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Ver para creer
De alguna manera, todos los personajes que rodearon a Jesús mientras Él desarrolló su ministerio en la tierra llegaron a ser creyentes como resultado de haberle visto resucitado
Estas palabras quedaron inmortalizadas y son de uso común entre los hombres; son la suma de los pensamientos de quien un día llegaría a ser conocido como Tomás el incrédulo, pero que fue contado como uno de los apóstoles del Señor Jesús. No se necesita ser una persona conocedora de religión para conocer la expresión, la cual da a entender que la mejor manera de estar seguro de algo, es cuando lo podemos ver, palpar, comprobar; hasta entonces, siempre hay algo de duda.
De alguna manera, todos los personajes que rodearon a Jesús mientras Él desarrolló su ministerio en la tierra llegaron a ser creyentes como resultado de haberle visto resucitado. Veamos algunos ejemplos:
María Magdalena y las otras mujeres fueron al sepulcro para atender lo que pensaban era el cadáver de Jesús. Evidentemente ellas no pensaban que el Maestro se hubiera levantado de entre los muertos, y se habían dirigido al sepulcro para terminar con el proceso de embalsamamiento que había quedado incompleto por causa de la prisa por sepultar a Jesús,
Pedro fue uno de los primeros discípulos en llegar al sepulcro y constatar que se encontraba vacío, pero esto no fue suficiente para que él creyera, lo cual sucedió hasta que pudo ver al Señor resucitado.
Juan fue otro de los discípulos que llegó a la tumba, y conforme al relato de su evangelio, "vió y creyó" cuando tuvo las evidencias delante de sí, tales como la tumba vacía, los lienzos puestos sobre la piedra y el turbante colocado aparte.
Los demás apóstoles creyeron sólo cuando Jesús se les apareció estando Tomás ausente. Ellos no creyeron al testimonio de las mujeres que volvieron del sepulcro con la noticia de que un ángel les había anunciado que el Señor se había levantado de entre los muertos.
Tomás creyó cuando Jesús le mostró las heridas en sus manos y su costado, aunque no se atrevió a tocarlas. Sólo entonces confesó que Jesús era su Señor y su Dios.
Saulo de Tarso (después convertido en el apóstol Pablo) era un enemigo de los cristianos, y para él la historia de la resurrección era una mentira que usaba la secta cristiana para propagar sus enseñanzas; ni siquiera el testimonio de los cristianos que él mismo perseguía fue suficiente para convencerlo. Fue necesario que Jesús mismo se le apareciera en el camino a la ciudad de Damasco, para que Saulo se convirtiera en creyente y vocero de la resurrección de Jesús.
Un gran grupo de creyentes (más de 500) creyeron porque Jesús se les apareció visiblemente, según lo refiere el mismo Pablo en una de sus cartas.
De manera que nosotros, los que no hemos visto físicamente al Señor Jesús, somos bienaventurados, porque hemos creído en Jesús, aunque aún no le hemos visto físicamente. ¿Cuál será nuestra recompensa por haber creído sin haber visto? Que tenemos la promesa de que un día le veremos tal y como Él es.
Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com
De alguna manera, todos los personajes que rodearon a Jesús mientras Él desarrolló su ministerio en la tierra llegaron a ser creyentes como resultado de haberle visto resucitado. Veamos algunos ejemplos:
María Magdalena y las otras mujeres fueron al sepulcro para atender lo que pensaban era el cadáver de Jesús. Evidentemente ellas no pensaban que el Maestro se hubiera levantado de entre los muertos, y se habían dirigido al sepulcro para terminar con el proceso de embalsamamiento que había quedado incompleto por causa de la prisa por sepultar a Jesús,
Pedro fue uno de los primeros discípulos en llegar al sepulcro y constatar que se encontraba vacío, pero esto no fue suficiente para que él creyera, lo cual sucedió hasta que pudo ver al Señor resucitado.
Juan fue otro de los discípulos que llegó a la tumba, y conforme al relato de su evangelio, "vió y creyó" cuando tuvo las evidencias delante de sí, tales como la tumba vacía, los lienzos puestos sobre la piedra y el turbante colocado aparte.
Los demás apóstoles creyeron sólo cuando Jesús se les apareció estando Tomás ausente. Ellos no creyeron al testimonio de las mujeres que volvieron del sepulcro con la noticia de que un ángel les había anunciado que el Señor se había levantado de entre los muertos.
Tomás creyó cuando Jesús le mostró las heridas en sus manos y su costado, aunque no se atrevió a tocarlas. Sólo entonces confesó que Jesús era su Señor y su Dios.
Saulo de Tarso (después convertido en el apóstol Pablo) era un enemigo de los cristianos, y para él la historia de la resurrección era una mentira que usaba la secta cristiana para propagar sus enseñanzas; ni siquiera el testimonio de los cristianos que él mismo perseguía fue suficiente para convencerlo. Fue necesario que Jesús mismo se le apareciera en el camino a la ciudad de Damasco, para que Saulo se convirtiera en creyente y vocero de la resurrección de Jesús.
Un gran grupo de creyentes (más de 500) creyeron porque Jesús se les apareció visiblemente, según lo refiere el mismo Pablo en una de sus cartas.
De manera que nosotros, los que no hemos visto físicamente al Señor Jesús, somos bienaventurados, porque hemos creído en Jesús, aunque aún no le hemos visto físicamente. ¿Cuál será nuestra recompensa por haber creído sin haber visto? Que tenemos la promesa de que un día le veremos tal y como Él es.
Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com