Suplementos
Ven Espíritu Santo
Todo lo que hagan, háganlo en nombre de Dios: en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Cuando Jesús partió definitivamente de este mundo, daba por concluida su misión, pero no su proyecto de instaurar un mundo nuevo y unos cielos nuevos, donde cada ser humano tuviera la posibilidad de ser verdaderamente pleno y feliz.
Pero la construcción de ese Reino, según el plan evangélico de Jesús, estaba todavía inconclusa, y tocaba a sus seguidores y a las nuevas generaciones en turno llevarlo acabo.
Por eso Jesús se compromete a estar siempre, en todo momento y a través de los siglos, presente y actuante entre ellos --y entre nosotros-- para dar continuidad a su obra.
Por eso promete la presencia y asistencia continua y perpetua del Espíritu Santo, para que en cada momento y circunstancia sea quien guíe e ilumine las mentes y los corazones de los seres humanos.
Pero nosotros , los seres humanos del este siglo tan lleno de progreso, todavía no entendemos de qué se trata, todavía buscamos en lo perecedero y material, lo que se mueve en ámbitos espirituales; y muchas veces nos dejamos llevar, ingenuamente, por lo folklórico, lo fantasioso, y preferimos los símbolos de la paloma, las lenguas de fuego o el viento impetuoso que acaso nunca llegaremos a percibir, y dejamos de lado las verdaderas manifestaciones del Espíritu Santo que están prsentes siempre en la vida de cada uno.
Por tanto, lo primero que tenemos que preguntarnos es: ¿Creo en el Espíritu Santo, o mi fe se queda en la epidermis, o a veces tan sólo en el viento de una teoría que no alcanza ni siquiera a tocarme?
Cuando digo: “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”, ¿lo digo en serio? De veras, al ponerme de pie para afrontar mi día, ¿lo hago en el nombre de ese Dios creador que hizo cielo y tierra; de Jesucristo su Hijo, que vino a redimirnos de todo pecado y de todo mal y a darnos vida eterna y divina; en el nombre del Espíritu que está presente entre nosotros y quiere que le dejemos actuar en nuestro mundo y sobre todo en nuestra vida?
Tradicionalmente hemos comprendido que la acción del Espíritu Santo se manifiesta en los dones que nos otorga diariamente; pero aquí también tendríamos que considerar seriamente si tenemos la mente y el corazón abiertos para recibir sus gracias y sus regalos, que son los que van a dar calidad, grandeza y excelencia a nuestra vida.
Es el Espíritu Santo el que quiere vivir en nuestro corazón, y desde allí proyectarse a nuestro mundo tan sufrido y golpeado por tantas injusticias y problemas; por tanta inseguridad y conflicto. Es Él quien puede llevarnos de la mano para ser ejemplo concreto de lo que en Señor quiere seguir actuando en este mundo.
De poco o nada sirve que vayamos por allí, diciendo que somos cristianos, o sea: seguidores de Cristo, si ni siquiera conocemos su Evangelio, si no cumplimos su precepto de amor, si no damos fe al Espíritu Santo que nos dejó para que estuviera presente, nos guiara y nos explicara momento por momento lo que debemos decir y hacer.
De poco o nada sirve que lleguemos un día a las puertas del Reino definitivo, si en esta vida no anduvimos por sus caminos ni cumplimos con fidelidad la santa voluntad de Dios. Corremos el riesgo de escuchar aquella palabra terrible que el Señor dice a quienes lo ignoraron en vida: “no te conozco”.
Y bien puede haber razones para tal sentencia, porque creemos más a tal gurú, o a equis predicador de teorías novedosas y sensacionales, que dicen cosas acaso interesantes, pero totalmente incompatibles con el Evangelio de Cristo Jesús nuestro Señor.
Hoy es tiempo apropiado, hoy es día de rectificar si nuestros caminos andan por los caminos del Señor; si vamos por donde nos quiere guiar el Espíritu Santo; si cumplimos verdaderamente como lo que somos o lo que decimos ser…
En fin, hoy es buen día para decir: Ven Espíritu Santo, ilumina los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Porque sólo en el amor podemos encontrar la plenitud que Dios nos quiere dar y todos los dones que con su amor nos comunica.
María Belén Sánchez fsp
Pero la construcción de ese Reino, según el plan evangélico de Jesús, estaba todavía inconclusa, y tocaba a sus seguidores y a las nuevas generaciones en turno llevarlo acabo.
Por eso Jesús se compromete a estar siempre, en todo momento y a través de los siglos, presente y actuante entre ellos --y entre nosotros-- para dar continuidad a su obra.
Por eso promete la presencia y asistencia continua y perpetua del Espíritu Santo, para que en cada momento y circunstancia sea quien guíe e ilumine las mentes y los corazones de los seres humanos.
Pero nosotros , los seres humanos del este siglo tan lleno de progreso, todavía no entendemos de qué se trata, todavía buscamos en lo perecedero y material, lo que se mueve en ámbitos espirituales; y muchas veces nos dejamos llevar, ingenuamente, por lo folklórico, lo fantasioso, y preferimos los símbolos de la paloma, las lenguas de fuego o el viento impetuoso que acaso nunca llegaremos a percibir, y dejamos de lado las verdaderas manifestaciones del Espíritu Santo que están prsentes siempre en la vida de cada uno.
Por tanto, lo primero que tenemos que preguntarnos es: ¿Creo en el Espíritu Santo, o mi fe se queda en la epidermis, o a veces tan sólo en el viento de una teoría que no alcanza ni siquiera a tocarme?
Cuando digo: “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”, ¿lo digo en serio? De veras, al ponerme de pie para afrontar mi día, ¿lo hago en el nombre de ese Dios creador que hizo cielo y tierra; de Jesucristo su Hijo, que vino a redimirnos de todo pecado y de todo mal y a darnos vida eterna y divina; en el nombre del Espíritu que está presente entre nosotros y quiere que le dejemos actuar en nuestro mundo y sobre todo en nuestra vida?
Tradicionalmente hemos comprendido que la acción del Espíritu Santo se manifiesta en los dones que nos otorga diariamente; pero aquí también tendríamos que considerar seriamente si tenemos la mente y el corazón abiertos para recibir sus gracias y sus regalos, que son los que van a dar calidad, grandeza y excelencia a nuestra vida.
Es el Espíritu Santo el que quiere vivir en nuestro corazón, y desde allí proyectarse a nuestro mundo tan sufrido y golpeado por tantas injusticias y problemas; por tanta inseguridad y conflicto. Es Él quien puede llevarnos de la mano para ser ejemplo concreto de lo que en Señor quiere seguir actuando en este mundo.
De poco o nada sirve que vayamos por allí, diciendo que somos cristianos, o sea: seguidores de Cristo, si ni siquiera conocemos su Evangelio, si no cumplimos su precepto de amor, si no damos fe al Espíritu Santo que nos dejó para que estuviera presente, nos guiara y nos explicara momento por momento lo que debemos decir y hacer.
De poco o nada sirve que lleguemos un día a las puertas del Reino definitivo, si en esta vida no anduvimos por sus caminos ni cumplimos con fidelidad la santa voluntad de Dios. Corremos el riesgo de escuchar aquella palabra terrible que el Señor dice a quienes lo ignoraron en vida: “no te conozco”.
Y bien puede haber razones para tal sentencia, porque creemos más a tal gurú, o a equis predicador de teorías novedosas y sensacionales, que dicen cosas acaso interesantes, pero totalmente incompatibles con el Evangelio de Cristo Jesús nuestro Señor.
Hoy es tiempo apropiado, hoy es día de rectificar si nuestros caminos andan por los caminos del Señor; si vamos por donde nos quiere guiar el Espíritu Santo; si cumplimos verdaderamente como lo que somos o lo que decimos ser…
En fin, hoy es buen día para decir: Ven Espíritu Santo, ilumina los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Porque sólo en el amor podemos encontrar la plenitud que Dios nos quiere dar y todos los dones que con su amor nos comunica.
María Belén Sánchez fsp