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Ya viene la Navidad
El Señor Jesús nos advierte y recomienda que hay que estar preparados
Estamos en un momento crucial, a punto de iniciar el tiempo de Adviento, es decir, las cuatro semanas de preparación a la Navidad. Y ciertamente no se trata sólo de preparar pavo, regalos, posadas, fiesta o cosas por el estilo.
Todo esto, que definitivamente puede ser bueno si se hace en la medida justa y equilibrada, sin excesivas preocupaciones, pero con un buen sentido, todavía no es suficiente.
Se trata más bien de preparar el corazón para que esperando al Señor Jesús, su llegada a nuestro corazón sea una realidad, ya que históricamente hace mucho que se hizo presente en este mundo, pero vivencialmente llega a nosotros continua y constantemente, hasta que le hagamos lugar en nuestra persona y en nuestra vida.
El Señor Jesús nos advierte y recomienda que hay que estar preparados, pero esa preparación es, más que nada, espiritual.
Recordando un libro
Hace unos años escribí un libro titulado “Virtudes para Adviento y Navidad”, en el cual la propuesta era vivir un camino espiritual para esperar con fruto la Navidad.
Es un hecho que hablar de virtudes en un siglo XXI que avanza a pasos agigantados no está de moda, pero es lo único que definitivamente nos puede ayudar a ser mejores, a ser más felices, porque es un medio efectivo que puede ser un camino para acercarnos al Dios de la vida, al Dios que nos quiere ver gozando de plenitud y de excelencia ya desde este momento en que nos preparamos para el futuro.
Durante la novena de Adviento
En cada uno de los días previo a la Noche Buena, ahondamos en virtudes más humanas que nos acercan a vivir con gozo la convivencia con nuestros seres queridos; por eso reflexionamos acerca de la sinceridad, la benevolencia, la fidelidad...
También encontraremos un momento para meditar con franqueza, acerca de cómo anda nuestra veneración por la vida y el respeto a la naturaleza,
La obediencia a Dios, la piedad y el amor, son temas que no pueden faltar en nuestra novena de Navidad, porque si convertimos las posadas en fiestas paganas alentadas por mercantilismos deslumbrantes, donde el Señor Jesús está ausente, entonces andamos en definitiva descarrilados.
Para después de Navidad
Fortaleza, templanza, justicia y prudencia son temas fundamentales que no podemos dejar de lado, ya que constituyen los pilares básicos de una vida sensata que se encamina por senderos que llevan a la excelencia.
Ciertamente hay otras muchas actitudes, que llamaremos virtudes o valores, y que son ciertamente lo principal que debemos enseñar a nuestros hijos, con ejemplo personal y continuo de paterfamilias, si queremos darles algo valioso y consistente para su vida futura.
Virtudes espirituales: Religiosidad, alabanza, discreción, sinceridad.
Virtudes morales: Rectitud, honradez, agradecimiento, bondad, mansedumbre, benignidad, laboriosidad.
Virtudes sociales: Solidaridad, servicio, colaboración, donación, respeto, tolerancia, amistad, comprensión, respeto, perdón, ternura.
Si esto es lo que sembramos en los corazones jóvenes, será fácil que germine en ellos el deseo de paz, de progreso, y que en nuestra patria se implanten la armonía, la justicia y la paz, de manera que todos podamos vivir con alegría y serenidad, como quiere el Señor Jesús, que para eso vino a nuestro mundo, a vivir como nosotros y a enseñarnos los senderos de la felicidad.
María Belén Sánchez fsp
Todo esto, que definitivamente puede ser bueno si se hace en la medida justa y equilibrada, sin excesivas preocupaciones, pero con un buen sentido, todavía no es suficiente.
Se trata más bien de preparar el corazón para que esperando al Señor Jesús, su llegada a nuestro corazón sea una realidad, ya que históricamente hace mucho que se hizo presente en este mundo, pero vivencialmente llega a nosotros continua y constantemente, hasta que le hagamos lugar en nuestra persona y en nuestra vida.
El Señor Jesús nos advierte y recomienda que hay que estar preparados, pero esa preparación es, más que nada, espiritual.
Recordando un libro
Hace unos años escribí un libro titulado “Virtudes para Adviento y Navidad”, en el cual la propuesta era vivir un camino espiritual para esperar con fruto la Navidad.
Es un hecho que hablar de virtudes en un siglo XXI que avanza a pasos agigantados no está de moda, pero es lo único que definitivamente nos puede ayudar a ser mejores, a ser más felices, porque es un medio efectivo que puede ser un camino para acercarnos al Dios de la vida, al Dios que nos quiere ver gozando de plenitud y de excelencia ya desde este momento en que nos preparamos para el futuro.
Durante la novena de Adviento
En cada uno de los días previo a la Noche Buena, ahondamos en virtudes más humanas que nos acercan a vivir con gozo la convivencia con nuestros seres queridos; por eso reflexionamos acerca de la sinceridad, la benevolencia, la fidelidad...
También encontraremos un momento para meditar con franqueza, acerca de cómo anda nuestra veneración por la vida y el respeto a la naturaleza,
La obediencia a Dios, la piedad y el amor, son temas que no pueden faltar en nuestra novena de Navidad, porque si convertimos las posadas en fiestas paganas alentadas por mercantilismos deslumbrantes, donde el Señor Jesús está ausente, entonces andamos en definitiva descarrilados.
Para después de Navidad
Fortaleza, templanza, justicia y prudencia son temas fundamentales que no podemos dejar de lado, ya que constituyen los pilares básicos de una vida sensata que se encamina por senderos que llevan a la excelencia.
Ciertamente hay otras muchas actitudes, que llamaremos virtudes o valores, y que son ciertamente lo principal que debemos enseñar a nuestros hijos, con ejemplo personal y continuo de paterfamilias, si queremos darles algo valioso y consistente para su vida futura.
Virtudes espirituales: Religiosidad, alabanza, discreción, sinceridad.
Virtudes morales: Rectitud, honradez, agradecimiento, bondad, mansedumbre, benignidad, laboriosidad.
Virtudes sociales: Solidaridad, servicio, colaboración, donación, respeto, tolerancia, amistad, comprensión, respeto, perdón, ternura.
Si esto es lo que sembramos en los corazones jóvenes, será fácil que germine en ellos el deseo de paz, de progreso, y que en nuestra patria se implanten la armonía, la justicia y la paz, de manera que todos podamos vivir con alegría y serenidad, como quiere el Señor Jesús, que para eso vino a nuestro mundo, a vivir como nosotros y a enseñarnos los senderos de la felicidad.
María Belén Sánchez fsp