Suplementos
Zapatero, a tus zapatos
Respecto al fallo de la SCJN en torno al aborto en Baja California y San Luis Potosí
Esta expresión. muy antigua por cierto, da a entender la idea de que hay asuntos que pertenecen a una jurisdicción, y que no se deben mezclar con otras. Se dice que fue acuñada por el pintor griego Apeles, para refrenar la iniciativa de un zapatero que, al criticar los trazos de una sandalia en una pintura de Apeles, observó cómo el pintor corregía sus trazos, y por ello se sintió con la libertad de seguir opinando sobre el resto der la pintura.
De alguna manera, el pasaje es parecido al que Jesús respondió cuando sus enemigos lo tentaron, al preguntarle sobre el polémico tema de pagar o no impuestos a los romanos. El Señor usó la moneda con que se pagaba el impuesto, para responder con lo obvio y justo: si la moneda tenía la cara y el nombre de César, evidentemente le pertenecían, y por ello había que dar al César lo que era de él. Es el mismo razonamiento por el cual debemos entregar algo a una persona, cuando nos damos cuenta de que tiene su nombre o su fotografía en ello.
El asunto de las palabras de Jesús y de Apeles me vino a la mente hace unos días, cuando platicaba con un amigo, especialista en leyes, y comentábamos las decisiones de la Suprema Corte de Justicia, respecto a los casos de los estados de Baja California y San Luis Potosí, en donde, por razones de la propia organización de las autoridades, se tomó una decisión que fue interpretada (describiéndolo en palabras sencillas) como una victoria para los defensores de la vida.
El tema podía ser un tanto confuso para aquellos que no estamos familiarizados con los términos legales, la manera de entender las leyes y los protocolos de la Suprema Corte de Justicia, pero aún así fue ampliamente comentado en las redes sociales y los medios de comunicación. Me tocó escuchar comentarios adversos en contra la de la decisión, diciendo que se trataba de un paso hacia atrás como nación moderna, y que aún el asunto se habría resuelto más por presiones que por razón.
En lo personal, me extraña escuchar en diferentes medios de expresión dos versiones diferentes cuando evalúan las decisiones de las autoridades: si la decisión es a favor de sus convicciones, la aplauden, pero si va en contra de su pensamiento personal, entonces lo critican e incluso invocan conceptos como “intolerancia”. Esto no es objetivo. Se puede debatir, pero en el terreno de las ideas y de los hechos, mas no aplaudiendo lo favorable y criticando lo opuesto por la simple razón de no estar de acuerdo.
Mi amigo, el experto en leyes, me ayudó a entenderlo mejor. Hace tiempo, en el 2007, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (entiéndase los gobernantes autorizados para hacerlo) determinó promulgar una Ley para despenalizar el aborto. Fue una decisión de los gobernantes de un zona determinada de nuestra nación. Esa ley fue sometida a debate, al grado de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación, al año siguiente, determinó que dicha Ley procedía. Es decir, que reconocían el derecho y la autoridad de un órgano de gobierno para determinar leyes para sus gobernados.
¿Qué sucedió en tiempos recientes? Exactamente lo mismo. Un cuerpo de gobierno de dos Estados, tomó una determinación hacia sus gobernados. Los congresos de los estados promulgaron una ley para proteger la vida de los no nacidos. Es parte de sus atribuciones y su responsabilidad. Se generó un debate al respecto, y fue necesario que la Suprema Corte decidiera al respecto.
Se revisaron los casos y se decidió (entendiendo en sentido de los protocolos y las votaciones) exactamente lo mismo que años atrás: “que reconocían el derecho y la autoridad de un órgano de gobierno para determinar leyes para sus gobernados”. O sea que el mismo precepto y la misma decisión favorecieron al Djistrito Federal y a Baja California y San Luis Potosí, cada uno en su tiempo y en su enfoque.
¿Por qué entonces, tantos aplaudieron en el caso del D.F. y critican tanto los otros casos? ¿Es objetivo? Todos podemos opinar, pero hay que analizar hechos e ideas, y no sólo convicciones personales; de otra manera, corremos el riesgo de que alguien nos diga “zapatero, a tus zapatos”.
Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com
De alguna manera, el pasaje es parecido al que Jesús respondió cuando sus enemigos lo tentaron, al preguntarle sobre el polémico tema de pagar o no impuestos a los romanos. El Señor usó la moneda con que se pagaba el impuesto, para responder con lo obvio y justo: si la moneda tenía la cara y el nombre de César, evidentemente le pertenecían, y por ello había que dar al César lo que era de él. Es el mismo razonamiento por el cual debemos entregar algo a una persona, cuando nos damos cuenta de que tiene su nombre o su fotografía en ello.
El asunto de las palabras de Jesús y de Apeles me vino a la mente hace unos días, cuando platicaba con un amigo, especialista en leyes, y comentábamos las decisiones de la Suprema Corte de Justicia, respecto a los casos de los estados de Baja California y San Luis Potosí, en donde, por razones de la propia organización de las autoridades, se tomó una decisión que fue interpretada (describiéndolo en palabras sencillas) como una victoria para los defensores de la vida.
El tema podía ser un tanto confuso para aquellos que no estamos familiarizados con los términos legales, la manera de entender las leyes y los protocolos de la Suprema Corte de Justicia, pero aún así fue ampliamente comentado en las redes sociales y los medios de comunicación. Me tocó escuchar comentarios adversos en contra la de la decisión, diciendo que se trataba de un paso hacia atrás como nación moderna, y que aún el asunto se habría resuelto más por presiones que por razón.
En lo personal, me extraña escuchar en diferentes medios de expresión dos versiones diferentes cuando evalúan las decisiones de las autoridades: si la decisión es a favor de sus convicciones, la aplauden, pero si va en contra de su pensamiento personal, entonces lo critican e incluso invocan conceptos como “intolerancia”. Esto no es objetivo. Se puede debatir, pero en el terreno de las ideas y de los hechos, mas no aplaudiendo lo favorable y criticando lo opuesto por la simple razón de no estar de acuerdo.
Mi amigo, el experto en leyes, me ayudó a entenderlo mejor. Hace tiempo, en el 2007, la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (entiéndase los gobernantes autorizados para hacerlo) determinó promulgar una Ley para despenalizar el aborto. Fue una decisión de los gobernantes de un zona determinada de nuestra nación. Esa ley fue sometida a debate, al grado de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación, al año siguiente, determinó que dicha Ley procedía. Es decir, que reconocían el derecho y la autoridad de un órgano de gobierno para determinar leyes para sus gobernados.
¿Qué sucedió en tiempos recientes? Exactamente lo mismo. Un cuerpo de gobierno de dos Estados, tomó una determinación hacia sus gobernados. Los congresos de los estados promulgaron una ley para proteger la vida de los no nacidos. Es parte de sus atribuciones y su responsabilidad. Se generó un debate al respecto, y fue necesario que la Suprema Corte decidiera al respecto.
Se revisaron los casos y se decidió (entendiendo en sentido de los protocolos y las votaciones) exactamente lo mismo que años atrás: “que reconocían el derecho y la autoridad de un órgano de gobierno para determinar leyes para sus gobernados”. O sea que el mismo precepto y la misma decisión favorecieron al Djistrito Federal y a Baja California y San Luis Potosí, cada uno en su tiempo y en su enfoque.
¿Por qué entonces, tantos aplaudieron en el caso del D.F. y critican tanto los otros casos? ¿Es objetivo? Todos podemos opinar, pero hay que analizar hechos e ideas, y no sólo convicciones personales; de otra manera, corremos el riesgo de que alguien nos diga “zapatero, a tus zapatos”.
Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com