Una vuelta en calandria
Uno de los transportes más tradicionales y emblemáticos de Guadalajara vive un instante de profunda transformación, ante las modificaciones que ha vivido recientemente la ciudad
GUADALAJARA, JALISCO (04/DIC/2016).- Las calandrias tienen un poder de atracción tan especial como particular. Para los tapatíos son una de las estampas más comunes en el primer cuadro, y de hecho es difícil imaginar el exterior del Museo Regional, templo de San Francisco o del Palacio del Gobierno sin la presencia de estos coloridos vehículos jalados por la fuerza de un caballo. Para los automovilistas, tener una enfrente es poner a prueba su paciencia y pericia ante el alegre, pausado y a veces oscilante andar del vehículo de madera. Pero para los turistas, subirse a uno de estos transportes es casi un acto de magia y una experiencia obligada a su paso por la Perla Tapatía.
El corazón de Guadalajara captura en sus calles y avenidas diversas épocas de la historia de México. En una misma cuadra tenemos edificios antiquísimos de herencia colonial y enorme riqueza arquitectónica, y a un lado, un local de tecnología adornado con luces neón y botargas bailarinas.
Poseemos locales y mercados que se han mantenido por décadas de la venta de artesanías y antojitos tradicionales, conviviendo codo a codo con almacenes de transnacionales y comida internacional. Y claro, tenemos la construcción de un tren subterráneo con tecnología del Siglo XXI en el misma zona donde hoy pasean las calandrias.
Momento clave
Pareciera que este transporte, alguna vez público y hoy turístico, ha estado presente desde siempre en nuestra ciudad, aunque lo cierto es que no se sabe a ciencia cierta cuál es el verdadero origen de este servicio. Existe una historia que es la que más se apega a lo real. Ésta señala que fue a principios del siglo XX cuando se introdujeron las calandrias en la Perla Tapatía y debido a la ocurrencia de un regidor de aquel tiempo -del cual se desconoce el nombre-, se mandaron a pintar de amarillo con las llantas negras; por la semejanza de colores nace su título, que alude al pájaro con ese mismo nombre: calandria.
Al subir a una calandria, el pasajero tiene por lo regular la opción de transitar por dos rutas. La recorre el primer cuadro y llega al Agua Azul, mientras que la segunda transita por la avenida Juárez y avanza para conocer el Ex Convento del Carmen, Plaza Revolución y la Universidad de Guadalajara, entre otros lugares. Las dos coinciden en atravesar los sitios más importantes del Centro, como el Teatro Degollado, Plaza Liberación, Plaza de Armas, por mencionar algunos. Con sus detractores por un lado y una acelerada urbanización por el otro, el paseo a calandria enfrenta el reto más grande de su centenaria vida.