Una vida dedicada al arte
Martha Chapa celebra su cumpleaños número 70, que coincide con el 50 aniversario de su carrera profesional
GUADALAJARA, JALISCO (20/NOV/2016).- Pintora, escultora y escritora, Martha Chapa ha centrado su visión artística en la manzana, alimento que ha pintado en diferentes contextos, tan amplios como la misma significación simbólica que tiene (la inocencia, su pérdida, la tentación, el alimento, desde lo bíblico hasta lo cotidiano). Platicamos vía telefónica con Martha, quien nos contestó desde su estudio en la Ciudad de México.
Sobre los comienzos de su carrera, comentó:
-En un principio no sabía que iba a pintar manzanas. Fue una herencia que mi padre me dejó. Fue algo muy hermoso, quería ser artista, tenía inquietud y amor a la naturaleza. Son manifestaciones del espíritu estimuladas. También tuve una tía pintora, cocinera. Mi padre fue amante de la literatura, fue un médico que dejó huella en su especialidad; me contagió su amor, su pasión, su compromiso social. Me di cuenta de que las manzanas eran una herencia paterna, me dejaba al lado de mi cama una bolsa llena de manzanas, allí en el buró de mis sueños. Él era un hombre que nos veía poco, tenía muchos compromisos en su carrera, le exigía mucho su profesión. En una de mis primeras exposiciones en Estados Unidos me di cuenta de que tenía este símbolo dentro de mí.
-¿Ha cambiado la connotación de la manzana de hace 50 años a hoy?
-Ha ido evolucionando, uno es lo que se va desarrollando, lo que camina, conoce, lee, come. Somos ese río del que hablaba Heráclito. Al principio eran manzanas inocentes, ingenuas, lozanas. No porque ahora no lo sean, ahora tienen mucha más consciencia. Me he ido comprometiendo cada vez más con la vida, no sólo con mis propias inquietudes, sino también muchas necesidades sociales de lo que acontece en el mundo, con todo lo que implica la manzana: la existencia, el amor, los árboles, los rostros, los seres humanos.
-Además de la pintura, también practica la escultura y la escritura, ¿cuál es el punto de convergencia en estas tres disciplinas?
-Un ser sensible, como lo somos casi todos (aunque a veces nos negamos esa posibilidad) tiene diferentes maneras de expresarse, diferentes formas de decir lo que nos pasa dentro. Hay situaciones, hay experiencias que yo las puedo decir mejor pintando, otras esculpiendo, otras escribiendo, otras hasta cocinando. He tenido esa fortuna de poder expresarme a través de diferentes medios. Los seres humanos tenemos esa posibilidad de irnos desentrañando, de ir expresando de distintas maneras. Pienso que he tenido esa fortuna, es un privilegio.
-También practica budismo, ¿vincula esos medios de expresión con su espiritualidad? ¿Cómo?
-Tiene mucho que ver: en un principio era una mujer joven, inquieta, con necesidades de saber qué quería en la vida, cómo resolverlo, cómo trabajar. Lo busqué por muchos caminos: la pintura, la gastronomía, la escritura me dieron muchísimo, una gran firmeza, me han cimentado. Sin embargo, sentía que me faltaba algo, tenía momentos de mucha tristeza, de gran desazón, de infelicidad. En momentos así pensaba qué hacer, y me busqué por todos lados hasta que di con esta filosofía un día que no olvidaré nunca: me ha permitido saber quién soy y más que nada quién quiero ser, cómo hacerlo. Me ha dado mucha paz, aprendí a necesitar menos cosas materiales, saber que se puede ser feliz, sin necesidad de tener vestidos de marca ni carros último modelo.
-Como artista, ¿cuál ha sido tu momento u obra más significativa?
-Espero y aspiro, no sé si de una manera muy ambiciosa, pero me gustaría que toda mi obra tuviera un significado. Siendo realistas, puedo decir que si yo con alguna pintura toco la fibra de algún ser humano, su corazón para transmitir alguna enseñanza, eso me haría sentir que ya justifiqué mi paso por esta vida. Para mí es fundamental: poder dar, compartir mis conocimientos adquiridos y mi experiencia. Mi recomendación para las mujeres es que se atrevan a tomar decisiones, aunque sean dolorosas, son fuertes. Hay etapas de la vida duras, pero son experiencias. No hay que tomarlo como fracasos.
-En su momento celebró la designación de Rafael Tovar y de Teresa al frente de la ahora Secretaría de Cultura, ¿cómo considera su gestión?
Es un hombre que tiene mucha experiencia, es un funcionario que ya ha transitado por estos caminos. En ese puesto necesariamente debe estar alguien con una gran experiencia, que le dé la posibilidad de hacer las cosas de manera correcta. Es un hombre talentoso, culto, inteligente. Sin embargo, siento que las circunstancias (no sólo de México, sino del mundo entero con la designación de Trump) son muy preocupantes para todos. Eso se ve reflejado en una disminución en el presupuesto. Se hacen menos cosas, menos proyectos. Allí es donde entra la imaginación para sacar el mayor provecho. Como decía mi padre: hay tres cosas importantes en la vida: imaginación, imaginación e imaginación. De la creación de la Secretaría de Cultura, yo espero que sea para bien. Hay quien está a favor que se haya creado, hay otros que piensan que les dan menos libertad, concebida como secretaría.
-¿Cómo resumiría su medio siglo de carrera y sus 70 años de vida?
-Con bendiciones y compromiso. Ahora tengo una gran exposición montada en el Gran Museo del Mundo Maya de Mérida es un privilegio, una bendición, un verdadero honor que al mismo tiempo me trae un gran compromiso, por ser tan grande. Yo me comprometo hasta el último día de mi vida a seguir trabajando, para no fallar a los que han creído en mí.
También en la cocina
La gastronomía, además de cumplir con alimentarnos, es también un arte que no debe tomarse a la ligera: “Es importante, es muy necesario: probar, estar conociendo, ir a un restaurante donde tienen un platillo especial, leer, saber las tendencias de la gastronomía, qué pasa con los cocineros, qué se fragua en esos calderos en donde hay tanto amor y tanta devoción, tantos conocimientos. Cocinar no es solamente un acto de voluntad, tiene que haber mucho estudio en la cocina, desde saber qué ingredientes se mezclan, cuáles no, cuáles chocan”.
EL INFORMADOR / JORGE PÉREZ