive en la superficie de otro organismo) y de pox-virus que los de la reserva ecológica.
Las aves de la ciudad, a decir de la especialista, pueden acceder a mayor cantidad de alimento, pues comen desperdicio humano como tortilla, pan o botanas. Sin embargo, aunque se alimentan bastante, su sistema inmune no funciona óptimamente, ya que presentan mayor incidencia de enfermedades frente al otro grupo.
Antes del estudio se pensaba que por el tipo de actividad humana en la ciudad, el contaminante presente en las aves sería el mercurio, pero una vez realizado el diagnóstico el resultado mostró que los niveles de ese elemento resultaron bajos en el límite de detección, pero sí encontraron mayor concentración de cadmio y plomo.
“Quizá la fuente de contaminación sea la quema de combustibles fósiles, pues las patologías en estos animales tanto silvestres como domésticos son indicadores de la exposición a contaminantes”, dijo Hoogesteyn Reul.
Como Yucatán está rodeado de ciénagas, en donde habitan aves piscívoras (que se alimentan de peces), pico de cadena trófica (la relación que se establece entre distintas especies para su alimentación), que funcionan como buenas indicadoras de contaminación. En las plumas y huevos de estas aves también se pueden medir los niveles de contaminantes.
La doctora Hoogesteyn Reul comentó que no se puede hacer un seguimiento de las complicaciones que pueden tener estas especies de aves, porque unas vez que se toma la muestra en el animal, se regresan a su hábitat natural. Sin embargo, reconoció que el cadmio tiene diferentes efectos sobre el sistema urinario, en el caso del plomo provoca secuelas al sistema nervioso y hematológico.
Con base en los estudios que se hicieron en el Laboratorio de Salud Ambiental del Departamento de Ecología Humana del Cinvestav, se detectó una lista de efectos que los animales pueden presentar, por ejemplo, estrés inmune. Aunque la doctora reconoció que es difícil señalar si dichas sustancias provocan el estrés, porque además del cadmio y plomo, también se encontraron otros metales y metaloides, una conjunción de elementos que producen efectos similares y cada individuo responde de manera particular.
Quizá dichas sustancias puedan causar una disminución en el tiempo de vida, reproducción, calidad de plumaje, canto, o hacer que el ave sea más sensible al medio ambiente con un aumento de enfermedades parasitarias e infecciones, como lo señala este estudio.
En esta investigación también participaron la doctora Mercy Dzul de la Facultad de Ingeniería Química de la Universidad Autónoma de Yucatán, el maestro José Luís Febles, de la Unidad Mérida, estudiantes y practicantes del Laboratorio. El estudio contó con el apoyo del Conacyt, la Secretaria del Medio Ambiente y Recursos Naturales además del Cinvestav.
Con información de la Agencia ID.
De acuerdo con la titular de esta investigación, la doctora Almira Hoogesteyn Reul, del, el proceso de la contaminación puede estudiarse a través de la fauna, ya que este grupo es un indicador de lo que pasa en los seres humanos.
Las especies empleadas en el proyecto fueron la Xcoquita (Turdus grayi) y la X’kau (Quiscalus mexicanus), a estas aves se les realizó un examen clínico, con una muestra de sangre y pluma en las que se analizó la concentración de contaminantes.
La investigadora explicó que para el estudio se tomaron aves de dos ecosistemas, uno urbano, en el Parque Zoológico Centenario, y el otro de una reserva ecológica, un lugar menos contaminado.
Comparadas las dos poblaciones, los resultado indican que las aves de la ciudad tienen una incidencia tres veces mayor de ectoparásitos (un parásito que vive en la superficie de otro organismo) y de pox-virus que los de la reserva ecológica.
Las aves de la ciudad, a decir de la especialista, pueden acceder a mayor cantidad de alimento, pues comen desperdicio humano como tortilla, pan o botanas. Sin embargo, aunque se alimentan bastante, su sistema inmune no funciona óptimamente, ya que presentan mayor incidencia de enfermedades frente al otro grupo.
Antes del estudio se pensaba que por el tipo de actividad humana en la ciudad, el contaminante presente en las aves sería el mercurio, pero una vez realizado el diagnóstico el resultado mostró que los niveles de ese elemento resultaron bajos en el límite de detección, pero sí encontraron mayor concentración de cadmio y plomo.
“Quizá la fuente de contaminación sea la quema de combustibles fósiles, pues las patologías en estos animales tanto silvestres como domésticos son indicadores de la exposición a contaminantes”, dijo Hoogesteyn Reul.
Como Yucatán está rodeado de ciénagas, en donde habitan aves piscívoras (que se alimentan de peces), pico de cadena trófica (la relación que se establece entre distintas especies para su alimentación), que funcionan como buenas indicadoras de contaminación. En las plumas y huevos de estas aves también se pueden medir los niveles de contaminantes.
La doctora Hoogesteyn Reul comentó que no se puede hacer un seguimiento de las complicaciones que pueden tener estas especies de aves, porque unas vez que se toma la muestra en el animal, se regresan a su hábitat natural. Sin embargo, reconoció que el cadmio tiene diferentes efectos sobre el sistema urinario, en el caso del plomo provoca secuelas al sistema nervioso y hematológico.
Con base en los estudios que se hicieron en el Laboratorio de Salud Ambiental del Departamento de Ecología Humana del Cinvestav, se detectó una lista de efectos que los animales pueden presentar, por ejemplo, estrés inmune. Aunque la doctora reconoció que es difícil señalar si dichas sustancias provocan el estrés, porque además del cadmio y plomo, también se encontraron otros metales y metaloides, una conjunción de elementos que producen efectos similares y cada individuo responde de manera particular.
Quizá dichas sustancias puedan causar una disminución en el tiempo de vida, reproducción, calidad de plumaje, canto, o hacer que el ave sea más sensible al medio ambiente con un aumento de enfermedades parasitarias e infecciones, como lo señala este estudio.
En esta investigación también participaron la doctora Mercy Dzul de la Facultad de Ingeniería Química de la Universidad Autónoma de Yucatán, el maestro José Luís Febles, de la Unidad Mérida, estudiantes y practicantes del Laboratorio. El estudio contó con el apoyo del Conacyt, la Secretaria del Medio Ambiente y Recursos Naturales además del Cinvestav.
Con información de la Agencia ID.